El arte no es entretenimiento

Mucho se ha dicho en torno a la importancia de las profesiones en tiempos de crisis o verdadera necesidad. Principalmente considero que tales discusiones provienen de un sinsentido ya que toda actividad profesional existente tiene un trasfondo que responde a algún requerimiento específico de la sociedad. No obstante, el motivo que engendró este artículo proviene de una o varias frases encontradas en redes sociales donde se invita al público a reflexionar sobre lo que lo mantiene «entretenido» en esta cuarentena: libros, películas, series, música… y el desdén que siempre se tiene hacia esas disciplinas. Sí, estoy hablando de las artes. 94bd5bfb-2904-4e89-aaec-4719b6dfe7ff

En un principio me pareció acertado el señalamiento. Y es que es fácil caer en él cuando todo el tiempo se está intentando demostrar la utilidad de las expresiones artísticas dentro de una civilización. No obstante, al poco tiempo charlando con un colega, encontramos un punto flaco: tal aseveración en lugar de legitimar la posición relevante del arte, la reducía a un mero instrumento de entretenimiento.

Bien dicen que el infierno está lleno de buenas intenciones. No estoy diciendo que de facto estas frases encontradas en Facebook digan que el arte es entretenimiento, pero el paso lógico es más corto que la distancia de mi habitación a la sala de estar. Si bien, una de las particularidades de la práctica artística es que se mezcla perfectamente con la industria del entretenimiento, no es este su principal objetivo.

La clave está en quién mira

Es complicado definir qué es arte; todavía no existe el individuo, escuela u organización que haya dado con la respuesta. Sin embargo, podemos acercarnos a dicha definición mencionando lo que no es.

Tanto el arte como el entretenimiento tienen en su básica estructura tres elementos: emisor, mensaje y receptor. Enfoquemos en éste último, siempre existe un observador o espectador que es considerado por parte del emisor (en este caso el artista o el espectáculo). Empero, la diferencia radica en la acción del que observa.

En el caso del entretenimiento, se espera una actitud pasiva por parte del espectador, esto quiere decir que no tiene que pensar o replantearse cualquier elemento de su realidad, sino que basta con que reaccionen sus emociones de forma superficial, aunque intensa, frente a lo que se le está presentando. Por ejemplo, un programa de televisión cómico tendrá como objetivo que la gente ría, los dramas o las telenovelas pretenden que las personas lloren, se enamoren o enojen con la historia que les están contando. Si hay algún momento de reflexión o posible enseñanza va orientada hacia una lectura unilateral y muchas veces moralina. unnamed

En cambio, el arte necesita que el observador tome un papel más activo. El artista propone mediante recursos plásticos, visuales o sonoros un planteamiento sobre el mundo, cuestionar o problematizar una situación que como humanidad nos atañe. Al emisor no le basta que otra persona sólo observe, sino que tiene que presentarse una reacción mucho más compleja que le permita ahondar en posibles interpretaciones, posibles soluciones.

La práctica artística tiene la facultad de adaptarse a la industria del entretenimiento y es gracias a estos aportes es que tenemos una amplia gama de posibilidades al momento de dar muerte al aburrimiento. Sin embargo, no todo lo que «entretiene» es precisamente artístico y viceversa; escuchar una sinfonía de Mahler mientras cocinamos es igual de obtuso que pedir tortillas en un restaurante de sushi. Puede que tenga un sabor rico para ti pero no tendrás una verdadera experiencia culinaria.Social media and entertainment graphic design

Por último, otro de los peligros de considerar al arte como mero entretenimiento es que justamente en momentos como la cuarentena por el coronavirus, se convierte en algo prescindible y mientras «haga pasar el rato» tendrá un valor. Una de las funciones del arte es la capacidad de crear símbolos y dar sentido a las experiencias de la humanidad.

Es bastante obvio que se está viviendo un momento sin precedentes y que dentro de las consecuencias que trae esta pandemia es el daño psicológico y social de los individuos. Hay mucha duda y temor, la incertidumbre es la sensación general y es aquí donde el arte entra en escena para ayudar a digerir y expresar lo que se está experimentando. Un ejemplo de esto es las múltiples convocatorias de las editoriales universitarias para hacer un compendio de ensayos sobre las vivencias de las personas en tiempos del coronavirus.

Antes de irme, un último mensaje. Las artes no tienen porque justificar su existencia, ninguno de los saberes de la humanidad, responden a una necesidad a veces inmediata otras compleja, pero siempre tienen un propósito. Excepto, tal vez, los estudios de género. 😉

 

-Momo

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