Fidencio, el milagroso

México posee una enorme efervescencia religiosa; cerca de un 80% de mexicanos practican el catolicismo. Además, no es extraño que los creyentes, antes de católicos, existan los que se declaran primariamente guadalupanos o fieles seguidores de las enormes figuras de resina del apóstol San Judas Tadeo. La República Mexicana es gran devota de las vírgenes, santos y personajes milagrosos que aparecen en sueños, milagros y tortillas. Entre tanta divergencia, hay un ser maravilloso, sobrenatural, y prodigioso que hoy en día, continúa siendo un misterio, un desconocido para la Iglesia Católica y creador de todo un movimiento religioso. Se trata de El Niño Fidencio, un curandero mexicano, que radicó en el poblado de Espinazo, al noroeste del estado de Nuevo León a principios del siglo XX. Practicaba métodos de sanación poco usuales, siendo muy popular entre la población marginal del norte de México y que llegó a recibir, según testimonios, a cerca de 30 mil personas en su santuario. 

El Niño, trabajó insaciablemente entre 1920 y 1938, atendiendo a enfermos que esperanzados, acudían para ser curados de todo tipo de enfermedades y dolencias, desde simples dolores de muelas a extirpación de tumores benignos. No cobraba por sus servicios, solo pedía ayuda para atender más enfermos y donativos en especie. Su popularidad fue tan grande, que un presidente de la república acudió a visitarlo para tratarse de una supuesta lepra. Fidencio murió a los 40 años de edad  por un supuesto agotamiento crónico; se dice que él ya había presagiado su muerte y advirtió que regresaría a los tres días, por lo que pidió no ser sepultado inmediatamente. Desafortunadamente, no volvió a la vida pero continua presente en el corazón de sus seguidores quienes aún “interactúan” con su presencia espiritual dando origen a las diferentes manifestaciones del fidencismo. Pero, ¿quién fue verdaderamente El Niño Fidencio? ¿Por qué se le denominaba como niño siendo un adulto mayor que vivió cuarenta años? ¿Quién fue el presidente que acudió a visitarlo? ¿Cuál es su legado en la actualidad?

 

Su nombre completo fue José de Jesús Fidencio Constantino, y nació el 18 de noviembre de 1898 en el Rancho de las Cuevas, en el municipio de Iramuco, Guanajuato. Quedó huérfano de padre y madre cuando tenía solo 10 años de edad. 

Según anécdotas, Fidencio tuvo una infancia difícil, por su prematura orfandad, pero muy pronto fue apadrinado por Enrique López de la Fuente, un ex coronel villista que se hizo cargo de él y lo llevó a una ranchería que administraba en el poblado de Espinazo, para que Fidencio se dedicara a las labores domésticas. La ranchería donde vivía era propiedad de un empresario alemán de nombre Teodoro Von Wernich, espiritista y letrado. Fidencio llegó a Espinazo al inicio de la década de 1920, proveniente de Guanajuato. Hasta ese momento solo había cursado el tercer año de primaria, es decir, no contaba con ningún estudio referente a la medicina, cosa para nada extraña pues en ese momento México seguía recuperándose de los estragos que dejó la Revolución Mexicana. Se identificaba como un ferviente católico y gran devoto de la Virgen de Guadalupe. 

Inicios como curandero 

Los relatos orales narran que Fidencio tuvo un sueño; en un pirul grande ubicado en la 

entrada de la ranchería,  el mismísimo Jesucristo le decía que poseía un gran don de la 

curación y tenía que aprovecharlo. Fue a partir de entonces que a mediados de la década de 1920, siendo peón de la ranchería, comenzó a ayudar a trabajadores con sus dolencias, a socorrer a mujeres durante el trabajo de parto, y a curar enfermedades con herbolaria que tenía a su alcance. A los 27 años comenzó a desarrollar popularmente sus poderes como taumaturgo , y el reconocimiento llegó cuando el alemán dueño de la hacienda donde vivía, Teodoro von Wernich, fue diagnosticado de una extraña enfermedad casi incurable. Fidencio con sus poderes milagrosos, logró curar por completo a su patrón, y como agradecimiento por sanarlo, el alemán dejó convertir su ranchería en un sanatorio, y difundió la noticia de “Fidencio el milagroso” a los alrededores del poblado, llegando a congregar posteriormente a miles de personas diariamente en busca de una cura a sus problemas de salud.

Existe otra versión, donde se dice que el señor Wernich sufrió severas picaduras de hormigas rojas en las piernas, y que los doctores no tenían más opción que amputar ambas extremidades. Fidencio intervino prometiendo que él lo curaría, y lo hizo con un remedio hecho con tomates combinados con hierbas y así fue como logró sanar a su patrón. Esto lo cuenta Fabiola López de la Fuente, actual rectora de la Iglesia Fidencista. Se dice que también, curó a la esposa del señor Wernich, quien en ese momento estaba embarazada con complicaciones por el acomodo del niño, y Fidencio procedió a poner en su lugar al bebe y pudo nacer sin problemas.

¿Por qué el sobrenombre de El Niño? 

Para muchos de los seguidores del fidencismo, Fidencio no dejó de ser nunca un niño, debido a la inocencia característica de un infante, tal como su voz aguda y aniñada; sus rasgos faciales, su pureza y castidad digna de un santo así como el trato siempre amable que mantenía con sus pacientes. Lo cierto es que está documentado que Fidencio padecía del síndrome de Klinefelter, un trastorno genético en el que los varones nacen con un cromosoma X de más, y eso provoca bajos niveles de testosterona, poco bello facial, nula producción de esperma y un mal desarrollo de los genitales. Esta información la sostiene el historiador Fernando Garza Quiroz en su libro El Niño Fidencio y el Fidencismo. Hay testimonios orales que mencionan haber visto los genitales del Niño Fidencio cuando se bañaba, siendo estos miembros subdesarrollados. Según se dice además, Fidencio tenía el paladar hundido, de una forma que asemejaba una cruz, lo que provocaba su timbre característico de voz y que a su vez utilizaba para hacer moldes con su paladar hechos con masilla o resina, que bendecía y ponía a los enfermos como método curativo.

 

Fidencio era todo un personaje, le fascinaban las fotografías y tenía un fotógrafo particular; utilizaba túnicas tal cual apóstol, y caminaba descalzo. Tenía una gran amor por los animales y mucha simpatía con allegados y desconocidos, quienes tuteaba como “madrina” o “padrino”. En el año de 1928, el fotógrafo y periodista Gustavo Casasola acudió a visitarlo y registrar una serie de imágenes donde gusta de posar solo o en compañía de algún enfermo realizando curaciones

Métodos de curación más populares

Como se mencionó desde un principio, la popularidad del Niño Fidencio se debe a sus inusuales métodos de curación, así como la gran cantidad de creyentes que llegó a sanar. Se dice que realizaba jornadas completas de 22 horas diarias o hasta dos días continuos de trabajo. Dentro de sus milagros más populares están los siguientes: 

Operaciones de cataratas, partos con cesáreas y extirpación de tumores con vidrios. Se dice que rompía botellas al instante y analizaba los pedazos, hasta encontrar alguno que pudiera servirle. Hervía el bisturí improvisado en agua y procedía a operar. Cabe destacar que no aplicaba ningún tipo de anestesia.  Algunos de estos tumores quedaron para su exhibición dentro de frascos en su casa en Espinazo que actualmente cumple como mausoleo y centro religioso 


Curación de mudos, minusválidos y personas con parálisis en una especie de Columpio Mágico. A un costado de su casa, donde atendía a la mayoría de los enfermos existía un columpio común y corriente, pero el milagro consistía en sentarse junto con el enfermo y balancearse hasta llegar a una altura considerable. En algún punto el paciente comenzaría a gritar, caminar o moverse con libertad, habiéndose curado de su enfermedad.

Curaciones masivas. Cuando había grandes conmemoraciones de pacientes esperando ser aliviados, El Niño Fidencio se paraba sobre el pirul donde tuvo la visión de Jesucristo, y desde allí arrojaba fruta, cacahuates o se arrojaba a sí mismo tal cual estrella de Rock & Roll. Los pacientes al recibir tan particular unción se curaban.

Manejo de problemas mentales. Tenía otros métodos peculiares para curar la esquizofrenia o cualquier enfermedad de la mente. Fidencio tenía un puma desdentado  sin garras, el cual tenía resguardado en una habitación de algún punto de su casa. El paciente encerrado con el puma y por el susto se provocaba alguna reacción milagrosa, que curaba hasta los que no podían hablar.

Fidencio ortodoncista. Curaba dolores de muelas y problemas bucales usando unas pinzas comunes y sin poner anestesia.

 

Lago de lepra. En un famoso estanque de lodo milagroso El Niño Fidencio bañaba a leprosos y a enfermos cutáneos, y estos sanaban. El actual estanque aún sobrevive en la actualidad y es utilizado por los fieles fidencistas quienes acuden a bañarse para sanar dolencias

 

Visita del presidente Plutarco Elías Calles 

El 8 de febrero de 1928, el Presidente de la República a bordo del Tren Olivo acudiría a visitar a Fidencio. Según versiones, fue una simple visita por la enorme popularidad del curandero, y aprochechando que el presidente se encontraba cerca de la región en una gira acudió al santuario. Otras versiones señalan que el presidente Calles acudió a tratarse una supuesta lepra que comenzaba a aquejarlo. 

El caso es que la recepción de los pobladores de Espinazo fue excepcional y digna de una visita oficial a cualquier otra autoridad gubernamental. Según noticias, la reunión entre Calles y Fidencio fue de carácter privado, donde el curandero explicaba los métodos que realizaba y su cercanía con Dios. Otra versión menciona que el Presidente de la República acudió al taumaturgo por una enfermedad que acechaba su piel. Según relatos de la prensa, se dice que la consulta duró tres horas, el Niño analizó el cuerpo desnudo del mandatario hasta que determinó que tenía ataxia -una curable enfermedad muscular -, y con un baño de fomentos y miel logró quitar los malestares. Sería complicado descartar una versión de la otra pero lo que sí hay que destacar es la gran relevancia nacional que El Niño llegó a tener en su momento.

Un corresponsal de San Luis Potosí el Periódico Acción con fecha del 14 de febrero de 1928, recogió un supuesto fragmento de una de las conversaciones entre Fidencio y Calles: “Nunca he rezado – añadió textualmente el niño- pero mi instinto me hace sentir a Dios con todas mis fuerzas del alma, y él me ayuda a sacar a mis semejantes de las garras del dolor. El señor Presidente de la República sonrió complacido ante la simplicidad del taumaturgo, y le estrechó la mano afectuosamente, así como a todos sus acompañantes. (…) El señor presidente permaneció seis horas en Espinazo, conversó con enfermos y a las 23 horas llegó a Paredón para continuar su viaje rumbo a Saltillo, desde donde continuaría a México. 

Muerte y legado

Fue el 19 de octubre de 1938 que el Niño Fidencio, víctima del agotamiento por sus 

ininterrumpidas consultas a los desahuciados que peregrinaban para verlo murió desplomándose repentinamente. Él mismo había presagiado su muerte y días previos pegó en los marcos de las puertas de Espinazo listones negros. Los testimonios dicen que pidió a sus fieles no ser sepultado inmediatamente, pues regresaría, lo que se interpretó a un último milagro similar al de la resurrección de Jesús. Pasados los tres días, y con el cuerpo “intacto”, fue enterrado en el interior de su casa que en la actualidad funge como mausoleo y centro religioso. Esa resurrección quizá no fue en carne como se esperaba, y si en espíritu como sostienen los seguidores del fidencismo, pues el Niño a través de oraciones y cánticos llega a poseer a sus fieles y se manifiesta en sus cuerpos, para que ellos sigan con su labor de realizar curaciones. 

Estos neo-curanderos auto denominados cajitas , a través de prácticas médico-religiosas continúan con el legado de Fidencio Constantino. La influencia es tal que existe la llamada Iglesia Fidencista, que imita acciones y ritos de las Iglesia Católica, mas continúa siendo desconocida y catalogada como una institución anti-clerical. Este 19 de octubre se cumple un aniversario luctuoso más y se celebra con fiesta y algarabía en el poblado de Espinazo, donde siguen acudiendo fieles fidencistas de distintas partes de México y de Estados Unidos.

– Asterión

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