Hessianos

El 26 Diciembre 1776 en Trento, Nueva Jersey, comenzó un enfrentamiento entre las tropas del general George Washington y las tropas del general Johann Rall, un enfrentamiento que traería las primeras victorias del ejército continental contra un ejército de mercenarios alemanes. Pero, ¿qué hacían alemanes peleando en las colonias inglesas?

En esta entrada hablaremos de los hessianos.

Primero debemos de saber de dónde surgen estas tropas del sacro Imperio Romano Germánico y para eso nos remontaremos a 1568, a la muerte del landgrave Felipe I de Hesse, cuando su Langraviato se dividió en 4 partes para sus 4 hijos: Hesse-Kassel, Hesse-Marburgo, Hesse-Rheinfels y Hesse-Darmstadt. De estos 4 nos enfocaremos en Hesse- Kaseel, heredado a su hijo mayor Guillermo IV.

Durante este tiempo Europa se caracterizó por una guerra constante, y la mano de obra militar tenía una gran demanda. Alemania todavía no era una nación unificada y la necesidad de defenderse contra Estados preparados y bien armados condujo a la creación de ejércitos profesionales, que en consecuencia fueron experimentados y bien entrenados. Muchas sociedades alemanas se militarizaron, con la mayoría de los hombres recibiendo capacitación anual desde la adolescencia hasta la edad adulta. Los Estados alemanes variaron considerablemente en tamaño y riqueza, y varios llegaron a confiar en sus tropas como un recurso económico, especialmente porque mantener un ejército permanente era costoso.

Con esta premisa los Estados alemanes prestaban tropas durante las guerras que se suscitaban en Europa. Hesse-Kassel pronto surgió como la fuente más prominente de soldados convirtiéndose en el Estado más militarizado de Europa, teniendo uno de cada cuatro hogares un integrante en el ejército. Todos los hombres de Hesse se registraban para el servicio militar a la edad de siete años, y desde los 16 hasta los 30 años, tenían que presentarse anualmente a un oficial para un posible reclutamiento.

El servicio militar era notablemente estricto y exigente, enfatizando la disciplina de hierro a través del castigo draconiano. Sin embargo, la moral en general era alta, y se decía que los soldados se enorgullecían de su servicio. Los oficiales generalmente tenían una buena educación y eran promovidos por méritos. A los soldados se les pagaban salarios relativamente altos y sus familias estaban exentas de ciertos impuestos.

En las guerras que participaba Hesse-Kassel nunca tuvieron ningún interés en el conflicto, llegando a participar en la guerra de Suecia contra Rusia, la guerra de sucesión de Austria y la Guerra de los siete años.

En 1760 sube al poder el Landgrave Federico II, quien se encontraba emparentado con Jorge III de Gran Bretaña. Cuando comenzó el movimiento independentista de las 13 colonias, Gran Bretaña recurrió a los Estados alemanes para buscar los militares que le hacían falta. Después de la guerra de los Siete Años, Gran Bretaña desmovilizó su ejército para aliviar la deuda masiva causada por la guerra. Muchos de estos recortes presupuestarios provienen del ejército para mantener la poderosa armada en la que Gran Bretaña confiaba para proteger su imperio. Cuando comenzó la revolución, Gran Bretaña necesitaba soldados entrenados para luchar no solo en América del Norte, sino también en todo su imperio.

Así que durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos, Federico II y otros príncipes alemanes ofrecieron algunas de las unidades de sus ejércitos regulares a Gran Bretaña para su uso en la lucha contra los rebeldes. Unos 30 000 de estos hombres sirvieron en las colonias de América, donde a menudo el ejército continental denominaba a estos auxiliares de los Estados alemanes hessianos.

Las tropas alemanas sirvieron durante toda la revolución, y fueron temidas y admiradas por su disciplina y ferocidad. Jugaron papeles importantes en muchas batallas, pero son más famosas por su servicio en las batallas del norte. En White Plains, los hessianos bajo el mando de Leopold Philip de Heister golpearon las líneas americanas hasta que se rompieron. En el fuerte Washington, los hessianos bajo Wilhelm von Knyphausen vencieron a los defensores estadounidenses.

De 1776 en adelante los soldados de Hesse pelearon en la mayoría de las batallas más importantes, incluyendo los de Nueva York y la campaña de Nueva Jersey, de la cual destaca la batalla de Trenton por haber sido tomadas sorpresivamente las tropas hessianas y recibir una derrota que ayudaría a avivar la esperanza de los independentistas; la batalla de Germantown, el cerco de Charleston y el Sitio de Yorktown.

A lo largo de la guerra, los colonos trataron de atraer a los hessianos a abandonar a los británicos, haciendo hincapié en la gran y próspera comunidad germano-estadounidense. El Congreso de los Estados Unidos autorizó la oferta de tierras de hasta 20 hectáreas a soldados de Hesse que cambiaron de bando.

Muchos de los alemanes que fueron capturados durante la guerra fueron retenidos en Lancaster, Pennsylvania. La zona era ideal debido a su distancia de los combates y la gran población de habla alemana. Entre el 40 y el 50 por ciento de las tropas alemanas no regresaron a casa. Muchos de estos fueron víctimas, pero algunos optaron por quedarse en los Estados Unidos, atraídos por la oportunidad y la libertad que ofrece la nueva nación.

-Barbarella

Buffalo Soldier

Una historia americana

En 1861 Estados Unidos comenzaría una guerra interna entre los estados del sur ( la confederación ) y los estados del norte ( la unión ) que se convirtió en la lucha por mejorar la situación de un grupo poblacional que había sido históricamente abusado y denigrado y, que en ese momento, buscaba su integración a la sociedad norteamericana como personas libres y con derechos.

Rápidamente ambos bandos levantaron ejércitos voluntarios y conscriptos que lucharon principalmente en el Sur a lo largo de cuatro años. Dentro de los regimientos comenzaron a enlistarse afrodescendientes, en su mayoría antiguos esclavos o descendientes de ellos. Este grupo veía en aquel destino una oportunidad de demostrar la valía de su raza a un país que todavía los veía como poco más que animales.

Su bautismo de fuego se dio en uno y otro bando de la Guerra de Secesión(1861-1865), sirviendo particularmente todo como carne de cañón a las órdenes de blancos en la Unión o cavando trincheras para la Confederación. Su actuar ayudó a la aceptación de sus compañeros blancos al demostrar que eran militares de primera.

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Cartel de reclutamiento

Una vez que terminó la guerra en 1865, la mayoría de estas unidades se disolvieron y sus hombres regresaron a la vida civil. Sin embargo, al año siguiente, el Congreso decidió concentrarse en algunos problemas con la expansión hacia el oeste; a medida que la frontera se extendió más lejos, había más y más conflictos con los nativos americanos en las llanuras. Se decidió que a pesar de que Estados Unidos ya no estaba en guerra, regimientos militares serian necesario para se enviaran al oeste. Es así que en 1866 el Congreso de los Estados Unidos aprobó la creación del 9° y 10° regimiento de caballería, en Fort Leavenworth, Kansas; los cuales estaban formados en su totalidad por afroamericanos y estaban destinados en ambos casos para prestar sus servicios en las guerras indias.

Ellos se encargaron de proteger a los colonos y los vagones de tren, así como diligencias y trabajadores de ferrocarriles. Además, fueron asignados para ayudar a controlar el conflicto cada vez más volátil entre los colonos blancos y la población local de nativos americanos.

Una de las primeras batallas en la que participó el regimiento fue la Batalla del río Salinas, transcurrida a 25 millas al noroeste de Fort Hays, acaeció finales del mes de agosto de 1867, donde un grupo de trabajadores del ferrocarril fue aniquilado por tribus hostiles Cheyenne.

Durante la campaña de invierno, el regimiento junto al General William Tecumseh Sherman se enfrentó a los Cheyennes, Arapahoes y Comanches. Varias unidades del 10° consiguieron hacer huir a la tribu Cheyenne hacia el noroeste, donde fueron interceptados por el general George Armstrong Custer y el 7° Regimiento de Caballería, siendo derrotados en la decisiva batalla que hubo cerca de Fort Cobb, en territorio indio.

En el transcurso del periodo de servicio en las guerras indias, los regimientos integrados por hombres afroamericanos no sólo demostraron un alto grado de profesionalidad y dedicación al servicio, sino que en su seno tuvo lugar un porcentaje de deserciones sensiblemente menor al habido en el resto de fuerzas empleadas en estas campañas.

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Caballería

Estas características más la valentía y ferocidad demostrada en el campo de batalla hizo que los nativos denominaran a el 10° batallón con el nombre de buffalo soldier (soldado búfalo). Quienes los nombraron y el significado del nombre varía dependiendo de las fuentes. Una historia es que una de las tribus nativas, ya sea la Cheyenne o el Apache acuñó la frase debido a la textura del cabello a los soldados americanos africanos, diciendo que era similar a la capa de lana de los búfalos. Otros dicen que se les confirió por su capacidad de lucha, en honor de la feroz valentía de los búfalos.

Otra historia dice que los kiowas dieron este nombre al 10° Regimiento de Caballería movidos por la admiración que les suscitaba, tras una serie de enfrentamientos con este regimiento en la zona del oeste de Kansas. Las tropas afroamericanas asumieron con orgullo el apodo, tanto así que el 10° batallón adoptaría la imagen de un búfalo como parte de su escudo.

Este batallón se convertiría en la mayor pesadilla de los indios, por contestarles con su misma moneda. Si a los indios les gustaba arrancar la cabellera de sus enemigos, preferiblemente otros nativos, a modo de trofeo; a los Buffalo Soldiers les gustaba también este tipo de mutilación.

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Buffalo Soldier. Nótese el detalle de Casilla

Participaron en la mayoría de las campañas militares y consiguieron el reconocimiento de sus heroicas acciones. Diecinueve de sus integrantes fueron honrados con la concesión de la Medalla al Honor, la más alta condecoración concedida por el Congreso norteamericano, por el reconocimiento al valor en el combate. Se distinguieron en acciones de rescate de fuerzas expedicionarias y destacamentos acosados por ataque indios. De hecho, el 10° fue el primero en asistir a los supervivientes de la Batalla de Beecher Island en 1868 y soldados del 9° fueron los integrantes del primer destacamento que llegó al rescate de los soldados sitiados por los Ute en Milk Creek, en 1879.

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Buffalo Soldier en acción

Los Buffalo Soldiers fueron a menudo víctimas de prejuicios raciales tanto por miembros del propio Ejército como de civiles de las zonas en que se hallaban destacados. Esto provocó ocasionalmente actos de violencia. Algunos Buffalo Soldiers estuvieron implicados en los disturbios raciales acontecidos en la ciudad de Río Grande en 1899, en Brownsville en 1906, o en Houston en 1917.

Además de la Guerra de Secesión y las guerras indias, el regimiento formó parte en la Guerra hispano-estadounidense en 1898, junto a los regimientos 24°. 25° y el 9° de Caballería.

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Posando

Los Buffalo Soldiers no participaron como unidades organizadas en la Primera Guerra Mundial. A principios del siglo XX, fueron utilizados como fuerza de trabajo o como tropas de servicio, pero no como unidades de combate. Durante la Segunda Guerra Mundial, los 9° y 10° regimientos de Caballería fueron desmantelados, y los soldados que a ellos pertenecían fueron destinados a unidades auxiliares. No obstante, uno de los regimientos de Infantería, el 24°, combatió en el teatro de operaciones del Océano Pacífico, al igual que la 92° División de Infantería, apodada la División de los Soldados Búfalo.

El 24° Regimiento de Infantería luchó en la Guerra de Corea, siendo el único regimiento formado únicamente por personas afroamericanas que participó en combate. Fue desmantelado en 1951, siendo sus soldados destinados a otras unidades en Corea. Sería la última batalla en la cual participarían los Buffalo Soldiers.

Su pelea no solo fue contra los enemigos de su nación, sino contra sus propios compatriotas que todavía guardaban esos prejuicios raciales contra ellos. Donde el no poder admitir sus habilidades, destrezas y disciplina en el campo de batalla, los hacia minimizar las acciones militares que llevaban a cabo estos batallones.

¿Qué nos queda hacer a nosotros como historiadores frente a estas historias? ¿Divulgarlas? ¿Investigarlas más a fondo? ¿Dejarlas en la anécdota o en la memoria colectiva de una población?

Con el avance tecnológico y los medios de difusión que existen actualmente esas preguntas quedan en manos de quien lea esta entrada.

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-Barbarella

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¿Los mitos fundacionales han caducado?

¿Qué son los mitos?

Los mitos son uno de los medios que emplean las sociedades humanas para interpretar las fuerzas creativas, los fenómenos naturales y los acontecimientos que escapan a su control. Procurar explicar, por ejemplo, cómo llegaron al mundo la maldad y la muerte, o la relación entre el tiempo y eternidad; también describen sucesos tales como el comienzo o el fin del mundo, o las hazañas  de los héroes culturales y fundacionales. A su vez, ofrecen una visión de la condición humana y constituyen una fuente de inspiración y consuelo, cuando los seres humanos se enfrentan con lo desconocido y lo aparentemente irreconciliable.

Pero también pueden funcionar para legitimar el poder, una posición dentro de una sociedad y recubrir de misticismo el origen de una civilización. Entonces les llamamos mitos fundacionales.

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Mito fundacional de Roma

¿Qué es un mito fundacional?

Se considera mito fundacional a la estructura simbólica correspondiente a la vida y cultura del ser humano y presente desde el origen de las civilizaciones. Tienen una doble función: dar sentido y explicar a las instituciones existentes remitiendo a los tiempos originales en la historia de la humanidad. Recurrimos a ellas para encontrar una solución, sentido o respuesta a alguna interrogante de nuestros tiempos.

Poseen características que ayudan al entendimiento de ideas, costumbres, creencias o la formación de naciones.

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La leyenda de la fundación de México-Tenochtitlán como ejemplo de mito de fundacional

La mayoría de las sociedades y/o culturas comparten mitos fundacionales, ideas de cómo una “fuerza divina” los escogió para legitimarlos en el poder y poder establecer una jerarquía social con base en los mismos.

Pero, ¿Por qué recurrir a ellos?  

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La espada en la piedra. ¿Mito fundacional?

En algunas sociedades formaban parte del control y sumisión de los súbditos,  ayudaban en las batallas como factor psicológico cuando se daban los enfrentamientos, motivaban a crear un sentimiento de grandeza frente a otras sociedades, pero también ayudaban a fomentar una identidad nacional y sentido de pertenencia.

Entonces ¿los mitos fundacionales son parte de un pasado un tanto lejano? No podríamos asegurar esto, ya que siguió siendo ocupado hasta inicios del siglo pasado, para crear la identidad de potencias europeas que se encontraban emergiendo. Pero no solo eso, muchos países que buscaban democratizar sus sistemas tomaron como bandera mitos fundacionales para lograrlo y poder construir un nuevo programa de nación con base en sus renovados mitos, ideas y sistemas económicos,  que servirían para fundar las nuevas naciones que serían faro inspirador para más naciones.  En esto podemos enumerar a Alemania,  la Unión Soviética, Italia, Cuba, China y en la actualidad a Corea del Norte.

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Ernesto Guevara y Fidel Castro

¿Se usan actualmente los mitos fundacionales?

La idea del mito fundacional no solamente queda aquí, se ha modernizado y adaptado a las nuevas demandas tecnológicas, sociales y de ideologías en nuestros días, dejando el halo de misticismo y sobrenatural para pasar al marketing y la publicidad, dotando a identidades y personajes de redes sociales de una estructura social (llámale followers, amigos, seguidores, suscriptores, etc.) para formar sus propias aldeas virtuales en este mundo globalizado, donde sus mitos fundacionales quedan registrados en la nube y estos se legitiman como los pioneros de tal o cual tendencia.

Pero esa esa es otra historia que les tocará estudiar y analizar a las siguientes generaciones de historiadores.

Por cierto, ¿nos pueden invitar una tacita de café? Se los agradeceríamos mucho.

-Barbarella

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Las películas en la memoria histórica

Dicen que una imagen vale más que mil palabras y es justo en nuestro siglo donde esa frase retumba aún más fuerte dentro de la memoria colectiva.  Ante la importancia que en la actualidad tienen las imágenes cinematográficas en los procesos de construcción de la memoria individual y colectiva de la identidad realizó esta pequeña reflexión acerca del impacto del séptimo arte en la percepción histórica.

El cine nace en 1895 y desde entonces se convirtió en un medio de expresión privilegiado de nuestra época. Se constituye en un medio de comunicación masivo, propio de la sociedad urbana industrial, capaz de influir en la forma que las personas estructuran el mundo. En síntesis, se vuelve parte de la cultura de masas.

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Sus imágenes constituyeron a lo largo del siglo pasado y en lo que ha transcurrido del actual, un inmenso laboratorio para la reflexión no solo de los historiadores si no de las demás ciencias sociales, de este modo, la tarea de investigar el devenir de los procesos socio históricos cuenta hoy con este inestimable recurso provisto por la ciencia y la tecnología modernas.

 

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Cine como parte de la historia.

El cine se convirtió, sin duda, en el arte que mejor expresa las contradicciones y el devenir de la vida moderna, porque surge como una tecnología que permite la circulación, la movilidad de la mirada y la restitución de lo efímero, pero también como un medio de expresión constitutivo de una nueva colectividad, esto es, un tipo de público receptivo a las imágenes y con una mirada capaz de asumir la dificultad de percepción del espacio y el tiempo que la modernidad trae consigo.

Las películas nos brindan otras versiones del pasado y son considerados como “memorias relevantes” que reclaman ser tenidas en cuenta a la hora de reconstruir los hechos históricos. El cine nos aproxima al pasado de una forma especial y por lo mismo exige un ejercicio interpretativo crítico por parte del sujeto y la sociedad que lo mira.

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Historiadores y el cine.

Los historiadores han discutido sobre el valor de estos documentos ágrafos y, como parte de esta discusión, analizan la importancia de la interpretación de acontecimientos históricos en la sociedad moderna orientada preponderantemente hacia las imágenes. Tanto las fuentes escritas como los testimonios cualitativos y artístico-culturales son herramientas que se complementan permitiendo una reconstrucción multilateral, brindando distintas perspectivas de abordaje que pueden contribuir a plantear nuevos interrogantes en los temas investigados.

La imagen cinematográfica nos proporciona fragmentos y pequeños vestigios del pasado, que en su diálogo con el presente nos permiten establecer vínculos con lugares cercanos o lejanos a este último. La lectura que se haga de las imágenes cinematográficas dependerá de la sociedad que las mire y de quienes crean que ellas constituyen una huella de la historia, pero una huella muy particular, pues a lo largo de su historia el cine ha construido una memoria que le es específica, que no nos muestra »lo real» en sí mismo o en estado bruto sino que como artefacto retórico se ha consolidado como un medio creador de sentido.

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Cine como medio de crear historia

El cine puede ser una vía legítima de hacer historia, de representar, interpretar, pensar y dar significado desde las huellas del pasado. La historia no debe ser reconstruida únicamente en el papel, ya que a través de elementos como el sonido, la imagen, la emoción y el montaje, una película ofrecería otras versiones de los hechos y puede hacernos reflexionar sobre los mismos. La historia, aunque ciencia humana de lo particular y lo concreto, no puede entender el pasado sin crear abstracciones como revolución, progreso, modernización. Pero a diferencia de la palabra, la imagen fílmica no puede abstraer o generalizar. Esta es una característica de la representación fílmica del pasado: explicarlo a través de individuos, actuando dentro del proceso histórico, padeciéndolo o intentando transformarlo.

El cine como artefacto cultural e ideológico y medio de comunicación masivo, ofrece al historiador múltiples perspectivas de análisis: como documento histórico, versión fílmica del pasado, como recurso didáctico, sistema significante, y lugar de la memoria y del imaginario social. Todas ellas constituyen espacios de encuentro, de intersección entre estas dos prácticas y determinan la conformación de un nuevo campo explorado por los investigadores que valoran las imágenes en movimiento como elementos relevantes para la construcción del saber histórico.

-Barbarella

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La práctica pedagógica y la Historia

Uno de los campos de trabajo que posee la Historia es la docencia, el cual lamentablemente este ha sido poco explorado tanto por pedagogos como por historiadores, al no propiciar una metodología de enseñanza para la creación de aprendizajes significativos en los educandos.
Con frecuencia, la historia ha sido objeto de utilización no educativa o antieducativa en las ordenaciones curriculares con la idea de conformar una ciudadanía adicta y afecta a las ideologías y valores de los grupos que controlaban el poder. Debates sobre la intervención política en los programas de Historia ha habido muchos en casi todos los países y ello ha supuesto un factor añadido a las dificultades que tiene esta materia para ser tratada académicamente como ciencia social, en la medida que se percibe como un contenido incierto e inseguro en los programas escolares y ligado a posiciones ideológicas por unos y por otros.

Los alumnos sufriendo


Cuando lo que se pretende enseñar no es percibido por los educandos con la estructura epistemológica y sus características fundamentales que tiene de hecho un conocimiento científico, que suele ser el que los docentes tienen dada su formación académica, se puede producir una total incomprensión entre profesor y alumno que no solo dificulta el proceso de enseñanza-aprendizaje, sino que, en la práctica, lo convierte en inviable. Y esto es lo que ocurre con la historia en el ámbito escolar. La mayoría de los alumnos no la reconoce con los rasgos propios de una ciencia social sino como un saber menor que no exige mayor esfuerzo que el de recordar algunos datos y explicaciones para las pruebas de evaluación. Y ello en el mejor de los casos, ya que en ocasiones simplemente la perciben como una interpretación subjetiva e ideológica que les intenta transmitir el profesor en turno de la materia.

Prueba de lo dicho se refleja en la visión que las investigaciones nos muestran sobre la visión de la historia por los estudiantes. Los alumnos considera que la asignatura de Historia, y la propia historia, no necesita ser comprendida sino memorizada. Socialmente la historia se suele identificar como un conocimiento solamente útil para demostrar “sabiduría” en concursos televisivos, o para recordar, manifestando una pretendida erudición, datos y efemérides. La principal habilidad intelectual que se requiere para saber historia es, según la percepción de la mayoría de los jóvenes, tener una gran memoria. Nada más lejos de la realidad.
Todos los datos apuntan a que la incorporación de los contenidos no estrictamente fácticos de contenido moral (“los buenos y los malos”) no han sido aprendidos y menos incorporados por los estudiantes, después de acabados sus estudios obligatorios. Dicho de otra forma, no han aprendido la naturaleza de la explicación histórica y sus conocimientos no distan demasiado de la historia que la que tenían que aprender los que estudiaron en la época en que era obligatorio memorizar monarcas, nombres de batallas o fechas.


Las investigaciones coinciden, de manera indefectible, en las siguientes concepciones y valoraciones del alumnado: primero, que la historia es una materia fácil, aburrida y poco útil; segundo, que tan solo exige buena memoria y que se aprende fácilmente las noches anteriores al examen; tercero, que es muy poco interesante, entendiendo el interés por las dificultades de comprensión y esfuerzo de dilucidación que exigen las materias que el alumno juzga de verdaderamente interesantes.


La interpretación de estas apreciaciones, que sitúan la historia muy lejos de lo que los historiadores y profesores de historia esperarían y pretenderían con la enseñanza de la materia, no se revela únicamente por una hipotética deficiencia en la metodología didáctica empleada por la mayoría del profesorado, aunque esta puede ser uno de los posibles motivos. Debe considerarse, también, las evidentes dificultades que supone la enseñanza y el aprendizaje de una materia, como es la Historia, por dos tipos de causas: en primer lugar, porque la Historia forma parte del contexto cultural y social que ejerce, creo que de una manera determinante, una gran influencia en la concepción que los alumnos y alumnas tienen de esta materia. En segundo lugar, por la enorme complejidad y nivel de formalización conceptual que tiene la ciencia histórica.
Las dificultades contextuales están ligadas entre otros, a tres factores: a la visión social de la historia; a la función política que, en ocasiones, pretenden los gobernantes para esta materia; al excesivo presentismo en los programas y en su difusión pública; y por último, a la tradición y formación de los docentes.
Existe una percepción social que identifica saber histórico con una visión erudita del conocimiento del pasado. Según esta percepción, saber historia es igual a ser anticuario o albacea del recuerdo; es conocer curiosidades de otros tiempos, recordar datos que identifican un monumento o un acontecimiento, o, simplemente, recitar nombres de glorias y personajes pasados, generalmente del patrimonio propio. Esta tradición, cultivada desde el siglo pasado por multitud de eruditos locales, ha calado hondo en la sociedad. Nadie reclama al que dice saber historia, una explicación general del pasado, ni que contextualice lo singular en un proceso general dinámico que, por fuerza, resulta complejo y requiere estar dotado de método y teoría. La razón es que la percepción general de este tipo de saber, el histórico, está más cerca de la erudición que de una ciencia social. Este hecho, aunque quizá no sea explicitado por el estudiante, marca profundamente el concepto que se tiene en la sociedad de la materia histórica y aflora frecuentemente cuando sondeamos las ideas previas de los escolares.

Como reflexión final, , debo decir que la materia histórica incorpora importantes dificultades para su enseñanza; unas relacionadas con la propia concepción que tiene el alumnado sobre esta disciplina, otras basadas en su componente de saber social ligado a proyectos ideológicos y políticos, lo que hemos denominado dificultades contextuales y otras, que son específicas de su naturaleza como conocimiento, aspecto que desde mi punto de vista, no se ha tenido en cuenta en la elaboración del actual currículum. Por todo ello, la enseñanza de la historia, su didáctica, tiene planteados importantes retos para situarla en su máxima posibilidad formativa como conocimiento escolar. Los retos, suponen superar los problemas actuales, obviar los modelos cuasi escolásticos que nos ofrece el vigente modelo curricular, y recuperar el añorado impulso de innovación didáctica que estaba tan presente en los momentos anteriores a la elaboración y aplicación de la reforma educativa, esta vez ayudado por una ya apreciable actividad de la investigación en la didáctica de esta disciplina.


C. Fuentes, “La visión de la historia por los adolescentes: revisión del estado de la cuestión en Estados Unidos y el Reino Unido” Enseñanza de las Ciencias Sociales: Revista de Investigación, 1 (2002)
K. Barton, “Investigación sobre las ideas de los estudiantes acerca de la Historia” Enseñanza de las Ciencias Sociales: Revista de Investigación, 9 (2010)
Moniot, H.: Didactique de l’Histoire. París. Nathan Pédagogique. 1993.
Prats, J. y Santacana, J.: “Por qué y para qué enseñar Historia”. J. Prats (coord.). Didáctica de la Geografía e Historia. Barcelona. Ministerio de Educación y Editorial Graò, S.L. 2011.

 

– Barbarella

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