5 Mujeres Destacadas de la Edad Media

La historia de la Edad Media, sus cronistas e historiadores, suelen centrarse en personajes masculinos de gran poder y relevancia, reyes que se destacaron por su gobierno, como Carlomagno y Alfredo I, guerreros aparentemente invencibles que lograron subyugar a sus enemigos, como Belisario, Gaiseric o Clodoveo, o incluso en clérigos que fundaron órdenes, algunas extintas y otras que aún perduran, como San Benito de Nurcia, San Bernardo de Claraval o San Francisco de Asís; dejando de esta manera a las mujeres medievales en un segundo plano y construyendo un discurso erróneo en el cual la mujer pasa a un segundo plano en el relato histórico.  Contrario a la creencia popular, las mujeres jugaron un papel fundamental en la sociedad y la cultura medieval, y no son pocos los cronistas que mencionan a una o varias de ellas, así como la importancia que sus actos tuvieron en el devenir histórico. A continuación, presentamos una lista con cinco de las mujeres más poderosas, famosas e influyentes de la Edad Media.

Teodora de Constantinopla

De acuerdo con los cronistas de la época, Teodora nació en el seno de una familia bizantina sumamente humilde, sin embargo, gracias a la astucia y habilidad política de su madre, logró escalar en la pirámide social hasta llegar a los niveles más elevados.

Teodora contrajo matrimonio con Justiniano, uno de los emperadores bizantinos más influyentes y destacados de la historia, ya que fue durante su reinado que varios territorios de África e Italia fueron recuperados de manos de los bárbaros y anexados al Imperio Bizantino. Aunado a esto, Justiniano se enfrentó y salió airoso de dos revueltas populares que amenazaban con arrebatarle el trono. Mucho se ha especulado sobre el gobierno de Justiniano y las razones que lo motivaron a luchar por su imperio cuando todo parecía perdido, sin embargo, muchos historiadores coinciden en que fue Teodora quien gobernaba realmente y fue ella misma quien convenció a su esposo de no huir y hacer todo lo posible por mantener su hegemonía. Se dice que Teodora fue una mujer increíblemente hermosa, pero que ni siquiera su belleza podía rivalizar con su inteligencia y astucia, herramientas que le permitieron establecerse como la indiscutible mujer más influyente y destacada de su época.

Representación de Teodora en un mosaico bizantino, hoy en Rávena, Italia.

 

Berta de Laon

Poco es lo que se conoce sobre las mujeres de la corte de los merovingios, sin embargo, los cronistas medievales e historiadores modernos han rescatado la imagen de Berta, esposa de Pipino y madre de Carlomagno. Si bien, Berta estuvo casada con un poderoso emperador al igual que Irene y Teodora, ella no nunca estuvo al frente del imperio, ya que al enviudar fueron sus dos hijos quienes ascendieron al poder: Carlomagno y Carlomán.

Era costumbre entre los francos que cuando un rey moría, éste dividía su territorio entre todos sus hijos varones, sin importar cuántos fueran éstos, cosa que con el pasar de los años terminaba desencadenando grandes guerras entre hermanos que no hacían sino debilitar al reino y atraer enemigos externos. Berta fue de vital importancia una vez que su marido, Pipino el Breve, falleció. Es sabido que Carlomagno y su hermano no se llevaban muy bien y estuvieron a punto de declararse la guerra en múltiples ocasiones, sin embargo, fue su madre quien los hizo entrar en razón y evitó una guerra que acabaría con el Imperio Carolingio. A los pocos años, Carlomán falleció y dejó a Carlomagno como el único gobernante, pero fue gracias a Berta que el Impero Carolingio no entró en una guerra interna que lo consumiría, y logró convertirse en la potencia occidental más importante de su tiempo.

Representación moderna de Berta de Laón.

 

Irene de Atenas

Al igual que Teodora, Irene contrajo matrimonio con el emperador bizantino de su época, en este caso, León IV, sin embargo, León murió dejando como único heredero a su hijo de 10 años, Constantino VI. Debido a la complicada situación, Irene tomó la regencia del imperio mientras su hijo alcanzaba la mayoría de edad. Una vez que esto sucedió, Irene decidió compartir el poder con su hijo, pero afirmó que ella siempre tendría la última palabra y cierta superioridad sobre su descendiente, cosa que convirtió a Constantino VI en un enemigo de Irene.

Constantino VI conspiró en contra de su madre para quitarla del trono bizantino, pero Irene descubrió la insurrección y defendió su puesto como emperatriz exitosamente. Más adelante, surgió una nueva revuelta, la cual logró deponer a Irene y establecer a su hijo como emperador de Bizancio, sin embargo, después de una serie de fracasos militares, Constantino decidió devolver el poder a su madre, quien lo castigó severamente sacándole los ojos y cortándole la nariz, estableciendo así una “moda” que perduraría muchos siglos más en el Imperio Bizantino.

Uno de los momentos más importantes en la vida de Irene fue cuando propició un acuerdo para detener el Conflicto Iconoclasta que había dañado fuertemente a la Iglesia Católica. La Emperatriz se declaró a favor de los llamados iconódulos, pero aclaró que las imágenes debían ser un refuerzo para la veneración y jamás un objeto de adoración. Razón por la cual en algunos momentos de la historia ha sido considerada santa.

Representación bizantina de Santa Irene

 

Leonor de Aquitania

Sin duda alguna, Leonor de Aquitania podría ser la mujer más polémica de esta lista, ya que su vida estuvo marcada por constantes enfrentamientos contra las mayores potencias y contra la ideología de su época. Ella era originaria Aquitania, y tras la muerte de su padre y su hermano se convirtió en la única heredera de aquél ducado, siendo éste uno de los más grandes de toda Europa. Al poco tiempo de convertirse en la señora de Aquitania, contrajo matrimonio con Luis VII de Francia, quien no tardaría en convertirse en rey, elevando así a Leonor al puesto de reina consorte. Es entonces cuando comienza escándalo en la vida de la duquesa, después de 8 años de matrimonio y encontrándose en el marco de la Segunda Cruzada, comienza a haber rumores sobre la relación de Leonor con su tío, tras lo cual las fricciones con Luis VII se vuelven cada vez mayores. Aunque el Papa intervino en la disputa de la pareja, Leonor y Luis terminaron por separarse, sin embargo, Leonor conservó sus títulos y con ellos, sus dominios. Más adelante, Leonor volvió a casarse, también con una persona de la alta nobleza, esta vez, Enrique II de Inglaterra. Enrique estaba destinado a convertirse en rey, lo cual sucedió al poco tiempo de casarse con la duquesa de Aquitania, y ya que ésta seguía conservando su señorío sobre su tierra natal, el reino de Inglaterra se extendió hasta abarcar una gran parte del territorio francés, causando así una serie de conflictos entre ambos reinos. Por si fuera poco, Leonor tuvo muchos hijos con el rey de Inglaterra, entre los cuales destacan dos de ellos por sus constantes apariciones tanto en la literatura de la época, como en el cine, series y novelas de nuestra época: Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra.

Leonor de Aquitania por Edmund Leighton

 

Hildegarda

A diferencia de todas las mujeres en esta lista, Hildegarda jamás casó ni participó o evitó grandes batallas o conflictos bélicos, ya que ella decidió renunciar a lo mundano y dedicar su vida al servicio de Dios, convirtiéndose así en una monja y posteriormente abadesa de la Orden Benedictina.

Hildegarda fue una apasionada estudiosa de una enorme variedad de temas, entre los cuales se encuentran la literatura, música, arte, ciencia y teología. Además, fue una de las escritoras más prolíficas de la Baja Edad Media, destacándose así no solamente entre las mujeres, sino también entre los hombres de la Orden de San Benito, por lo cual  le fue entregado el título de Doctora de la Iglesia, entrando así a uno de los grupos más selectos benefactores reconocidos por la Iglesia Católica.

 

Representación de Hildegarda de Bingen, W. Marshall Sculpsit.

 

Bibliografía y literatura recomendada

  • Hindley, Geoffrey, Las Cruzadas: Peregrinaje armado y guerra santa, Ediciones B, España, 2010
  • McKitterick, Rosamond, The Formation of a European Identity, Cambridge, Cambridge University Press¸ 2008.
  • Olmedo, Daniel, Historia de la Iglesia en la Edad Media.
  • Oman, Charles, The Dark Ages.

– El Erudito

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