Fascismo

O cómo no todo lo que no te agrada es fascista o «facha»

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¿Cuántas veces no has escuchado, leído, visto o hasta olido que una persona le diga a otra fascista, facha, facho pobre, fascistoide, etc.? Este término se ha vuelto de un uso tan cotidiano que ya se ha convertido en sinónimo de algo «malo» o que solo sirve para escupirle a alguien un peyorativo y buscar desarmar su argumentación.

Pero…¿qué significa ser FASCISTA? -hasta la palabra nos debería asustar según unas personas- Pues es hora de que definamos este movimiento y expliquemos en qué consistió, en qué no y qué puede caracterizar a un ser humano que sea de este tipo de pensamiento.


Italia. Cuna del Fascismo

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Bandera del reino de Italia

La bella Italia. Lugar de paisajes hermosos, comida deliciosa y de la mejor selección de fútbol. Y también la región donde se originó el fascismo. Hay que recordar que Italia se volvió un solo país hasta 1870 -y el control total del territorio lo obtuvo hasta 1929- y que su proceso de industrialización fue dispar, pues mientras el norte del país tuvo un crecimiento notable, no pudo trasladarse al sur, donde los campesinos empobrecidos fueron una constante fuga de población a otras partes del mundo, especialmente a EUA. Además, llegó tarde a la repartición imperialista que se desataba en ese momento y obtuvo posesiones pequeñas en comparación con naciones como Francia, Inglaterra e incluso Portugal. Su situación solo se puede comparar con la de Alemania, nación que se unificó casi al mismo tiempo que Italia, pero tuvo un desarrollo tecnológico, económico e industrial distinto.

Así, siendo una de las potencias «menores» en el teatro europeo, firmó una alianza en su momento con Alemania y Austria-Hungría, para conformar las Potencias Centrales en caso de un enfrentamiento bélico. Al desatarse en 1914 la 1° Guerra Mundial entre las antes mencionadas y la Triple Entente -Francia, Reino Unido y Rusia-, tuvo el tino en su momento-y el convencimiento de los otros aliados- de mantenerse neutral. Hasta 1915 decidió entrar al conflicto junto con la Entente, para atacar Austria-Hungría y obtener beneficios territoriales. Es en este conflicto donde tuvo su baño de fuego un joven socialista, idealista, radical y revolucionario Benito Mussolini. Aunque en un principio mostró apoyo a la neutralidad italiana, cuando su país entró al conflicto se mostró emocionado y fue convocado al combate en 1915. 

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Benito Mussolini en el frente de combate

Benito Mussolini y el fascismo

A partir de su desilusión con el socialismo y con el resultado de la 1° Guerra Mundial, a partir de 1919 y usando como plataforma de difusión su periódico Il Popolo d’Italia, empezó a gestar su idea de una corriente diferente al liberalismo y al socialismo.

Según sus palabras en el texto La Doctrina del Fascismo,  -co escrito por Giovanni Gentile, el mayor ideólogo e intelectual del fascismo- esto pasó por su mente.

Cuando, en el ya lejano marzo de 1919, desde las columnas del Popolo d’Italia
convoqué en Milán a los supérstites intervencionistas-intervenidos, que me habían
seguido desde la constitución de los fascios de acción revolucionaria – que tuvo lugar en enero de 1915 – no había en mi espíritu ningún plan doctrinario. Yo traía en mí la experiencia vivida de una sola doctrina: la del socialismo, de 1903 y 1904 al invierno de 1914: aproximadamente una década. Experiencia de gregario y de jefe, pero no experiencia doctrinaria. Mi doctrina, incluso en aquel período, había sido la doctrina de la acción.

Una doctrina unívoca, universalmente aceptada, del socialismo, ya no existía a partir de 1905, cuando comenzó en Alemania el movimiento revisionista capitaneado por Bernstein, formándose por contraste, en el vaivén de las tendencias, un movimiento de izquierda revolucionario, que en Italia jamás salió del campo de las frases, mientras que, en el socialismo ruso, fue preludio del bolcheviquismo. Reformismo, revolucionarismo, centrismo: de toda esta terminología, hasta los ecos se han extinguido, en tanto que en el gran río del fascismo encontraréis las corrientes que nacen de Sorel, del Lagardelle del mouvement socialiste, de Péguy, y de la cohorte de los sindicalistas italianos, que entre 1904 y 1914 pusieron una nota novedosa en el ambiente socialista italiano, ya debilitado y cloroformizado por la fornicación giolittiana, con las Pagine libere de Olivetti, La lupa de Orano, Il divertiré sociale de Enrico Leone.


En 1919, terminada la guerra, el socialismo ya estaba muerto como doctrina: sólo
existía aún como rencor, sólo tenía aún una sola posibilidad, particularmente en Italia: la represalia contra aquellos que habían querido la guerra y que debían expiarla. El Popolo d’Italia traía como subtítulo: “Cotidiano de los combatientes y de los productores.” La palabra productores constituía ya la expresión de una orientación mental. El fascismo no salió de una teoría elaborada precedentemente, sobre el papel: nació de una necesidad de acción y fue acción; durante los dos años primeros, no fue partido, sino anti-partido y movimiento. El nombre que yo di a la organización, definía los caracteres de la misma.

El que lea, en los periódicos ya amarillentos de la época, la crónica de la reunión constitutiva de los fascios italianos de combate, no hallará una doctrina, sino una serie de motivos, de anticipaciones, de alusiones y bosquejos que, libres de la inevitable ganga de las contingencias, al cabo de algunos años debían desarrollarse en una serie de posiciones doctrinarias que hacían del fascismo una doctrina política con fisonomía bien definida, en comparación con todas las demás, pasadas o contemporáneas. “Si la burguesía cree que nosotros le serviremos de pararrayos, se engaña”, decía yo entonces. “Nosotros debemos ir al encuentro del trabajo… Queremos acostumbrar a las clases obreras a la capacidad directiva, y ello incluso para convencerlas de que no es fácil hacer que marche una industria o un comercio. Combatiremos al retaguardismo técnico y espiritual… Abierta la sucesión del régimen, nosotros no debemos aparecer inactivos. Debemos correr; si el régimen queda superado, nosotros tenemos que ocupar su lugar.

El derecho de sucesión nos viene de que hemos impulsado al país a la guerra y lo hemos llevado a la victoria. La representación política actual no puede bastarnos, queremos una representación directa de los diversos intereses… Contra este programa, se podría decir que volvemos a las corporaciones. No importa… Por esto, yo quisiera que la asamblea aceptara las reivindicaciones del sindicalismo nacional desde el punto de vista económico…”


¿No es singular el hecho de que ya en la primera jornada de la plaza San Sepolcro,
resuene la palabra corporación, que en el curso de la revolución tenía que llegar a
significar una de las creaciones legislativas y sociales fundamentales del régimen?

Fundó su Fasci Italiani di Combattimento el 23 de marzo de 1919 y, a partir de ahí, fue gestando su movimiento hasta convertirse en el partido político dominante. No se debe negar que la burguesía italiana lo apoyó por ir contra el socialismo, pero esto no fue su único objetivo. Obtuvo el poder en 1922 y estableció una dictadura que perduró hasta 1943, pero DENTRO DEL REINO DE ITALIA -cosa que lo hace muy distinto al régimen de Adolf Hitler y a otros países que establecieron dictaduras similares.

Según Mussolini, el fascismo como doctrina es lo siguiente:

Como toda concepción política vital, el fascismo es práctica y es pensamiento, acción animada por una doctrina inmanente, y doctrina que, surgiendo de un sistema dado de fuerzas históricas, no se desliga de él, sino que obra en él desde dentro. (1) Tiene, pues, una forma correlativa a las contingencias de lugar y de tiempo, pero a la vez posee un contenido ideal que, en la historia superior del pensamiento, es la fórmula de una verdad. (2) En el mundo no es posible actuar espiritualmente como voluntad humana dominadora de voluntades, sin poseer un concepto de la realidad  transeúnte y particular sobre la cual se debe obrar, y de la realidad permanente y universal en la cual tiene la primera la razón de su ser y de su vida.

Para conocer a los hombres, es preciso conocer al hombre; y para conocer al hombre, es preciso conocer la realidad y sus leyes. No existe concepto del Estado que no sea fundamentalmente concepto de la vida: filosofía o intuición, sistema de ideas que se desarrolla en una construcción lógica o que se recoge en una visión o en una fe, pero que, por lo menos virtualmente, será siempre una concepción orgánica del mundo.

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Mussolini con tropas

Respecto a la relación entre el fascismo y el  liberalismo, enunciaba esto:

Siendo anti-individualista, la concepción fascista se pronuncia por el Estado; y se pronuncia por el individuo en cuanto éste coincide con el Estado, que es conciencia y voluntad universal del hombre en su existencia histórica. (11) Está en contra del liberalismo clásico, que surgió de la necesidad de reaccionar contra el absolutismo y que
terminó su función histórica desde que el Estado se transformó en la conciencia y
voluntad populares.

El liberalismo negaba al Estado en interés del individuo particular; el fascismo reconfirma al Estado como verdadera realidad del individuo. (12) Y si la libertad ha de ser atributo del hombre real, y no de aquel abstracto fantoche en el cual pensaba el liberalismo individualista, el fascismo se pronuncia por la libertad. Se pronuncia por la única libertad que puede ser una cosa seria, a saber, la libertad del Estado y del individuo en el Estado. (13)

Ello, en razón de que, para el fascista, todo reside en el Estado, y nada que sea humano o espiritual existe, y tanto a menos tiene valor, fuera del Estado. En este sentido, el fascismo es totalitario, y el Estado fascista, síntesis y unidad de todos los valores, interpreta, desarrolla e incrementa toda la vida del pueblo

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Marcha sobre Roma 1922

¿Y qué opinaba del socialismo? Bueno, las palabras no eran mejores:

Ni individuos, ni grupos (partidos políticos, asociaciones, sindicatos, clases) fuera del Estado. (15) Por ello, el fascismo es contrario al socialismo, el cual reduce e inmoviliza el movimiento histórico en la lucha de clases e ignora la unidad del Estado que puede reunir a las clases armonizándolas en una sola realidad económica y moral; análogamente, es contrario al sindicalismo de clases.

Pero el fascismo entiende que, en la órbita del Estado ordenador, las reales exigencias que dieron origen al movimiento socialista y sindicalista sean reconocidas, y, efectivamente, les asigna una función y un valor en el sistema corporativo de los intereses conciliados en la unidad del Estado. (16)

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Mussolini en discurso

Y por último, habla del Estado Fascista Totalitario.

El Estado fascista, siendo la forma más elevada y poderosa de la personalidad, es
fuerza, pero en sentido espiritual. Esta fuerza resume todas las formas de la vida moral e intelectual del hombre.

Por lo tanto, no se la puede limitar a simples funciones de orden y de tutela, como pretendía el liberalismo. No es un simple mecanismo que limite la esfera de las presuntas libertades individuales. Es forma y norma interior, y disciplina de toda la persona; penetra la voluntad como la inteligencia.

Su principio, inspiración central de la personalidad humana que vive en la comunidad civil, desciende hasta lo hondo y se anida en el corazón del hombre de acción como en el del pensador, en el del artista lo mismo que en el del sabio: alma del alma.

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Educación fascista

¿Y actualmente qué podemos entender por fascismo?

Esta pregunta me parece difícil de responder porque, como lo expuse al principio, ahora a todo se le quiere desacreditar como fascista… o en el mejor de los casos, como neo fascista. Esta palabra la pueden usar desde personas a pie como PRESIDENTES DE UNA REPÚBLICA. ¿Y qué implica esto? Pues que al ser nombrado fascista otra persona, tiene que defenderse de un ataque personal y mal intencionado de alguien que, o deliberadamente ignora el significado o es auténticamente ignaro del mismo.

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Algunas personas mencionan que los fascistas son personas conservadoras, de «derecha», liberales, libertarios, pequeño burgueses, comerciantes, capitalistas, etc. A mi parecer, después de lo que hemos leído a lo largo de esta entrada, esto no puede estar más alejado de la realidad. Además de que en mi opinión el concepto de FASCISTA se ha vulgarizado. Según Umberto Eco, esto caracteriza al fascismo en este siglo XXI:

1. Culto de la tradición, de los saberes arcaicos, de la revelación recibida en el alba de la historia humana encomendada a los jeroglíficos egipcios, a las runas de los celtas, a los textos sagrados, aún desconocidos, de algunas religiones asiáticas.

2. Rechazo del modernismo. La Ilustración, la edad de la Razón, se ven como el principio de la depravación moderna. En este sentido, el Ur-Fascismo puede definirse como irracionalismo.

3. Culto de la acción por la acción. Pensar es una forma de castración. Por eso la cultura es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes críticas.

4. Rechazo del pensamiento crítico. El espíritu crítico opera distinciones, y distinguir es señal de modernidad. Para el Ur-Fascismo, el desacuerdo es traición.

5. Miedo a la diferencia. El primer llamamiento de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos. El Ur-Fascismo es, pues, racista por definición.

6. Llamamiento a las clases medias frustradas. En nuestra época el fascismo encontrará su público en esta nueva mayoría.

7. Nacionalismo y xenofobia. Obsesión por el complot.

8. Envidia y miedo al “enemigo”.

9. Principio de guerra permanente, antipacifismo.

10. Elitismo, desprecio por los débiles.

11. Heroísmo, culto a la muerte.

12. Transferencia de la voluntad de poder a cuestiones sexuales. Machismo, odio al sexo no conformista. Transferencia del sexo al juego de las armas.- NOTA DEL AUTOR DE ESTE TEXTO: esta parte me parece un auténtico despropósito-

13. Populismo cualitativo, oposición a los podridos gobiernos parlamentarios. Cada vez que un político arroja dudas sobre la legitimidad del parlamento porque no representa ya la voz del pueblo, podemos percibir olor de Ur-Fascismo.

14. Neolengua. Todos los textos escolares nazis o fascistas se basaban en un léxico pobre y en una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico. Pero debemos estar preparados para identificar otras formas de neolengua, incluso cuando adoptan la forma inocente de un popular reality show.

Si uds. ven en alguna de esas características a poblaciones de distintos tipos, clases, etnias, lenguas y demás, debe ser mera coincidencia.

¿Que existen los NEOFASCISTAS? Sí. Sin duda. Y quien lo niegue, es ciego. ¿Que cualquiera que vaya contra ideales «sociales» sea un fascista? No, eso ya es una exageración e imposibilita el diálogo y el entendimiento.

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Neofascismo en España

Solo les pido a los lectores que cuando alguien les diga facho pobre, facho o fascista en un debate, puedan usar esta entrada de blog para defender sus puntos de vista. 

Espero les sirva de algo y que puedan entender que la diversidad de pensamientos nos enriquece. 

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– Hal Jordan

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La estatua de Winston Churchill

Kitty, nadie votó por Gerald Ford

1917: Una película histórica NO INCLUYENTE

 

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-Hal Jordan.

La práctica pedagógica y la Historia

Uno de los campos de trabajo que posee la Historia es la docencia, el cual lamentablemente este ha sido poco explorado tanto por pedagogos como por historiadores, al no propiciar una metodología de enseñanza para la creación de aprendizajes significativos en los educandos.
Con frecuencia, la historia ha sido objeto de utilización no educativa o antieducativa en las ordenaciones curriculares con la idea de conformar una ciudadanía adicta y afecta a las ideologías y valores de los grupos que controlaban el poder. Debates sobre la intervención política en los programas de Historia ha habido muchos en casi todos los países y ello ha supuesto un factor añadido a las dificultades que tiene esta materia para ser tratada académicamente como ciencia social, en la medida que se percibe como un contenido incierto e inseguro en los programas escolares y ligado a posiciones ideológicas por unos y por otros.

Los alumnos sufriendo


Cuando lo que se pretende enseñar no es percibido por los educandos con la estructura epistemológica y sus características fundamentales que tiene de hecho un conocimiento científico, que suele ser el que los docentes tienen dada su formación académica, se puede producir una total incomprensión entre profesor y alumno que no solo dificulta el proceso de enseñanza-aprendizaje, sino que, en la práctica, lo convierte en inviable. Y esto es lo que ocurre con la historia en el ámbito escolar. La mayoría de los alumnos no la reconoce con los rasgos propios de una ciencia social sino como un saber menor que no exige mayor esfuerzo que el de recordar algunos datos y explicaciones para las pruebas de evaluación. Y ello en el mejor de los casos, ya que en ocasiones simplemente la perciben como una interpretación subjetiva e ideológica que les intenta transmitir el profesor en turno de la materia.

Prueba de lo dicho se refleja en la visión que las investigaciones nos muestran sobre la visión de la historia por los estudiantes. Los alumnos considera que la asignatura de Historia, y la propia historia, no necesita ser comprendida sino memorizada. Socialmente la historia se suele identificar como un conocimiento solamente útil para demostrar “sabiduría” en concursos televisivos, o para recordar, manifestando una pretendida erudición, datos y efemérides. La principal habilidad intelectual que se requiere para saber historia es, según la percepción de la mayoría de los jóvenes, tener una gran memoria. Nada más lejos de la realidad.
Todos los datos apuntan a que la incorporación de los contenidos no estrictamente fácticos de contenido moral (“los buenos y los malos”) no han sido aprendidos y menos incorporados por los estudiantes, después de acabados sus estudios obligatorios. Dicho de otra forma, no han aprendido la naturaleza de la explicación histórica y sus conocimientos no distan demasiado de la historia que la que tenían que aprender los que estudiaron en la época en que era obligatorio memorizar monarcas, nombres de batallas o fechas.


Las investigaciones coinciden, de manera indefectible, en las siguientes concepciones y valoraciones del alumnado: primero, que la historia es una materia fácil, aburrida y poco útil; segundo, que tan solo exige buena memoria y que se aprende fácilmente las noches anteriores al examen; tercero, que es muy poco interesante, entendiendo el interés por las dificultades de comprensión y esfuerzo de dilucidación que exigen las materias que el alumno juzga de verdaderamente interesantes.


La interpretación de estas apreciaciones, que sitúan la historia muy lejos de lo que los historiadores y profesores de historia esperarían y pretenderían con la enseñanza de la materia, no se revela únicamente por una hipotética deficiencia en la metodología didáctica empleada por la mayoría del profesorado, aunque esta puede ser uno de los posibles motivos. Debe considerarse, también, las evidentes dificultades que supone la enseñanza y el aprendizaje de una materia, como es la Historia, por dos tipos de causas: en primer lugar, porque la Historia forma parte del contexto cultural y social que ejerce, creo que de una manera determinante, una gran influencia en la concepción que los alumnos y alumnas tienen de esta materia. En segundo lugar, por la enorme complejidad y nivel de formalización conceptual que tiene la ciencia histórica.
Las dificultades contextuales están ligadas entre otros, a tres factores: a la visión social de la historia; a la función política que, en ocasiones, pretenden los gobernantes para esta materia; al excesivo presentismo en los programas y en su difusión pública; y por último, a la tradición y formación de los docentes.
Existe una percepción social que identifica saber histórico con una visión erudita del conocimiento del pasado. Según esta percepción, saber historia es igual a ser anticuario o albacea del recuerdo; es conocer curiosidades de otros tiempos, recordar datos que identifican un monumento o un acontecimiento, o, simplemente, recitar nombres de glorias y personajes pasados, generalmente del patrimonio propio. Esta tradición, cultivada desde el siglo pasado por multitud de eruditos locales, ha calado hondo en la sociedad. Nadie reclama al que dice saber historia, una explicación general del pasado, ni que contextualice lo singular en un proceso general dinámico que, por fuerza, resulta complejo y requiere estar dotado de método y teoría. La razón es que la percepción general de este tipo de saber, el histórico, está más cerca de la erudición que de una ciencia social. Este hecho, aunque quizá no sea explicitado por el estudiante, marca profundamente el concepto que se tiene en la sociedad de la materia histórica y aflora frecuentemente cuando sondeamos las ideas previas de los escolares.

Como reflexión final, , debo decir que la materia histórica incorpora importantes dificultades para su enseñanza; unas relacionadas con la propia concepción que tiene el alumnado sobre esta disciplina, otras basadas en su componente de saber social ligado a proyectos ideológicos y políticos, lo que hemos denominado dificultades contextuales y otras, que son específicas de su naturaleza como conocimiento, aspecto que desde mi punto de vista, no se ha tenido en cuenta en la elaboración del actual currículum. Por todo ello, la enseñanza de la historia, su didáctica, tiene planteados importantes retos para situarla en su máxima posibilidad formativa como conocimiento escolar. Los retos, suponen superar los problemas actuales, obviar los modelos cuasi escolásticos que nos ofrece el vigente modelo curricular, y recuperar el añorado impulso de innovación didáctica que estaba tan presente en los momentos anteriores a la elaboración y aplicación de la reforma educativa, esta vez ayudado por una ya apreciable actividad de la investigación en la didáctica de esta disciplina.


C. Fuentes, “La visión de la historia por los adolescentes: revisión del estado de la cuestión en Estados Unidos y el Reino Unido” Enseñanza de las Ciencias Sociales: Revista de Investigación, 1 (2002)
K. Barton, “Investigación sobre las ideas de los estudiantes acerca de la Historia” Enseñanza de las Ciencias Sociales: Revista de Investigación, 9 (2010)
Moniot, H.: Didactique de l’Histoire. París. Nathan Pédagogique. 1993.
Prats, J. y Santacana, J.: “Por qué y para qué enseñar Historia”. J. Prats (coord.). Didáctica de la Geografía e Historia. Barcelona. Ministerio de Educación y Editorial Graò, S.L. 2011.

 

– Barbarella

Si quieres saber más de este autor, sigue estos enlaces:

Buffalo Soldier

Hessianos

¿Los mitos fundacionales han caducado?

¿Qué es la Edad Media?

Un retrato típico de la Edad Media

Definir un periodo del pasado haciendo uso únicamente de datos históricos resultaría prácticamente imposible, por ello es necesario servirse de diversas herramientas teóricas y filosóficas en relación con la disciplina histórica para llevar a cabo dicha tarea. Esto tiene como complejidad el hecho de que no hay dos tiempos ni sujetos iguales, por lo que la interpretación varía de uno a otro.

Partiendo de esto, sería fácil caer en el extremo de la hipersubjetividad, en la cual cada quien, de acuerdo a su conveniencia, podría fijar su propio inicio, final y definición de Edad Media. Es debido a esta razón que el presente ensayo busca prevenir eso ya que, si bien no es prudente delimitar un periodo entre dos acontecimientos precisos, sí conviene fijar un aproximado, con posibles fechas establecidas entre las cuales la época en cuestión oscile dependiendo del enfoque a través del cual se esté investigando.

     De acuerdo con la forma tradicional de dividir la historia en Occidente, la Edad Media comienza en el año 476 d.C. con la Caída del Imperio Romano de Occidente, y termina en el 1453 d.C. con la Caída de Constantinopla. Estas fechas son convencionalmente aceptadas por los historiadores cuando se habla de algún tema en general que no requiera mayores especificaciones de ninguna índole. Sin embargo, una vez que nos preguntamos bajo qué criterio se hizo esta segmentación y qué otras posibilidades existen al respecto, el asunto se vuelve realmente complejo. Es pertinente destacar que quienes vivieron en la etapa que hoy llamamos Edad Media no se concebían a sí mismos como tales, entiéndase como habitantes del “medio tiempo”; y es que el hecho de que llamemos a determinado periodo el “medio tiempo” implica la existencia de un tiempo inicial y un tiempo final en una línea temporal francamente progresista, que tiene un fin y un sentido claros. Entonces, ¿por qué fue llamada de esta manera? Todo se lo debemos a Petrarca, autor de origen italiano quien, empapado de la incipiente ideología humanista, hace notar una fuerte ruptura con los cánones clásicos grecolatinos a partir del siglo V d.C. y llama al tiempo subsecuente “Edad Media.

     Es durante la Ilustración cuando se retoman las ideas de Petrarca y se les dota de un interesante poder discursivo, tachando a la Edad Media de haber estado plagada de elementos negativos, tales como:la ignorancia, el oscurantismo, fanatismo, violencia e intolerancia. Por esta razón la Edad Media es en muchos casos ignorada por los estudiosos de este periodo, quienes buscan aprender y hasta cierto punto imitar a los enaltecidos griegos y romanos de la Etapa Clásica.

En resumen, la Edad Media comienza a ser vista como una pausa en el desarrollo de la humanidad, un gran vacío que separa a los modernos de los clásicos y que fue dominado por la barbarie. No fue sino hasta la llegada del Romanticismo cuando los estudiosos voltearon a ver a la Edad Media desde otra perspectiva, muy diferente y en algunos casos opuesta a la difundida por los ilustrados.

Ellos veían en el medioevo una era en la que surgen y se aquilatan los valores cristianos, nace el amor cortés, los modales, historias épicas de héroes diferentes a las de los griegos y un imaginario colectivo digno de ser estudiado a profundidad. Finalmente, es destacable que con la llegada de la Escuela de los Annales y el final de la Segunda Guerra Mundial, las maneras de pensar y hacer Historia cambian drásticamente, por lo que surge la imperiosa necesidad de preguntarse cómo debe hacerse y cuáles deben ser los principales enfoques. Muchos de los principales representantes de esta escuela y sus respectivas generaciones buscarán respuestas en la Edad Media, dando como resultado una forma totalmente diferente de aproximarse a los estudios medievales y una serie de obras que hoy en día son consideradas canónicas en la enseñanza de la Historia, tales como Los reyes taumaturgos de Marc Bloch y El nacimiento del Purgatorio de Jaques LeGoff.

Marc Bloch

     Ahora bien, responder a la pregunta con la que inicia este ensayo con una definición exacta de un periodo comprendido entre dos fechas resultaría enormemente simplista y, lo que es peor, contradictorio. No sería posible otorgar una fórmula que nos permita diferenciar lo considerado medieval de lo antiguo o de lo moderno, pero sí nos es posible encontrar ciertos elementos que, en mayor o menor medida se encontraron presentes a lo largo de la Edad Media y que, dependiendo del enfoque con el que se quiera estudiar, nos faculte para distinguirla de otras edades. Sin importar la teoría que se siga, suelen buscarse rupturas para hablar de diferentes etapas y, en vista de que existen todo tipo de quiebres (ideológicos, económicos, sociales, políticos, tecnológicos…), la gama de criterios es sumamente amplia. Aún así, existen algunas opciones mucho más populares que otras.

En el caso de lo político y social, la Caída del Imperio Romano de Occidente es uno de los hechos más relevantes, por lo que en ese caso suele adoptarse la manera tradicional de dividir la historia. Por otro lado, en el ámbito de lo económico encontramos un fenómeno muy interesante, ya que autores como Henri Pirenne destacan un importante cambio geopolítico, cuyo eje se encontraba en el Mar Mediterráneo y dependía totalmente del comercio marítimo. Sin embargo, con la llegada del Imperio Carolingio, el nuevo eje tendría que situarse en espacio continental, perdiendo el control del antes mencionado mar ante los musulmanes y forzando a la sociedad a buscar nuevas alternativas; empero, el Imperio Carolingio nace hasta el siglo VIII d.C., por lo que la Antigüedad se ve extendida unos cuanto siglos, denominados generalmente “Antigüedad Tardía”. Algo similar sucede con la aproximación marxista, según la cual la ruptura que define a la época es la del abandono de la esclavitud y la adopción del sistema feudal, también alrededor del siglo VIII d.C. De acuerdo con estas dos posturas, la Antigüedad se vería prolongada por tres siglos, sin embargo, existen posturas en las cuales sucede lo contrario, es decir, sitúan el inicio de la Edad Media antes de la Caída del Imperio Romano. Si nos decantáramos hacia la ruptura ideológica, habríamos de remontarnos hasta el siglo III d.C. momento en que Constantino I legaliza el cristianismo católico y que, unas décadas más adelante, Teodocio I oficializaría como única religión del Imperio, marcando así una notable relación de la Iglesia con el Estado que podríamos rastrear durante toda la Edad Me

Imperio Carolingio

Conclusión

A pesar de que existen diversos postulados sobre la manera en que debe ser dividida la historia, ninguno de ellos se lleva a cabo de forma arbitraria, ya que se basan en profundas investigaciones y cada uno sigue una teoría de la historia diferente, por lo cual o es correcto o incorrecto elegir una u otra opción, siempre y cuando existan los fundamentos pertinentes para marcar en determinado punto el fin de un periodo y el inicio de otro. Para lograr esto de manera óptima, es esencial delimitar cuál es el objeto de estudio y desde qué enfoque será visto, ya que esto guiará y definirá gran parte del proyecto que se tenga en mente.

Caída de Constantinopla. 1453

Bibliografía

Hegel, Wilhelm Friedrich, Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal (Edición abreviada que contiene: Introducción, Mundo Griego y Mundo Romano, Editorial Tecnos, Madrid, 1980.

Le Goff, Jaques, ¿Realmente es necesario cortar la historia en rebanadas?, Fondo de Cultura Económica, México, 2016.

Pirenne, Henri,  Historia social y económica de la Edad Media, México, Fondo de Cultura Económica, México, 1975.

Referencia de las imágenes

https://www.cultura10.org/romana/caida-del-imperio/

https://www.correodelmaestro.com/publico/html5102017/capitulo3/batallas_historicas.html

– El Erudito

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8 errores en series y películas ambientadas en la Edad Media (o relacionadas con ésta) que tal vez no habías notado.

5 Mujeres Destacadas de la Edad Media

10 Cosas que no conocías sobre la Edad Media

 

 

Síndrome de Stendhal: una sobredosis de belleza

«[…] me abandonaba a mi locura como a la vera de una mujer que se ama.»

Stendhal, Diario de viajes a Nápoles y Roma, 1817

Bien dicen que cada quién elige la manera en la que se destruye: alcohol, tabaco, drogas… no obstante, jamás se concibe que la experiencia estética, es decir, cuando estamos frente a una obra de arte pueda llegar a ser perniciosa. De hecho, algunos psiquiatras canadienses recomiendan las visitas al museo como parte del tratamiento. Sin embargo, poco se nos avisa o prepara de un «mal del viajero romántico» o síndrome de Stendhal el cual es una enfermedad cuya existencia aún es debatida por el gremio de los médicos.

Todo en exceso hace daño, hasta la belleza

El síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática que puede presentar un cuadro clínico con características de ataques de ansiedad o episodios depresivos. Estos síntomas se presentan de forma abrupta y aguda con la particularidad de que son encadenados por la exposición a una o varias piezas de arte en un período de tiempo corto.

Recibe este nombre debido a un afamado escritor francés del siglo XIX, Marie Henri Beyle, conocido en el ámbito literario como Stendhal. Su obra se enmarca dentro de la corriente del romanticismo que, a grandes rasgos, se caracteriza por la exaltación de las pasiones más allá de la razón. Fue autor de diversos libros como Rojo y Negro (1830), La cartuja de Parma (1839) o Recuerdos de Egotismo (1892).

Todo un hombre del siglo XIX

En 1817 realizó un viaje por varias ciudades italianas con la intención de visitar las galerías y recintos artísticos más importantes. Se hizo de un diario en el que justamente se encuentra el primer registro del síndrome antes descrito, de ahí que lleve su nombre. En sus registros relata cuál fue su experiencia al visitar la basílica de Santa Croce en Florencia:

«Había llegado a ese punto de emoción donde se encuentran las sensaciones celestiales que dan las bellas artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de la Santa Croce tenía fuertes latidos de corazón, lo que Berlín llaman nervios; la vida se me había desvanecido, caminaba con temor de caer.»

Stendhal, op.cit

La experiencia estética explicada por la ciencia

A pesar de darle el nombre, no fue Stendhal quién lo catalogó como una anomalía a la salud. La persona responsable es la psiquiatra italiana Graziella Magherini , la cual trabaja en el Hospital Santa María Nuova de Florencia en donde recibió más de 100 casos referentes a este frenesí causado por alguna obra de arte. Escribió entonces el libro La sindrome di Stendhal. Il malessere del viaggiatore di fronte alla grandezza dell’arte (El síndrome de Stendhal. El malestar del viajero frente a la grandeza del arte).

En el texto, Magherini resalta que existen tres tipos de trastornos dentro del síndrome. De los casos reportados, menciona que el 66% afligen al pensamiento, 29% a los afectos y 5% presenta ataques de pánico o angustia. Esto quiere decir que las personas que lo presentan pueden confundirlo con una desazón por el viaje mismo o simplemente no encuentren razón alguna a su malestar además de ser difícil de comunicar por su carácter psíquico o mental.

¿Realmente existe?

Sin duda el síndrome de Stendhal ha sido motivo de conversación entre los académicos que lo defienden y los que se muestran escépticos al respecto. No es el objetivo desprestigiar la investigación de la Dra. Magherini, no obstante existen ciertos elementos acuciantes que ponen en duda si realmente existe como síndrome o no.

Algunos de ellos son los siguientes:

  • La mayoría de los casos se presentan en Florencia u otra ciudad italiana
  • Las obras que causan los estragos generalmente pertenecen a las corrientes del Renacimiento o Barroco
  • Sólo se presenta en extranjeros, la gente local no presenta síntomas

Para regresar a nuestra fuente principal, Magherini da una explicación de corte psicoanalista que resume la autora Patricia Morales García:

» Según la Dra. Magherini, existen dos facilitadores del síndrome, el estar  ante la obra original, con la connotación que la obra o el autor puede significar para el sujeto y que no exista una red simbólica que atenúe la  experiencia, de ahí que sean extranjeros. De manera, que donde debería  sentirse placer al contemplar la belleza, la función estética desaparece, debido a la alteración del “marco fantasmagórico” del sujeto. Es decir, que  el significante que debería sostener la significación fálica, se colapsa  en función de su significación y se convierte en una presencia real.» 

Magherini, «El síndrome de Stendhal», 1990

Al parecer, lo que causa esta enfermedad es la aparente euforia que causa el encontrarse con una pieza de la cual uno ha leído o estudiado. Me atrevería a comparar este mal con la reacción de una adolescente si algún día tuviese enfrente a Justin Bieber

La enfermedad artística

Habría que considerar también el movimiento al cual Stendhal pertenecía. El romanticismo si bien tiene elementos compositivos delimitados, la exaltación y el frenesí son parte esencial del mismo, lo que se ve reflejado en cualquier manifestación artística. Es posible que el relato del francés esté marcado más por su estilo que cualquier malestar físico.

Sea como fuere, el síndrome también ha afectado al mundo del arte, generando obras que hablan de cómo funcionan las obras con el espectador. Un ejemplo de ello es la película estrenada en 1996 «El Síndrome de Stendhal» de Darío Argento. Como regalo por haber llegado al final de este artículo, anexo la película completa.

– Momo
 
Si quieres saber más de este autor, sigue estos enlaces:
 
 

¿Qué es una fuente histórica?

Reflexión en torno a los materiales que puede utilizar un historiador

Fuentes, fuentes

¡Ah! ¿Cómo olvidar aquel año 2005 cuando ingresé a la Universidad? Después de mucho sufrimiento en el bachillerato, al fin arribaba a la educación superior; y no solo eso, sino que me gané mi lugar en la Facultad de Filosofía y Hier… digo, Letras, lugar que siempre me había parecido extraño y ajeno, pero que a partir de ese momento y hasta que me titulara sería mi segundo hogar.

Sí, esa apariencia de CERESO es normal.

Cabe señalar que desde el primer día recibí un golpe emocional al entender que la Historia NO ES UNA CIENCIA puesto que, aunque genere conocimientos -importantes-, no podía llegar a conclusiones certeras y quedaba en especulación. Eso me dejó en shock… pero ahí no acabó todo.

Más adelante me enteré que el hecho de estudiar documentos era importante… pero ¿por qué creíamos que contenían la verdad? Estos objetos de estudio no eran infalibles,ya que estaban condicionados por las personas de su época y servían a ciertos objetivos y podían ser falsificados los datos que ellos contenían. Esa falsa creencia de escribir la historia «tal y como pasó» era algo virtualmente imposible por la subjetividad inherente de los historiadores, la intencionalidad de quien creó los documentos y el problema del cronotopo de quien interpreta el pasado.

Por ello, nos mostraron las distintas fuentes que podemos utilizar los historiadores, las cuales pueden ver en la siguiente imagen.

Fuente: Sabuco

Esto nos da una amplia cantidad de material para consultar en nuestras investigaciones históricas. Empero, es menester recordarle a los jóvenes estudiosos de la Historia que TODO ES HISTORIA. ¿Qué implica esto? Pues que virtualmente cualquier producto que genere la humanidad puede ser una fuente histórica. ¿Cómo es eso posible?

Pues esto se debe a una razón: todo objeto tiene una intencionalidad detrás de sí y su elaboración responde a un contexto específico, a necesidades de ese momento de la humanidad, seas cuales sean. Pongamos un ejemplo específico: ¿recuerdan unos aparatos llamados radiolocalizadores? En México comúnmente se les conoció como Biper, que era en realidad una marca.

Biper radiolocalizador.

Estos objetos que hoy son desperdicio electrónico y tecnología obsoleta, nos pueden dar a conocer las costumbres de las personas de ciertos estratos sociales de las décadas de 1980-1990,donde la necesidad de tener una comunicación «inmediata» implicó el desarrollo de estos aparatos. ¿Con qué fin? Para enviar un mensaje al receptor para que se comunicara con alguien que lo buscaba o recordarle algo. Digamos que es una suerte de SMS un poco más rudimentario.

De igual manera podemos consultar otros objetos, tales como discos . La razón de mi afirmación responder a que los discos son creaciones de artistas que buscan transmitir «algo», dado su contexto, su estilo, su género musical o el ánimo en que se encuentren. Hace tiempo realicé una investigación acerca de la banda punk The Ramones, la cual involucró averiguar acerca de ellos lo más posible. Entre las fuentes que decidí consultar, los discos remasterizados de la banda traían información en el cancionero, que resultó de enorme valor, pues eran testimonios de gente que conoció a la agrupación.

The Ramones

No está de más señalar que esto no implica que no seamos selectivos con nuestras fuentes, aunque eso también depende de qué buscamos realizar con nuestra investigación. ¿Debemos descartar los testimonios falsos? NO, porque nos pueden revelar algo, como el POR QUÉ se hizo un relato no verdadero. OJO: Los historiadores no buscamos LA VERDAD, pero tampoco queremos difundir falsedades o mentiras. Generalmente esos actos de distorsión de la veracidad van acompañados de manipulaciones de gobernantes o personas con intereses particulares.

Finalmente, podemos decir que las fuentes históricas son todos aquellos objetos de producción humana que sirvan para poder crear nuestra narración del pasado, sin dejar de lado la metodología y selección de los mismos, lo cual le quita en principio todo atisbo de objetividad al trabajo.

Historiadores: ¿les parece acertada mi visión? Es criticable y estoy abierto a sus sugerencias y observaciones constructivas. En tanto, me despido no sin antes recordarles que SIEMPRE cuestionen las versiones oficiales del pasado. Hasta la próxima.

-Hal Jordan.

Si quieres saber más de este autor, sigue estos enlaces:

Tetris: Una historia complicada

Disturbios de Los Ángeles 1992: Coreanos armados en el techo

12 de Septiembre ¡Día del historiador! ¿Nos morimos de hambre?