19 de junio de 1867. Fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo, Miguel Miramón y Tomás Mejía.[1]

El fusilamiento

[2]

Tras el dramático y desesperado intento de muchas personas de salvar al depuesto emperador y a sus generales más cercanos del paredón, el 13 de junio de 1867, “[…] el fiscal (Manuel) Aspiroz se presentó en el convento a notificar a Maximiliano que estaba sentenciado a muerte.”[3]

Los distintos aliados de los condenados pasaron los siguientes días intentando impedir que se concretara.[4] El indulto se buscó por todos los medios, pero no se logró. Aparentemente Maximiliano ya había aceptado su destino, por lo que se decidió a arreglar sus asuntos personales[5], aunado a que la condena pasó del 16 de junio al 19 del mismo mes como fecha última, a instancia de los defensores de los prisioneros.

El día de la ejecución, el otrora heredero de la corona austriaca se preparó con cierta calma para su cita con su fatídico destino:

[…]Maximiliano se levanta en la madrugada y su criado Tüdos le ayuda por última vez a vestirse. Usa una camisa blanca, chaleco, pantalón oscuro y una levita larga. Después de confesarse con el canónigo Manuel Soria y Breña, pasa a escuchar misa a la capilla del convento con los otros prisioneros.[6]

El evento se llevó sin grandes sobresaltos, pero sí con sus peculiaridades que es menester mencionar. Maximiliano no ocupó el centro para ser fusilado. Ese lugar se lo cedió a Miguel Miramón, el joven Macabeo[7], “[…] por su valentía y honorabilidad, colocándose él a su izquierda y Mejía a su derecha.”[8] Éste  negó ante el pelotón las acusaciones que se le hacían de traidor, enunciando las siguientes palabras:

“[…] Mexicanos, protesto contra la mancha de traidor que se ha arrojado para cubrir mi sacrificio. Muero inocente de este crimen y perdono a sus autores, esperando que Dios me perdone y que mis compatriotas aparten tan fea mancha de mis hijos haciéndome justicia”[9]

Por último, la sentencia se ejecutó, con un Tomás Mejía impasible mirando directamente a los ojos al pelotón[10], pero firme ante la adversidad, junto con sus compañeros ante la inevitable muerte.

El capitán Montemayor mantiene su espada en alto. De golpe la deja caer y al rasgar el aire se oye el grito “¡Fuego!”. Una descarga cerrada, uniforme, estruendosa, cruza el espacio por encima de las tropas republicanas y los reos caen al suelo. El capitán aún distingue signos de vida en Maximiliano y le ordena al sargento Aureliano Blanquet cargar nuevamente su rifle… Le dispara directo al corazón.[11]

Curiosamente Aureliano Blanquet sería muy importante en el futuro, pues fue el militar que arrestó a Francisco I. Madero en la Decena Trágica y se volvió Secretario de Guerra y Marina bajo el mandato de Victoriano Huerta. [12]


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Extraído de: https://bit.ly/2JwlzYL

[3] Blasio, José Luis. La celda de Maximiliano. Mayo y junio de 1867. En Relatos e Historias en México. 75 (2014) p. 75

[4] Tejeda Vallejo, Isaí Hideka. “El fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo” en Juárez, Benito. Manifiesto justificativo de los castigos nacionales en Querétaro. México: H. Cámara de Diputados, LXI Legislatura/Editores 4 A. 2010. Pp. 22-24

[5] Frías y Soto, Hilarión. “Rectificación a la obra del Conde E. de Kératry.” En: Del Llano Ibáñez, Ramón. Miradas sobre los últimos días de Maximiliano de Habsburgo en la afamada y levítica ciudad de Querétaro durante el sitio a las fuerzas del Imperio en el año de 1867. México: Universidad Autónoma del Estado de Querétaro /Miguel Ángel Porrúa Editores. 2009. Pp. 56-57

[6] Valtier, Ahmed. “19 de junio de 1867: fusilamiento de Maximiliano, Mejía y Miramón. El fin del sueño imperial.” En Relatos e Historias en México. [Consultado el 11 de junio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2JwlzYL ]

[7] Serna, Enrique. La reforma frustrada. La dictadura macabea. En Letras Libres. [Consultado el 12 de junio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2sRywlo ] El apodo venía por la siguiente razón: […]Miramón conocía el arte de la guerra mejor que los improvisados generales del enemigo y aplastó en una rápida campaña a las diezmadas milicias de Santos Degollado. Su hazaña le valió el mote de “joven macabeo”, por haber emulado, según sus turiferarios, la conducta del héroe bíblico Judas Macabeo, que se rebeló contra el imperio seléucida cuando quiso impedir al pueblo judío la adoración de su dios.

[8] General Amado Aguirre. “Episodio histórico entre los generales Don Mariano Escobedo y Don Tomás Mejía.” En Del Llano, Óp. Cit., p. 191.

[9] Tejeda, Óp. Cit., p. 25.

[10] Hernández, Bertha. En el cerro de las campanas: Tomás Mejía. En Crónica. [Consultado el 12 de junio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2LLnvce ]

[11] Valtier, Óp. Cit.

[12] Ávila, Sonia. La Decena Trágica: Madero pierde su casa. En Excélsior. [Consultado el 12 de junio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2LJi6T3 ]