7 de agosto de 1900. Se publica el primer número del periódico Regeneración.[1]

Fuente: https://bit.ly/2OT2cYC

 Hace 118 años se publicó por primera vez un periódico intitulado Regeneración, que buscó ser una fuente veraz de información, frente a una prensa sometida y consecuente con el régimen en turno y que no era para nada crítica hacia la realidad del país en su momento.  Dicho esto, la obra iniciada por los hermanos Jesús y Ricardo Flores Magón, así como el Licenciado Antonio Horcasitas,[2] resultó en un bastión para el ideario político de los magonistas, que se auto proclamarían liberales en un principio[3] y que fundarían su propia organización política; el Partido Liberal Mexicano[4], el cual tuvo su propio ideario y desarrollo.

Su publicación fue intermitente hasta 1918, con un total de 318 números y se dividió en cinco etapas: “[…] la primera comprendió de 1900 a 1901 y tuvo 57 números; la segunda de 1904 a 1905, con 49 números; la tercera, sólo 13 números en 1906, y, finalmente, la cuarta estuvo constituida por 262 números, en el periodo de 1910 a 1918.”[5]

Las publicaciones periódicas transitaron de un liberalismo a un anarquismo militante[6] que influyó fuertemente en las huelgas obreras de Cananea[7] y Río Blanco[8] en 1906 y 1907, respectivamente; las publicaciones contribuyeron al establecimiento de clubes liberales en dichos lugares, desde los cuales se propagaron ideas en favor de mejores condiciones laborales para los trabajadores, como el establecimiento de una jornada máxima de 8 horas.

Hay que señalar que la Constitución de 1857 ya establecía la libertad de expresión como derecho de todos los mexicanos. Citando dicho documento:

Artículo 4°. Todo hombre es libre para abrazar la profesión, industria o trabajo que le acomode, siendo útil y honesto y para aprovecharse de sus productos. Ni uno ni otro se le podrá impedir sino por sentencia judicial, cuanto ataque los derechos de tercer, o por resolución gubernativa, dictada en los términos que marque la ley, cuando ofenda a la sociedad.

Art. 6°. La manifestación de las ideas no puede ser objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque la moral, los derechos de tercero, provoque algún crimen o delito, o perturbe el orden público.

Art. 7°. Es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia. Ninguna ley ni autoridad puede establecerse la previa censura, ni exigir fianzas a los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta, que no tiene más límites que el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública. Los delitos que se cometan por medio de la imprenta serán juzgados por los tribunales competentes de la Federación o por los de los Estados, los del Distrito Federal y Territorio de la Baja California, conforme a la legislación penal.[9]

La publicación del periódico Regeneración no contravenía las disposiciones constitucionales, por el contrario, sus precursores fueron fervientes defensores de la libertad de expresión, lo que se aprecia en la primera plana del texto-que los lectores pueden apreciar al inicio de este escrito-; empero, justamente uno de los tantos puntos criticables del Porfiriato fue la poca libertad de expresión que hubo y la incapacidad del régimen de recibir una crítica de parte de agentes externos a su círculo de control.

Los hermanos Flores Magón propugnaron por la plena vigencia de los postulados de la Carta Magna de 1857 al tratar de ejercer la libertad de prensa y formar el Partido Liberal Mexicano, con base en el artículo 9° del mismo texto constitucional, en donde se contempla la libertad de asociación.

Finalmente, su legado histórico trascendió por haber mantenido una posición contestataria frente a la cerrazón del régimen porfirista y por haber exhibido la grave desigualdad que aquejó a la mayoría de la población en la época.


[1]Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Regeneración. 7 de agosto de 1900, surge el primer periódico Regeneración. [Consultado el 7 de agosto de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2OhnONy ]

[3] Manuel Santana y Francisco Madero. “Regeneración en los orígenes de la Revolución.” En Imagen Radio. [Consultado el 7 de agosto de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2OSg7hO ]

[4] Programa del Partido Liberal Mexicano. [Consultado el 7 de agosto de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2p0uHct ]

[5] Santana y Madero, Óp. Cit.

[6] Universia. Se cumplen 113 años de la primera vez que el periódico Regeneración vio la luz [Consultado el 7 de agosto de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2MaFb53

[7] Joaquín Montano. “Huelga de Cananea: Antecedentes, Causas y Consecuencias.” En Lifeder. [Consultado el 7 de agosto de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2OSkJof

[8] ­­­­­­­­­­­______________. “Huelga de Río Blanco: Antecedentes, Causas y Consecuencias.” En Lifeder. [Consultado el 7 de agosto de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2ANkSq3 ]

[9] Constitución de 1857. Con sus reformas y adiciones hasta el año de 1901. [Consultado el 7 de agosto de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2bxWjvd

1 de agosto 1526. Hernán Cortés es depuesto como gobernante de la Nueva España, recibe el poder Marcos de Aguilar.[1]

[2]

Hernán Cortés, el conquistador del otrora gran dominio mexica, fue durante un breve tiempo gobernador de la Nueva España en los albores del proceso virreinal que se concretó hasta 1535 y que sentó las bases jurídico-sociales para la organización del territorio.

Empero, Cortés se enfrentó a graves problemas para intentar organizar un gobierno eficaz, a la vez que seguía el proceso de Conquista de América en varios puntos, con él a la cabeza yendo hacia lo que hoy conocemos como Centro América y otros puntos del continente.

 Fue a partir de 1526 que empezó a tener severas dificultades y conspiraciones, siendo una de ellas el haber abusado de Tecuichpo, viuda de Cuauhtémoc e hija de Moctezuma[3], así como el recibimiento de enviados del rey, destacando Luis Ponce de León, juez español y que vendría con el cargo de gobernador de la Nueva España. Lamentablemente, “poco tiempo duró el gobierno del licenciado Ponce, porque habiendo presentado las provisiones de su encargo el 4 de julio de 1526 falleció el 20 del mismo mes.”[4] Además, hay que mencionar que se había iniciado un juicio contra el conquistador y que se suspendió brevemente por la muerte del juez, siendo sustituido por Marcos de Aguilar, quien siguió el proceso y que terminó deponiendo de su puesto a Cortés.

De acuerdo a la historiografía que tenemos disponible, se siguió conservando cierto tiempo el statu quo, pero esto se volvió insostenible debido a que había sospechas sobre Don Hernán Cortés de haber envenenado a Ponce, no obstante, nunca comprobarse esta aseveración. Lo que sí tenemos certeza, es que a efectos prácticos, chocaron ambas partes al dar repartimientos y encomiendas el aún gobernador a sus amigos y Marcos de Aguilar negándolas[5]

Cortés mencionó esta situación en sus famosísimas Cartas de Relación[6], donde expresó los problemas a los que se estaba enfrentando en la administración de Nueva España y los conflictos palaciegos que había entre los funcionarios y él, no llegando a un acuerdo y terminando en el exilio posteriormente y sin cumplir su meta de ser el gobernante del reino de Castilla en ultramar.


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Extraído de: https://bit.ly/2vvsmYX

[3] Juan Miralles. Biografía. Hernán Cortés. Inventor de México. 3° edición. México: Tusquets. 2002. P. 439. 693 p.

[4] Vicente Riva Palacio. México a través de los siglos. Tomo Segundo. El Virreinato. México: Cumbre. 1973. P. 144. 930 p.

[5] Ibídem, p. 145

[6] Menciona el conquistador lo siguiente:

Sacra Católica cesárea majestad. Por otra mía que va con la presente hice saber a vuestra majestad cómo después de la muerte de Luis Ponce la justicia y regimiento de esta ciudad y los procurados de las otras villas de esta Nueva España me habían requerido afectuosamente que tornase a recibir en mí el encargo de gobernador; […] y porque el dicho Luis Ponce había dado su poder al licenciado Marcos de Aguilar, y principalmente porque vuestra majestad conociese mi obediencia y fidelidad, no quise aceptar lo que toda la tierra me requería, sino que el dicho Marcos de Aguilar quedase por justicia de vuestra majestad; y porque el dicho Luis Ponce no me había suspendido el cargo de capitán general, ni la administración ni encomienda de los indios, determinó que yo quedase con aquellos cargos hasta que vuestra majestad mandase proveer otra cosa.

Hernán Cortés. “Carta de Hernán Cortés al emperador Carlos V. Tenuxtitan. 11 de septiembre de 1526.” En Cartas de Relación. 20° edición. México: Porrúa. 2004 P. 369. 399 p. Sepan Cuántos.

29 de julio de 1983. Muere el director español de cine nacionalizado mexicano Luis Buñuel.[1]

[2]

Polémico, visionario, incomprendido, trotamundos; un artista del celuloide, Luis Buñuel fue todo eso y más. Como tal, merece recordarse su vida y desarrollo profesional, pues fue pieza fundamental para la historia cultural de nuestro país y del mundo.

Nació el 22 de febrero de 1900 en Teruel, España, durante los tumultuosos años posteriores a 1898[3], siendo esa generación icónica y definitoria de la vida cultural de España a inicios del Siglo XX. Se graduó en Zaragoza de bachiller en 1917 y se estableció en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde conoció a Federico García Lorca y a Salvador Dalí; este último, fue vital en sus inicios dentro de la industria fílmica.[4]

Se trasladó a París en 1924 al terminar sus estudios de Filosofía y Letras. En esta ciudad se empapó de la corriente artística conocida como surrealismo[5], siendo, en principio, asistente de Jean Epstein[6], para posteriormente hacer su primer cortometraje intitulado El perro Andaluz, a partir de un guion de su amigo Dalí.[7]

A partir de ahí, su carrera dio muchas vueltas, regresando a España en 1931 e iniciando su aproximación a la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios, de corte comunista. Durante la Guerra Civil Española, se encargó de misiones de propaganda en pro de la República.[8] A pesar de haber ganado reconocimiento por la calidad de su obra y por la congruencia con sus ideas, el autor no tuvo un desarrollo sin contratiempos. “Fue censurado, perseguido y atacado. Y no sólo en la Europa en llamas de los años treinta y cuarenta”.[9]

Tras el fin de la Guerra Civil Española y la derrota total de la República, Buñuel se exilió con dirección a Estados Unidos, recayendo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, como productor asociado en el Área Documental. Debido a un incidente, aparentemente relacionado con “[…]su abierto ateísmo y sus ideas de izquierdas”,[10] fue obligado a renunciar en 1942 a su puesto y le fue negada la ciudadanía estadounidense, a pesar de sus constantes solicitudes para ello. Su traslado a México se concretó en 1946, donde hizo algunas películas menores, antes de consagrarse con Los Olvidados en 1950.

La cinta mencionada fue un duro golpe para el régimen mexicano, pues “[…] puso a una sociedad ensimismada frente al espejo de sus miserias.”[11] Con esta película, obtuvo el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes de 1951, logrando un reconocimiento internacional que no perdió desde ese momento y hasta nuestros días.[12] Sigue siendo una de las obras cumbres del cine tanto mexicano como mundial, pues sus escenas llenas de crudeza y su reflejo de una sociedad ajena a la del muy mencionado Milagro Mexicano[13], mostraron una cara que pocos querían ver, alejada además de los estereotipos del cine de oro nacional.[14]

Buñuel continuó filmando tanto en México, como Francia y España, como un director consagrado y logrando distintos reconocimientos a lo largo de su carrera, que se extendió hasta su muerte el 29 de julio de 1983 en la Ciudad de México.

Tras todo esto, cabe preguntarnos si merece una distinción más grande por su contribución al cine mexicano. Lo imperioso es recordar a este cineasta por haber producido una obra variada, que además muestra una realidad que preferimos ignorar. Asimismo, su original propuesta, nos conduce a reflexionar y cuestionar nuestro presente, pues a pesar de ser añeja, su mensaje sigue resonando.

“Si fuéramos capaces de volver nuestro destino al azar y aceptar sin desmayo el misterio de nuestra vida, podría hallarse próxima una cierta dicha, bastante semejante a la inocencia” Luis Buñuel


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Luis Buñuel (1900-1983). Internet Movie Data Base. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://imdb.to/2JNKdiV ]

[3] Generación cultural y política de España que cuestionó la organización de su país al perder los últimos resabios del Imperio ultramarítimo español. Se puede resumir de la siguiente manera: Reconstruyamos el pensamiento de la generación del 98 acerca de la historia de España mediante un sencillo esquema biográfico. Descubren estos jóvenes la vida española que rodea a su mocedad y la hallan profundamente insatisfactoria. Una parte de esa vida está constituida por los esfuerzos de quienes intentan convertir a España en un país liberal y democrático; dan cuerpo a la parte restante los que se dicen fieles al pasado de España, y en nombre de este pasado resisten a las tentativas de los innovadores. Además de conocer y juzgar la vida histórica circunstante, esos jóvenes han aprendido en los libros un relato de la historia de España. ¿Qué relación establece su mente entre la amargura de su experiencia personal y esa imagen libresca del pasado de España? Pedro Lanín Entralgo. “La generación del 98 y el problema de España.” En Cervantes Virtual. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2mBoxNu ]

[4]“Luis Buñuel.” España es Cultura. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en:  https://bit.ly/2LLKche ]

[5] Surrealismo. Término acuñado por André Bréton, para definir a una corriente artística que cuestiona la realidad. En palabras de Breton en su manifiesto de 1924, el Surrealismo es un puro automatismo psíquico por el cual se intenta expresar, verbalmente o de cualquier otra manera, el funcionamiento real del pensamiento en ausencia de cualquier control ejercido por la razón al margen de toda preocupación estética o moral. El Surrealismo propone una teoría de lo inconsciente y de lo irracional como medio para cambiar la vida, la sociedad, el arte y el hombre por medio de la revolución. No es un movimiento con unidad de estilo, sino una serie de investigaciones de artistas individuales, cada uno con un estilo propio. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2dpu9nC ]

[6] Jean Epstein. En Senses of Cinema. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/1kLf1hQ ]

[7] “Luis Buñuel” … Óp. Cit.

[8] Maestros del Cine. Luis Buñuel. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2Nyo6io ]

[9] Jan Martínez Ahrens. Luis Buñuel. El hombre que nunca dejó de reírse de Dios. En El País. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2OcvH7t ]

[10] Ibídem

[11] Ibídem

[12] “Luis Buñuel” … Óp. Cit.

[13] Misael Mora. “Milagro Mexicano. Historia y crecimiento económico.” En Rankia. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2p6PGqL ]

[14] Lucero Calderón. “Los olvidados. 65 años de un clásico.” En Excélsior. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2uLH2mS ]

22 de julio de 1968. Inicio del movimiento estudiantil en la Ciudad de México, que buscaba ampliar las libertades democráticas y el cese a la represión gubernamental.[1]


[2]

El año de 1968 es un parteaguas en la Historia del México Contemporáneo. La razón de esto fue la represión del movimiento estudiantil de ese año, el cual inició por un conflicto entre estudiantes y creció hasta convertirse en un reclamo de mayores libertades civiles, que tuvo entre sus demandas la derogación del artículo 145 del Código Penal Federal[3].

Éste tipificaba como delito, entre otras cosas, cualquier acto que perturbara el orden público, de acuerdo al criterio de las autoridades. El origen de este artículo fue la propagación del fascismo de los “camisas doradas”, así como de la Unión Nacional Sinarquista en el contexto bélico de la Segunda Guerra Mundial y el posterior involucramiento de México en el conflicto. El presidente Miguel Alemán reformó los artículos citados en 1951, quedando el texto de la siguiente forma:


Artículo 145 Se aplicarán prisión de dos a doce años y multa de mil a diez mil pesos, al extranjero o nacional mexicano que, en forma hablada o escrita, o por cualquier otro medio, realice propaganda política entre extranjeros o entre nacionales mexicanos, difundiendo ideas, programas o normas de acción de cualquier gobierno extranjero que perturben el orden público o afecten la soberanía del Estado mexicano. Se perturba el orden público cuando los actos determinados en el párrafo anterior, tiendan a producir rebelión, sedición, asonada o motín. Se afecta la soberanía nacional cuando dichos actos puedan poner en peligro la integridad territorial de la República, obstaculicen el funcionamiento de sus instituciones legítimas o propaguen el desacato de parte de los nacionales mexicanos a sus deberes cívicos […][4]

Esto era una justificación legal para que el Estado reprimiera cualquier acción que considerara disidente[5], en aparente oposición al artículo 9 Constitucional que refiere lo siguiente: “No se podrá coartar el derecho de asociarse o reunirse pacíficamente con cualquier objeto lícito; pero solamente los ciudadanos de la República podrán hacerlo para tomar parte en los asuntos políticos del país.” [6] Paralelamente, dicho dispositivo contrariaba los artículos 19 y 20 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que expresan:

Artículo 19

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Artículo 20

Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y asociación pacíficas [7]

Durante el sexenio del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) se experimentó un crecimiento económico en el contexto del llamado “milagro mexicano”[8], no obstante, el sistema ya daba algunas señales de agotamiento; el grupo de jóvenes que participaron en el movimiento estudiantil, eran partícipes de ese auge monetario. La bonanza abrió la posibilidad para las clases menos favorecidas de enviar a sus hijos a las universidades y buscar un futuro mejor.[9]

En la década de 1960 se suscitaron distintos movimientos sociales y laborales enfocados a cuestionar al sistema, tales como el de los médicos o el magisterial, así como el de los estudiantes de la Universidad de Morelia en 1966 y una huelga en la UNAM en el mismo año.[10] Estos movimientos sentaron un precedente para el movimiento estudiantil de 1968 y su abrupto fin. Eric Hobsbawm menciona que:

Si hubo algún momento […] que correspondiese al estallido mundial simultáneo con que habían soñado los revolucionarios desde 1917, fue en 1968, cuando los estudiantes se rebelaron desde los Estados Unidos en México y Occidente, a Polonia, Checoslovaquia y Yugoslavia en el bloque socialista , estimulados en gran medida por la extraordinaria erupción de mayo de 1968 en París […][11]

Cabe señalar que los estudiantes no realizaron  una revolución socialista como tal porque no podían hacerla solos[12] y, porque a pesar de que “[…] 1968 despertó una enorme atracción intelectual hacia la teoría marxista […] y hacia una gran variedad de sectas y grupos <marxistas-leninistas>”[13],  esto realmente no compete al movimiento mexicano debido a que no hubo en las demandas ni en la organización la intención de implementarlas.

En nuestro país, el movimiento estudiantil empezó a partir de los días 22 y 23 de julio de 1968 con la represión en la Ciudadela de la Ciudad de México de los jóvenes estudiantes de la Vocacional 5 y de otras instituciones a manos de la fuerza de granaderos de la policía[14] y, a partir de ahí “ […] el movimiento se levantó hasta convertirse en una ola alta y poderosa que los mexicanos miraban expectantes […] El 2 de octubre la ola reventó, revolcó a muchos y la resaca se llevó a demasiados jóvenes”.[15]

Es por esto que, al conmemorarse el 50 aniversario del inicio del ya mencionado movimiento estudiantil, es necesario hacer una reinterpretación de los sucesos, pues, aunque muchos de los testigos y personas que vivieron el momento no han perecido, su legado debe ser preservado para seguir siendo estudiado y analizado, ya que la “[…] coetaneidad ha de recoger las experiencias tanto del que tiene 80 años como del que tiene 17 años, cuestión no exenta de dificultad, pero que implica una idea de presente elástica, que se reelabora, pero en un presente que […] requiere de memoria.”[16]


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Extraído de: https://bit.ly/2L87Isl

[3] Fernández, Óscar. El delito de Disolución Social y su uso contra el movimiento de masas. Viernes 29 de julio de 2016. [Consultado el 4 de julio 2017. Disponible en http://bit.ly/2tmlRWD ]

[4] Diario Oficial de la Federación. 15 de enero de 1951. Capítulo III. Artículo 145. [Consultado el 18 de julio de 2018. Disponible en: http://bit.ly/2tQ5oxn ] Se hacía referencia también al artículo 145 bis, pero no se encuentra una referencia precisa.

[5] Allier Montaño, Eugenia. “De conjura a lucha por la democracia: una historización de las memorias políticas del 68 mexicano” en Allier Montaño, Eugenia y Crenzel, Emilio (coordinadores) Las luchas por la memoria en América Latina. La Historia reciente y violencia política. México: UNAM/ Bonilla Artigas Editores. 368 p., p. 191

[6] Cordero Pinto, Guadalupe. (Coordinadora). Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. 2016. Centro de Estudios de Derecho e Investigaciones Parlamentarias (CEDIP)/ Cámara de Diputados. LXIII Legislatura. P. 48. De igual manera, el artículo 145-145 bis es de aparente oposición al artículo 19 de los Derechos Humanos, firmados en 1948, que expresa que toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y expresión. [Consultado el 14 de julio de 2017. Disponible en: http://bit.ly/2vl7PUY ]

[7] Declaración Universal de los Derechos Humanos. [Consultado el 16 de julio de 2018. Disponible en http://bit.ly/23c5los  ] Lista de países que firmaron la Declaración de la Naciones Unidas. [Consultado el 16 de julio de 2087. Disponible en: http://bit.ly/2v2uMM2 ]

[8] Loaeza, Soledad. “Modernización autoritaria a la sombra de la superpotencia, 1944-1968” en Velásquez García, Érik, et. Al. Nueva Historia General de México. México. El Colegio de México. México: El Colegio de México. P. 65, 3818 p.

[9] Allier, Óp. Cit., pp. 186-187

[10] Loaeza, Óp. Cit., pp. 686-690

[11] Hobsbawm, Óp. Cit., pp. 300-301

[12] Hobsbawm, Loc. Cit.

[13] Ibídem, p. 82.  Por otra parte, Luis González de Alba menciona esto en el documental Krauze, Enrique. México Siglo XX. Los Sexenios Gustavo Díaz Ordaz y el 68. Televisa. 1999. en los minutos 20:25 a 21:44. [Consultado el 14 de julio de 2018. Disponible en: http://bit.ly/2tSaAQp ]

[14] Aguayo, Óp. Cit., pp. 21-22

[15] Poniatowska, Elena, “Prólogo” en La noche de Tlatelolco. México: Bolsillo Era. 2014. 366 p. Pp. 29-30.

[16]Soto Gamboa, Ángel. “Historia del Presente. Estado de la cuestión y conceptualización.” En Historia Actual Online, Núm. 3. Santiago de Chile. (invierno, 2004), pp. 106-107. P.  101-116 p. El texto define la historia del presente de la siguiente Manera: Por Historia del presente, del tiempo presente, coetánea, reciente, próxima o actual, conceptos todos ellos válidos, entendemos la posibilidad de análisis histórico de la realidad social vigente, que comporta una relación de coetaneidad entre la historia vivida y la escritura de esa misma historia, entre los actores y testigos de la historia y los propios historiadores. El presente es el eje central de su análisis, al que no retiene aislado de la sucesión temporal o del espesor de los tiempos. Si dejamos de lado esa definición que el  presente no es más que una fina línea de apenas un milisegundo entre el pasado y el futuro, en el concepto a que nos referimos aquí, lo entendemos como expresión de la relación compleja de la temporalidad, en la que se pueden superar los estrechos límites del tiempo corto y prolongar su análisis en la larga duración, aunque es un presente de quien nos habla, del enunciador, pues esta historia trata de los que están vivos, por tanto esto le permite una movilidad, ya que recoge la realidad, constituyéndose en una historia con un fuerte elemento experiencial y con contenido generacional.

11 de julio de 1863. La Asamblea de Notables del grupo conservador vota a favor de establecer una monarquía en México.[1]

Maxi and friends-

[2]

La historia de la intervención francesa en México, que acaeció de 1862 a 1867, incluyó algunos intentos notables de legitimación; uno de ellos, fue la conformación de la Asamblea de Notables. Este cuerpo se erigió como una regencia que estaría a cargo del Poder Ejecutivo y sería ajeno a la organización republicana que estaba legalmente constituida.[3] Hay que mencionar que el gobierno conservador se empezó a constituir en el momento mismo en que entró el comandante Forey de las fuerzas francesas a la Ciudad de México, el 10 de junio de 1862.[4]

La Asamblea de Notables, de 235 personas, votó por la monarquía moderada, hereditaria, con un príncipe católico y la ofreció a Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria. Mientras, gobernaría la regencia formada por tres notables: el recién nombrado arzobispo de México, Antonio Pelagio Labastida y Dávalos, quien se encontraba en Roma y cuyo lugar ocupó el obispo de Tulancingo, Juan Bautista Omachea, y los generales Juan Nepomuceno Almonte y Mariano Salas.[5]

Este intento de organización política venía ideado por los conservadores de tiempo atrás, respaldados por las ideas imperiales de Napoleón III, entonces soberano de Francia y por un ambicioso plan respecto a México. Dicha información, se ve corroborada en una carta que se dirigió al general Forey el 3 de julio de 1862, donde expone lo siguiente:

He aquí la línea de conducta que debéis seguir: primero, dar a vuestra llegada una proclama cuyas principales ideas se os indicarán; segundo, acoger con la más grande benevolencia a todos los mexicanos que se os presenten; tercero, no prohijar las querellas de partido alguno, declarar que todo es provisional hasta que se pronuncie la nación mexicana […] Cuando lleguemos a México, será bueno que las personas notables de todos los matices que hayan abrazado nuestra causa, se entiendan con V. para organizar un gobierno provisional. Este gobierno someterá al pueblo mexicano la cuestión del sistema político que deberá establecerse definitivamente; en seguida se convocará una asamblea según las leyes mexicanas […] México nos procurará las materias indispensables a nuestra industria. México, regenerado así, nos será siempre favorable, no solamente por agradecimiento sino porque sus intereses estarán de acuerdo con los nuestros […][6]

El general Forey hizo lo que se le indicó al año siguiente, al entrar a la Ciudad de México, donde cabe resaltar una suerte de visión civilizadora en sus acciones.

Mexicanos: ¿Será necesario que os diga aún, con qué objeto el emperador ha enviado a México una parte de su ejército? Las proclamas que os he dirigido, a pesar de la política recelosa del gobierno caído, os son conocidas segundamente, y sabéis que nuestro magnánimo soberano, conmovido de vuestra triste situación, no ha querido haciendo atravesar los mares a sus soldados, sino mostraros que el noble pabellón de la Francia es el símbolo de la civilización […]

Después de la rendición de Pueblo, íbamos a marchar sobre la capital […] Pero Dios no ha permitido una nueva efusión de sangre, y el gobierno que sabía demasiado bien no podía contar con el pueblo de esta capital, no ha osado esperarnos detrás de sus murallas: ha huido vergonzosamente […] Si tenía aún alguna duda de la reprobación general de que era objeto, el día 10 de junio de 1863 […] debe quitarle ya todas las ilusiones, y hacerle comprender su importancia para conservar los restos de un poder del que ha hecho un uso tan deplorable. [7]

La Junta de Notables se reunió en la Ciudad de México, donde hubo incluso liberales moderados, quienes veían como algo fútil la resistencia ante las fuerzas armadas francesas.[8] Esta organización, llevó a cabo una elección para instalar en México una monarquía, donde además se le ofreció formalmente la corona a Maximiliano de Habsburgo. La Junta, publicó un documento que vale la pena citar para dilucidar la intencionalidad de sus autores:



Documento

[9]

Con ello, la facción conservadora buscó darle legitimidad a su propósito de establecer una monarquía en nuestro país. Más allá de su anacronismo o su inviabilidad, esto supuso en su momento una afrenta a la soberanía nacional, por la imposición de un régimen que no era apoyado por la mayoría y que violaba lo establecido desde la primera Carta Magna mexicana de 1824, pasando por la Constitución de 1857, donde se establece la república como forma de organización política. La lucha, se alargaría 4 años más hasta el triunfo definitivo del bando republicano.


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Extraído de:  https://bit.ly/2z83mfg

[3] Juan Brom y Dolores Duval. Esbozo de Historia de México. México. Grijalbo. 2014. P. 240. 472 p. 4° edición.

[4] Vicente Riva Palacio, et. Al. “La Reforma. La intervención y el Imperio.” En: México a través de los Siglos. V. III. Barcelona, Océano. 1999. P. 754. 815 p.

[5] Andrés Lira, Anne Staples. “Del desastre a la reconstrucción republicana, 1848-1876.” En Érick Velásquez, et. Al.  Nueva Historia General de México. México: El Colegio de México. 2010. P. 469. 818 p.

[6] “Napoleón expone sus ideas políticas respecto a México en carta a Forey (3 de julio de 1862).” En: Antología de Textos. La Reforma y el Segundo Imperio.  Introducción y Selección de Textos Silvestre Villegas Revueltas. México: UNAM/Coordinación de Humanidades/ Instituto de Investigaciones Históricas. 2010. Pp. 269-271.

[7] Manifiesto de Forey a la nación mexicana (12 de junio de 1862). En Ibídem. Pp. 273-275.

[8] Brom, Duval, Óp. Cit., p. 239.

[91] Asamblea de Notables. 10 de julio de 1863. En México en el Siglo XX. Antología de fuentes e interpretaciones históricas. Introducción, selección y notas Álvaro Matute. México: UNAM/Coordinación de Humanidades. 2013. Pp. 305-306. 573 p.