#Efeméride: 29 de abril de 1945: Benito Mussolini y su amante se convierten en piñatas

29 de abril de 1945

Benito Mussolini y su amante se convierten en piñatas

La mañana de un día como hoy pero de 1945, la Plaza de Loreto en Milán amaneció con dos cuerpos que colgaban de cabeza sobre las vigas de una gasolinera ubicada en la plaza. Se trata ni más ni menos que de Benito Mussolini y su amante, Claretta Pettacci, y habían sido colocados ahí por partisanos comunistas que esperaban que la población se ensañara con ellos y agrediera los cuerpos, lo que en efecto ocurrió cuando los asistentes golpearon, azotaron, aventaron verduras y otros víveres, pegaron con martillos e incluso le dispararon a los cuerpos inertes, en una clara y lastimosa demostración de un descontento social por su gobierno que encontró, en la humillación de los cadáveres, una válvula de escape.

Mussolini ejercía entonces aún el cargo de Duce de Italia, aunque desde 1943 gobernada la conocida como República Social Italiana, un estado títere de la Alemania de Hitler después de que los teutones rescataran a Mussolini y lo reinstalaran en su cargo tras la invasión aliada de 1943. Sin embargo, Mussolini era responsable de haber llevado a la nación italiana (a la que gobernaba desde 1922) a un fascismo y a formar parte de la Segunda Guerra Mundial en alianza con Alemania y Japón. Eso, más el descontento de la población por la derrota en la guerra y las condiciones de vida aún antes de esta, explica la violenta y genuina reacción ocurrida en la Plaza de Loreto.

No obstante, es importante señalar que los cuerpos exhibidos y violentados ese 29 de abril se encontraban ya sin vida, pues ambos personajes habían sido fusilados el día anterior en Dongo, en la provincia de Lombardia. Mussolini fue sorprendido y arrestado por partisanos comunistas el 27 de abril, quienes determinaron que debía ser ejecutado y cumplieron la orden al día siguiente, para después trasladar los cuerpos inertes a Milán y exhibirlos. Las circunstancias específicas del arresto y fusilamiento aún a la fecha no han sido completamente esclarecidas, sin embargo, suele tomarse por cierta la declaración de uno de los partisanos, Walter Audisio, de que fue él quien disparó y ejecutó al Duce.

Sea como fuere, la muerte de Mussolini se da sólo dos días antes del suicidio de Adolf Hitler en Berlín, por lo que ambas muertes son el inevitable colofón que marcó el final de la II Guerra Mundial, que para las potencias del eje se encontraba ya perdida en lo militar desde hacía algunos meses. Se ha concluido que la exhibición de los cuerpos responde a una añeja tradición del norte de Italia en la que se exhibían los cuerpos de los ahorcados, un tanto para escarnio de la población y otro tanto para protegerlos (por la altura) de la propia población.

Es imposible saber si los partisanos que colgaron a Mussolini y Pettacci lo hicieron siguiendo esta tradición o sólo querían exhibir los cadáveres como señal de victoria y del final del fascismo en la nación, pero si está claro que la protección de los cuerpos no era una preocupación y la población, fuera de control, no se conformó con el simbolismo del final del régimen, sino que logró hacer evidente su descontento con quienes lo perpetraron convirtiéndolos, si se nos permite la analogía, en piñatas.

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