Poinsett. Un James Bond Estadounidense De Principios Del Siglo XIX, Que Fracasó En México

Una historia distinta a la que conoces

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Poinsett

Entre todos los villanos que circulan en nuestra historia, nadie se equipara a Joel Roberts Poinsett. Su mitología es enorme: conspiró contra Iturbide, quiso comprar Texas, fundó la logia yorkina, su pasado intervencionista en Chile le precedió, cónsul en Buenos Aires, manejó a su antojo a Guerrero y despreció el mundo católico hispánico de América. Pero la realidad muestra que se le ha sobrestimado, puesto que no logró su principal encargo que era el de adquirir Texas.

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Mapa de México y EEUU

Mientras vivió en México, claro, se dedicó a conspirar; ¿sus objetivos alternos? romper los lazos culturales con España y Europa; fortalecer, a toda costa, la imagen de Estados Unidos ante la nueva República Mexicana; pero estos derroteros, si bien correspondían al sentir de la joven Unión Americana, él los había personalizado para lograr lo que era el sueño estadounidense: Texas. En eso fracasó.

“Enjuto, blanca la tez, de amplia frente y rostro oval, lo mejor de todo eran sus ojos de arcanas luces grisáceas, imperiales. Si en los ojos devela el alma sus misterios con sutiles voces, en la suya bullía la vida poderosa, la que quiere, piensa y cree, la que tiene ambición, camino y fe.” (Fuentes Mares, 15)

El análisis de su biografía permite explicar el deslumbramiento que logró sobre la sociedad mexicana. Nació  el 2 de marzo de 1779, en Charleston, Carolina del Sur, zona esclavista. Su protestantismo se debe seguramente a que era descendiente de hugonotes franceses. De familia acomodada, se le envió a estudiar a la ya prestigiosa, Universidad de Edimburgo de Escocia, donde se matriculó en Medicina y Química, carreras que no terminó y que cambió por un interés en la milicia, inscribiéndose en la afamada Real Academia Militar de Woolwich, que sería el antecedente inmediato de la más famosa Academia de Sandhurst.

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Academia de Woolwich

 

De carácter inestable regresó a Charleston en 1800 a trabajar en un bufete jurídico. Dos años bastaron para cansarlo de los intrincados resquicios legales y volvió a viajar, esta vez a Suiza e Italia, y al año siguiente a Munich y Viena. Viajero incansable y agudo observador fueron virtudes que sí se enraizaron en él, no obstante que siempre fue de salud frágil.

 

Tuvo que regresar a los Estados Unidos debido a la muerte de su padre. Resolviendo los trámites que lo ataban, en 1806 volvió a viajar: Niágara, Quebec, Nueva Inglaterra, Suecia, Finlandia y Rusia. En este último profundiza sus observaciones y conoce el Mar Caspio, Astrakán, Bakú, Tiflis y Crimea. Tuvo la habilidad en este viaje de hacerse de la amistad del Zar Alejandro I quien, maravillado con el joven de 28 años, le ofrece ser consejero del Imperio Ruso, lo que Poinsett rechazó, debido a su patriotismo estadounidense. Tal vez la explicación obedece también a que tendría que establecerse y ejercer una actividad, seguramente interesante y de gran influencia pero fija, yendo contra su personalidad.

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James Monroe

Con estos antecedentes, no es de extrañar que el presidente James Monroe le encargara visitar México con los siguientes objetivos: entrevistarse con Agustín de Iturbide y recopilar cuanta información pudiera de la situación política de este país vecino; todo con el carácter de “Agente Confidencial”, sí, de espía.

El 3 de noviembre de 1822 fue recibido por el emperador Iturbide y, lo más importante de esa reunión, según nos lo refiere Fuentes Mares, fue la aclaración en la mejor diplomacia posible de parte del soberano hacia el enviado: las instituciones de Estados Unidos no son aplicables en nuestro país, o sea, México. Esto, por supuesto debe de haber molestado al espía; ¿quién podía osarse dudar de las bendiciones del sistema político estadounidense? Antes de esta reunión, ya había tenido ocasión de reunirse con Antonio López de Santa Anna y con Miguel de Santa María, ministro colombiano ante el Imperio Mexicano, así como de enterarse del disgusto que tenían los diputados del Congreso disuelto contra el emperador. El 11 de noviembre de ese año salió hacia Tampico, desde donde se embarcaría el 21 de diciembre con boleto de regreso a los Estados Unidos. Sus reportes fueron claros y premonitorios: el imperio no podía durar y, por supuesto, no era un gobierno al que la joven Unión Americana debiera reconocer.

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Agustín I

El 25 de marzo de 1825, Henry Clay, secretario de Estado de John Quincy Adams, nombró a Poinsett como Ministro de los Estados Unidos ante el gobierno mexicano con las siguientes instrucciones:

  1. Dejar claro que se debería de dejar en paz a Cuba y no intentar nada con respecto a su independencia de España
  2. Establecimiento de nuevos límites territoriales entre México y los Estados Unidos, de manera lógica o provechosa para ambos. O sea, la adquisición de Texas.
  3. Expresar la satisfacción que los Estados Unidos sentían por el hecho de que México hubiera adoptado una república federal
  4. Recalcar la importancia que en los Estados Unidos se daba a la doctrina Monroe –fuera cualquier injerencia europea en América- expresada por el quinto presidente  el 2 de diciembre de 1823.

El 1º de junio de 1825, Guadalupe Victoria acepta con agrado las credenciales de Poinsett, en esta su segunda y, ahora sí, oficial visita a nuestro país, recibiendo a su vez una carta del propio presidente estadounidense felicitando a Victoria, que comenzaba con “To Our Great and Good Friends of the United Mexican States” (Fuentes Mares, 69). No olvidemos que el Ministro de Relaciones Exteriores de México era Lucas Alamán así que, contra lo que esperaba nuestro personaje, la bienvenida fue más bien fría.

Las acciones diplomáticas se centraron, primero, en la necesidad de permitir el paso de comerciantes estadounidenses de Missouri a Santa Fe, cuestión que fracasó ya  que Alamán detuvo cualquier resolución hasta que no se firmara un acuerdo de límites entre ambos países, que actualizara el que Onís (España) y Adams habían firmado en 1817. En segundo lugar: Texas. Alamán lo único que buscaba era ratificar el mencionado tratado de límites entre España y los Estados Unidos. De Texas, ni hablar. El 10 de junio de 1826, ya con Sebastián Camacho como Ministro de Relaciones Exteriores se firmó un acuerdo aceptando los límites pactados en 1817, copia del cual le hizo llegar a su jefe Henry Clay el 7 de febrero de 1828, aclarándole que se había visto “forzado” a aceptarlo. Con respecto a Cuba, como tercer punto; no se le hizo caso. En lo referente a la doctrina Monroe, se le dijo que sí, pero sin instrumentar ninguna acción.

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Lucas Alamán

Ante semejante fracaso, a Poinsett no le quedó otra más que ejecutar lo que mejor sabía hacer y de lo cual ya había dado muestras sobradas en Chile, nación que acabó corriéndolo: conspirar.

El 29 de septiembre de 1825 se instauró la Logia Yorkina, dependiente de Filadelfia, en nuestro país, no olvidemos las raíces masonas de los Estados Unidos: Washington, Jefferson, Madison, Monroe, etcétera. Esta asociación fue conocida como el “partido americano”. A ella se afiliarían los llamados liberales, esto es, aquellos que apoyaban el federalismo, la separación de la iglesia y el Estado, el antihispanismo y la amistad a los Estados Unidos, en una amplia gama de grises, que irían desde buscar la anexión al vecino país del Norte, hasta la alianza, pasando, incluso por el protectorado yanqui. La cuestión religiosa era difícil. Todos eran católicos practicantes, así que romper con la sagrada institución era difícil, no digamos el abrazar el protestantismo. Poinsett mismo se refería a este grupo como el Partido americano.

La masonería ya había comenzado sus actividades en México. Esto databa desde la época de la Nueva España, en plena guerra de independencia. Contra lo que algunos han comentado, los principales líderes de la independencia, Hidalgo y Morelos no eran masones, tampoco Allende. Las juntas que se realizaron con el fin de conspirar contra el gobierno virreinal, eran secretas y, por esa razón hay quien las ha querido confundir con las reuniones de las logias masónicas. La masonería llega con las tropas españolas que venían a apoyar al ejército realista, eran francmasones, o sea traían la influencia que en la península había tenido la masonería de origen francés, aunque sabemos que la fundación de la masonería como tal, fue en Inglaterra. Seguramente, su aparición fue entre 1813 y 1821. Estas logias iniciales eran del Rito Escocés y a ellas se van a adherir muchos de los principales líderes independentistas de esta época como Guadalupe Victoria. Posteriormente, ya en el México independiente la influencia sobre estas va a ser mayoritariamente inglés. Estos van a ser contrastados por el nuevo rito yorkino fundado por Poinsett. Los masones del rito escocés van a ser, mayoritariamente, centralistas, proeuropa, simpatizantes de mantener la situación que se tenía con la iglesia católica y … antiyanquis. Estas dos facciones son el origen de los que se va a conocer en el siglo XIX como partido liberal y partido conservador, respectivamente.

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Masonería

Esta acción de Poinsett es de las que sí se pueden considerar como un éxito en su gestión; la otra fue su reconocida autoría del Motín de la Acordada con la que se desconocieron los resultados de las elecciones 1828 que le dieron el triunfo a Manuel Gómez Pedraza, logrando su deposición y la entronización de Vicente Guerrero como presidente. Vicente Guerrero era conocido nacional e internacionalmente como un incondicional de Poinsett.

Durante la efímera presidencia de Guerrero, el presidente John Quincy autorizó a nuestro personaje a ofrecer cuatro millones de dólares por Texas, incluso hasta cinco millones, oferta que no fue aceptada, sobre todo por el Congreso y que generó una serie de reclamaciones de la mayoría de los políticos mexicanos exigiendo su expulsión.

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Motín de la Acordada

Finalmente, Poinsett fue expulsado de México, a solicitud formal del secretario de Relaciones Exteriores mexicano, José María Bocanegra, en julio de 1829, a su contraparte estadounidense. Poinsett permaneció en México, hasta el 3 de enero de 1830, después de que el Congreso mexicano había declarado a Vicente Guerrero, su fiel seguidor incapacitado para gobernar.

Siguió su carrera, como congresista en Estados Unidos y, durante la presidencia de Martin Van Beuren fungió como Secretario de Guerra, entre 1837 y 1841. Murió el 12 de diciembre de 1851 en Stateburg, Carolina del Sur, feliz seguramente de haber sido testigo, aunque no actor principal del despojo que se le hizo a México de más de la mitad de su territorio. En realidad, lo que él logró en México fue alborotar y crear una corriente de opinión, entre muchos yorkinos radicales, como Lorenzo de Zavala y Valentín Gómez Farías, favorable a la separación de Texas.

Fuentes Mares, José. Poinsett. Historia de una Gran Intriga. Col. Figuras y episodios de la Historia de México. No 51. Jus, 1957

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Dr.  Mariano García Martínez
19 de agosto de 2020.

 

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Las independencias en América y el Conflicto Franco-inglés.

¿Qué le pasó al PAN?

CUBA Y PUERTO RICO EN LA MIRA DE COLOMBIA, ESTADOS UNIDOS Y MÉXICO

CUBA Y PUERTO RICO EN LA MIRA DE COLOMBIA, ESTADOS UNIDOS Y MÉXICO

Un suceso poco conocido

El 28 de septiembre de 1831, el gobierno mexicano se dio por satisfecho de la aclaración que el gobierno colombiano le había hecho, también el día 28 pero de enero de ese mismo año, con respecto a que no estaba en condiciones de ayudar a México en el proyecto de independizar a Cuba y a Puerto Rico que ambos gobiernos habían acordado y habían plasmado en un convenio el 17 de marzo de 1826, bajo el título de «Plan de Operaciones para la Escuadra Combinada de México y Colombia»

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Con dicho comunicado se ponía fin al sainete diplomático que, desde la independencia de los Estados Unidos, se empezó a armar  y que, pasando los años involucraría a España, México, Colombia y los Estados Unidos. “Sainete diplomático” es el mejor nombre ya que no llegó a materializarse para ninguno de los interesados, salvo, en cierta manera, para los estadounidenses quienes, momentáneamente, aseguraron sus ambiciones sobre estas islas caribeñas.

El plan tenía lógica. Después de las derrotas españolas en el continente americano, había un ejército considerable en Cuba,  y España no aceptaba la independencia de sus colonias. Así, La Gran Colombia y México se sentían amenazados de un intento de reconquista –lo que no estaba fuera de lugar, demostrándose posteriormente, en septiembre de 1829 con el frustrado intento del brigadier Isidro Barradas, en las costas de Tampico, quien fue derrotado por el general Antonio López de Santa Anna- que la Madre Patria manifestaba a los cuatro vientos. Si estas dos nuevas naciones lograban conquistar Cuba y Puerto Rico, se mandaría al ejército español  de regreso a la península ibérica, eliminando el riesgo. Por otra parte, dicha acción traería beneficios territoriales ya que las dos islas pudieran ser parte de cualquiera de los presuntos invasores. Si estos planes anexionistas no se lograban, quedaba el logro de tener dos nuevas naciones independizadas, seguramente amigas.

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A quien no le gustaba nada esa jugada era a los Estados Unidos. Recién independizados, sus líderes habían manifestado su interés en apropiarse de estas islas. Razones comerciales, como el mercado del azúcar  avalaban el interés,  pero también razones de tipo geopolítico. La ubicación de dichas islas  representa beneficios estratégicos obvios. El 27 de enero de 1786  Tomás Jefferson escribía una carta a su amigo y colega Archibald Stuart  en la que decía que el interés de esta nueva nación   debería centrarse en irse quedando con lo que España fuese perdiendo de sus colonias en América. El objetivo: Cuba y Texas.

La independencia de Cuba, implicaba la posibilidad de que como nación libre no pudiera ser absorbida por el nuevo imperio  y , al quedar como parte, ya fuera de México o de Colombia, dificultaría sus planes. El 30 de octubre de 1810, el presidente James Madison le escribía al ministro estadounidense ante Gran Bretaña, William Pinkney, que el interés sobre Cuba era de tal importancia que no podía permitirse que pasara a ninguna otra potencia.

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James Madison

Cuba comenzaba con su intranquilidad social. Entre 1810 y 1812, Román de la Luz y el negro liberto José Antonio Aponte llevarían a cabo unos primeros intentos de independencia muy mal organizados y que fracasaron.

Agustín de Iturbide, ya en el México independiente, le escribe una carta al Arzobispo de Guatemala, el 10 de octubre de 1821,  participándole del interés que su gobierno tenía sobre Cuba. Un año después el ministro de Relaciones Exteriores de Colombia  Pedro Gual, gira órdenes de que se firme un tratada de cooperación ofensiva entre México y Colombia contra España. Obviamente todo esto era del conocimiento tanto de las autoridades españolas en Madrid y en Cuba, al igual que las autoridades estadounidenses. En efecto,  el 20 de noviembre de 1822, John Forsyth ministro de Estados Unidos ante Gran Bretaña le informaba al presidente John Adams que era muy posible que Colombia y México trataran de invadir Cuba y Puerto Rico. Por si fuera poco, en la Gaceta -periódico mexicano- del 27 de Noviembre  de 1822, se decía que España había concluido un tratado, cediendo la isla de Cuba a Francia, por su apoyo en la empresa que la Santa Alianza se había echado a cuestas para regresar a la América Española a su vasallaje. En 1821 hubo otro intento fallido de independencia cubana bajo el liderazgo de Francisco Lemus. En 1822, Puerto Rico tuvo injerencias haitianas  que los motivaban a la independencia.

La preocupación en Estados Unidos fue creciendo. El 11 de Junio de 1823, Tomás Jefferson, quien no perdía de vista su objetivo, le escribe al Presidente James Monroe de  las ventajas que se lograrían si se consiguiese que Gran Bretaña, apoyara el mantenimiento de la dependencia de Cuba hacia España y solo hacia ella, oponiéndose a cualquier intento de independencia o anexión a otro país de la isla. Ese mismo año el 30 de junio, Monroe le contesta a Jefferson, diciéndole que el participaba de la idea de que Cuba perteneciera a la Unión Americana, pero que esperaba actuar, en el momento oportuno.

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James Monroe

Por su parte Lucas Alamán, ministro de Relaciones Exteriores de México y Miguel de Santa María, embajador de Colombia en nuestro país, firmaban el 3 de octubre  un tratado de confederación ofensiva y defensiva contra España.

Todo esto se mantuvo durante la presidencia de Guadalupe Victoria, quien el 28 de agosto de 1824 le escribió a Anastasio Torrens, ministro mexicano en Colombia, diciéndole  que el representante británico en México, Patrick Mackie, no veía con malos ojos el que Cuba se independizara, o que pasara a ser parte de México. Ya en 1825, el 27 de abril, el nuevo secretario de Estado estadounidense,  Henry Clay, instruyó a su embajador ante la corte española para que gestionara la paz entre la metrópoli y sus antiguas colonias, no fuera a ser que aquella perdiera Cuba y Puerto Rico como el resto del continente. Asimismo, Clay, el 10 de mayo, instruía a John Middleton,  ministro estadounidense en Rusia a que consiguiera que el Zar influyera en la corte española para lo mismo: lograr la paz entre España y sus antiguas colonias. Todo para no perder la posibilidad de quedarse, en el momento oportuno, con Cuba.

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Lucas Alamán

Estando todavía la fortaleza de San Juan de Ulúa en manos españolas, Pedro Gual y Anastasio Torrens firman, el 19 de agosto, en Colombia un convenio de acción conjunta para hostilizar a los españoles en ese reducto. Esto quedó sin efecto al recuperar México esa fortaleza el 18 de noviembre siguiente, con la rendición de la guarnición española.

El 20 de diciembre Henry Clay le escribió una nota, que no podemos calificar más que de amenaza al Ministro de Relaciones Exteriores mexicano, Sebastián Camacho, en la que le decía que no debería México de seguir adelante con los planes de invasión a Cuba porque le atraería graves consecuencias. No obstante todas estas acciones, inexplicablemente Simón Bolívar rescindió el 24 de noviembre de 1827 el convenio que se tenía con México de ayuda mutua contra España.

Se sabe que el 8 de diciembre de 1827,el gobierno mexicano, sin ayuda colombiana, dio la orden de salida a dicha expedición desde el puerto de Veracruz, misma que consistió en unos cuantos lanchones que realizaron algunas acciones de hostigamiento en la costa sur de Cuba y que, sin ningún resultado importante, regresaron el 10 de diciembre a territorio mexicano. Y ese es el fin de la cronología de los hechos.

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La realidad es que ni México ni Colombia tuvieron en ningún momento recursos para llevar a cabo dicha invasión. Claro, esto no lo sabía nadie; ni ellos mismos. México confiaba en realizarla con los recursos de Colombia y esta pensaba lo propio de México. Por otro lado mantuvieron objetivos diferentes;  Simón Bolívar usó esta expedición como un “bluff” para lograr el reconocimiento de parte de España, México, por su parte mantuvo dos visiones, la del presidente Victoria, quien de manera humanista buscaba contribuir con la independencia de Cuba y la visión de los anexionistas como Lucas Alamán, que consideraban que por ventajas geográficas y razones históricas, Cuba debía pertenecer a México. Los Estados Unidos estuvieron preocupados por una fantasía creada por sus vecinos del sur del continente quienes no pudieron materializar nunca esos sueños. Cuba y Puerto Rico permanecieron españolas hasta la guerra hispano-estadounidense de 1898 y, salvo el intento de Barradas, no hubo intentos serios de reconquista.

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Guerra EUA-España 1898

                                                                                             Dr. Mariano García Martínez

                                            descarga (4)                                                  13 de julio de 2020.

Este artículo está basado, con adecuaciones y correcciones recientes,  en la tesis de licenciatura del autor: García Martínez, Mariano. Intento de independencia del Caribe 1821-1831. México, Colombia y Estados Unidos confrontados por Cuba y Puerto Rico. México, ENAH, 1999.

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La Fortaleza de San Juan de Ulúa, el primer bastión mexicano

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San Juan de Ulúa. Vista aérea

El fuerte de San Juan de Ulúa es probablemente la fortaleza más emblemática de México y una de las más antiguas de América.

Desde épocas coloniales sus muros han sido testigos de la transformación política y social de México, desarrollando a menudo un papel clave que llegó a definir eventos y periodos cuya influencia en la historia nacional es totalmente innegable.

Sigue leyendo, pues a continuación exploraremos la historia, mitos y leyendas, de La Fortaleza de San Juan de Ulúa, el primer bastión mexicano.

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El Fuerte actualmente

 

El origen

Ubicado en la isla de San Juan de Ulúa frente a las costas Veracruzanas, se encuentra la antigua fortaleza del mismo nombre. Su construcción se registra en el año de 1519; no obstante, la historia de la isla data de muchos años atrás.

Kúlua era el nombre con el cual originalmente los indígenas de la región se referían al lugar. Empero no fue hasta 1518, cuando el explorador Juan de Grijalva llegó al lugar, que el lugar sería renombrado añadiéndole el nombre de «San Juan». Es así como la isla pasaría a conocerse como isla de San Juan de Ulúa.

 

Primeros asentamientos Españoles

Fue en 1519 cuando el explorador Hernán Cortes llegó a las costas de México desembarcando en la isla de San Juan de Ulúa. Ahí comerció con los lugareños y estableció contacto con el cacique Teudile, Calpixque de Cuextlan.

Al ver la posición estratégica de la Isla, Cortés planteó construir un fuerte y volver al lugar la primera fortaleza del futuro nuevo territorio español. Frente a la  se fundaría una ciudad que sería conocida primeramente como «la ciudad de las tablas» por los restos de naufragios que habían en el lugar.

A pesar de ser un lugar de difícil acceso por las tormentas y huracanes la Isla se volvió un muelle y abrigo para los galeones, en 1524 se empezó la construcción de un oratorio franciscano y hacia 1535 la Fortaleza de San Juan de Ulúa empezó a ser edificada.

Para su construcción se usaron piedras de coral, buscando proteger del fondo marino a las embarcaciones que llegaran al lugar. La isla rápidamente se volvió uno de los principales fuertes defensivos de la costa mexicana, junto con el sistema de murallas y baluartes de la ciudad de Veracruz.

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Plano

 

San Juan de Ulúa, la primera línea defensiva.

La Isla rápidamente se volvió el centro defensivo de todo el puerto veracruzano, defendiendo la ciudad de piratas y filibusteros que buscaban tomarla por asalto. Con el tiempo la fortaleza se volvió en la más formidable de esta parte del hemisferio.

Memorables son las batallas como la de 1568 en la que las murallas del testigo fueron causantes y testigos de la derrota del corsario Francis Drake a manos del general español Francisco Luján. Así y hasta la independencia la fortaleza sirvió con honor a la defensa de la nueva España.

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Batalla de San Juan de Ulúa

 

Tras la independencia

Después de haberse consumado la independiente del país la fortaleza siguió sirviendo a la defensa nacional. Tras seguir batiendo corsarios y piratas, el recinto fue tomado por los franceses durante la guerra de los pasteles en 1838 y por las tropas americanas en 1847. Entonces  fue evidente que la fortaleza se estaba tornando anticuada frente a las nuevas tecnologías de guerra, por lo que después de la primera intervención americana fue transformada en una prisión política.

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Cañón en San Juan de Ulúa

San Juan de Ulúa, la prisión de México.

Durante su tiempo como prisión, San Juan de Ulúa se convirtió en uno de los lugares más temidos de su época en el país. Si bien ya se utilizaban algunas de sus instalaciones como penitenciaría en la época colonial, no fue sino hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando se destinó el inmueble a este uso.

Muchas icónicas figuras fueron encerradas tras las paredes de la ahora prisión de San Juan de Ulúa.

Entre los personajes más notables se pueden mencionar a Fray Servando Teresa de Mier, Benito Juárez y quizá al personaje más famoso que estuvo ahí, el bandido Jesús Arriaga, popularmente conocido como Chucho el Roto, afamado bribón durante el gobierno de Porfirio Díaz, el cual logró escapar más de una vez de sus muros.

 

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Interior de una celda

 

La leyenda de San Juan de Ulúa

Quizá la más famosa leyenda que se suscitó en las celdas de la fortaleza fue la de La mulata de Córdoba quien, según se cuenta, para escapar de la Inquisición pintó en los muros de su celda un barco que zarpaba hacia el horizonte, en el cual escapó. La leyenda rápidamente se volvió famosa nacionalmente.

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Puerta de celda

 

El fin de un fuerte y el nacimiento de un museo

Con los años y tras ganarse (no en vano) una pésima fama como el lugar más asqueroso de México en 1916 la prisión fue cerrada y fue durante breve tiempo, cuartel de marinos y militares.

Actualmente San Juan de Ulúa es una fortaleza/museo que los visitantes pueden recorrer acompañados de un guía que les explica la historia del lugar. Durante el trayecto se puede conocer el primer faro de México, atravesar el puente del último suspiro, entrar al mismo lugar donde estuvo “Chucho el roto” y conocer todo sobre “La Mulata de Córdoba”.

No cabe duda de que San Juan de Ulúa ha acompañado a México en tiempos y eventos de suma importancia, protegiendo al país y sirviendo a él a pesar de los conflictos nacionales.

Si se me permite, quisiera invitar al lector a conocer el lugar y palpar con sus propias manos las paredes de San Juan de Ulúa, la fortaleza que alguna vez fue el primer bastión mexicano.

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San Juan de Ulúa actualmente

-Zarco

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12 de septiembre de 1919. Se funda la Academia Mexicana de la Historia, correspondiente de la Real de Madrid. Su primer director fue Luis González Obregón.[1]

Fuente: https://bit.ly/2wzvkfs

Hace 100 años, México vio el nacimiento de una institución que resulta desconocida para gran parte de la población: la Academia Mexicana de la Historia. Lo más inaudito es que tenga una correspondencia con su similar Real de Madrid –no confundir con el club deportivo-, pues para ese entonces México ya tenía casi una centuria de vida independiente en el momento de la instauración del liceo.

Para comprender esto, hay que remitirnos al siglo XVIII, cuando Nueva España era parte de la Monarquía Hispánica, bajo el reinado de la Casa de Borbón; representantes del despotismo ilustrado y precursores de distintas instituciones culturales que perviven hasta nuestros días. El rey Felipe V fundó en 1713 la Real Academia de la Lengua Española[2]; posteriormente el 18 de abril de 1738, se estableció por Real Orden la especializada en Historia.

La orden citada sirvió para aprobar los primeros estatutos por los que habría de regirse la nueva corporación, elaborados por la Junta fundacional. De acuerdo con esta norma, los académicos de número serían 24, a los que se sumarían igual cantidad de supernumerarios, para suplir, por antigüedad, a los numerarios ausentes por razón de servicios al Estado.[3]

Pero los criollos novohispanos nunca pudieron establecer una propia, siendo establecida hasta el siglo XIX, una vez iniciada la vida independiente de nuestro país.

El primer intento de fundar la Academia Mexicana de la Historia se dio en el año de 1836 durante la época en la que Antonio López de Santa Anna gobernaba el país. Sin embargo, debido a la constante inestabilidad social y política que vivía México el proyecto no fructificó. Posteriormente con el triunfo republicano en 1867 regresó el interés por establecer una institución que albergara al conocimiento histórico y sus mayores exponentes.[4]

Curiosamente, la Academia Mexicana de la Lengua se pudo establecer con antelación, en 1875, con correspondencia de la Real de Madrid y, paralelamente, también se intentó establecer la Academia Mexicana de la Historia. Para infortunio de los que apoyaban esta iniciativa, hubo un conflicto importante debido a las ideas anti hispánicas de la época, que provocaron que en 1880 se colocaran sedes en Buenos Aires, Bogotá y Caracas, pero no en México, a pesar de la relevancia histórica de la Nueva España.[5]

Con todo, los intentos por conseguir este objetivo continuaron durante el Porfiriato. Lo que resulta paradójico es que, a pesar de los sentimientos anti hispánicos de gran parte de la clase intelectual mexicana, se buscó la aprobación de una institución netamente española, no obstante que no gozó del reconocimiento múltiples veces.[6] Para 1901 “[…]el Marqués de Prat, ministro de España en México, por iniciativa propia empezó a promover una negociación para que la Real Academia de la Historia autorizara la fundación de una correspondiente mexicana.”[7]

Este intento nuevamente quedó en la congeladora, pero en 1913, se creó la Academia de Historia, sin relación momentánea con la madrileña. Infortunadamente para esta institución, el año resultó poco apropiado para afianzar este proyecto, debido a la convulsión política provocada por el proceso revolucionario de nuestro país. Sin embargo, la tenacidad de los historiadores mexicanos se vio finalmente recompensada en 1916 al fundar una nueva Academia, en principio sin patrocinio hispánico. “Manuel Romero de Terreros y el padre Mariano Cuevas S.J. fueron los encargados de promover que se otorgara a la academia mexicana la corresponsalía española”[8]

El 12 de septiembre de 1919 se consiguió algo que se había negado por casi 100 años: la Academia Mexicana de la Historia quedaba formalmente constituida, con reconocimiento y relación con la Real de Madrid[9], quedando constituida y fundada de origen por los siguientes personajes:

Francisco Sosa, Francisco Plancarte (arzobispo de Monterrey), Ignacio Montes de Oca (obispo de San Luis Potosí), Luis García Pimentel, Francisco A. de Icaza, Mariano Cuevas, Manuel Romero de Terreros, Jesús García Gutiérrez (canónigo honorario de la Basílica de Guadalupe), Jesús Galindo y Villa, Luis González Obregón, Juan B. Iguíniz y Genaro Estrada.

La primera reunión fue en la casa de Luis González Obregón, a partir de ahí se congregaron en distintas sedes, ya que no tuvieron una oficial hasta el año de 1952, cuando Don Manuel Romero de Terreros y Don Atanasio Saravia lograron obtener un fideicomiso del Banco de México y, de paso, un lugar fijo para reunirse y desarrollar los objetivos de la Academia. La sede definitiva se fijó en la casona ubicada en la Plaza Pacheco de la Ciudad de México, y se inauguró el 9 de diciembre de 1953. Dicho inmueble continúa como asiento de la institución de investigación histórica.[10]

Actualmente tiene entre sus más destacados miembros integrantes a Enrique Krauze, Elisa Speckman, Jean Meyer, Josefina Zoraida Vázquez, Gisela von Webeser, Antonio Rubial, entre otros distinguidos historiadores.

Pero el aporte de esta academia no termina ahí, pues, conmemorando la fecha de su establecimiento formal, en México celebramos cada año el Día del Historiador, como reconocimiento y para el deleite de las personas que se dedican al estudio del pasado.[11]

A propósito de estos profesionales del pretérito, Luis González y González, singular historiador mexicano, menciona algunas de las características que comparten quienes se dedican a esta ingente labor:

El historiador sobresaliente de todas las épocas ha tenido un cerebro poblado de literaturas y vividuras, ducho en todas las cosas y en algunas más, almacén bien surtido de saberes y experiencias, esponja y pozo de sabiduría. Ha llenado su morral con los mejores conocimientos del homo sapiens y ha vivido como cada uno de los seres humanos. Sin lugar a dudas, requiere un saber tan sólido como variado y una experiencia directa de la vida. El historiador es, además de rata de biblioteca, un hombre verdaderamente hombre. Él, como el periodista, ‘tiene por fuerza conocer –siquiera sea superficialmente- la escala de todos los conocimientos humanos. Sólo ellos tienen que ser músicos y poetas, arquitectos y arqueólogos, pintores y médicos’. Quien se ocupa de las acciones humanas del pasado no tiene derecho a ser ignorante ni a una vida unidimensional.[12]

Dicho lo anterior, resulta necesario felicitar a los indagadores del pasado, en lo general, y de manera especial a todos los que se dediquen a esta tarea, en nuestra página y en México. ¡Enhorabuena!


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Vázquez, Josefina Zoraida. “Cincuenta y tres años de las Memorias de la Academia Mexicana de la Historia” en Historia Mexicana, vol. L, núm. 4, abril – junio. México, 2001. P. 709

[3] Real Academia de la Historia. [Consultado el 31 de agosto de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2oo6knI ]

[4]Mora Muro, Jesús Iván. En defensa de la tradición hispánica. La Academia Mexicana de la Historia en el contexto revolucionario, 1910-1940. En Tzintzun. Revista de Estudios Históricos ∙ Número 65 ∙ enero-junio 2017. Querétaro. P 182

[5] Zoraida, Óp. Cit., p. 711

[6] Mora, p. 183.

[7] Zoraida, Óp. Cit., p. 711

[8] Mora, Óp. Cit., p. 183.

[9] Zoraida, Óp. Cit., p. 711. De hecho, la aprobación se dio en una fecha distinta. De acuerdo a la autora, debido a la injerencia del padre Mariano Cuevas fue que se logró el reconocimiento. “De esa manera, el 27 de junio de 1919, a propuesta de los académicos de número Duque de Alba, Marqués de San Juan de Piedras Alba, Ramón Menéndez Pidal, Julio Pujol, Ricardo Beltrán y Juan Pérez de Guzmán, se aprobó la

fundación de la Academia Mexicana”

[10] Por las calles de la ciudad: Academia Mexicana de la Historia. [Consultado el 31 de agosto de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2wzvkfs ]

[11] Día del Historiador. Fundación Carlos Slim. [Consultado el 31 de agosto de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2PmY3vC ]

[12] González y González, Luis. El oficio de historiar. Otros gajes del oficio. Tomo I. 2° reimpresión. México: Clío, 2004. P. 35, 358 p. Obras completas de Luis González y González.

29 de julio de 1983. Muere el director español de cine nacionalizado mexicano Luis Buñuel.[1]

[2]

Polémico, visionario, incomprendido, trotamundos; un artista del celuloide, Luis Buñuel fue todo eso y más. Como tal, merece recordarse su vida y desarrollo profesional, pues fue pieza fundamental para la historia cultural de nuestro país y del mundo.

Nació el 22 de febrero de 1900 en Teruel, España, durante los tumultuosos años posteriores a 1898[3], siendo esa generación icónica y definitoria de la vida cultural de España a inicios del Siglo XX. Se graduó en Zaragoza de bachiller en 1917 y se estableció en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde conoció a Federico García Lorca y a Salvador Dalí; este último, fue vital en sus inicios dentro de la industria fílmica.[4]

Se trasladó a París en 1924 al terminar sus estudios de Filosofía y Letras. En esta ciudad se empapó de la corriente artística conocida como surrealismo[5], siendo, en principio, asistente de Jean Epstein[6], para posteriormente hacer su primer cortometraje intitulado El perro Andaluz, a partir de un guion de su amigo Dalí.[7]

A partir de ahí, su carrera dio muchas vueltas, regresando a España en 1931 e iniciando su aproximación a la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios, de corte comunista. Durante la Guerra Civil Española, se encargó de misiones de propaganda en pro de la República.[8] A pesar de haber ganado reconocimiento por la calidad de su obra y por la congruencia con sus ideas, el autor no tuvo un desarrollo sin contratiempos. “Fue censurado, perseguido y atacado. Y no sólo en la Europa en llamas de los años treinta y cuarenta”.[9]

Tras el fin de la Guerra Civil Española y la derrota total de la República, Buñuel se exilió con dirección a Estados Unidos, recayendo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, como productor asociado en el Área Documental. Debido a un incidente, aparentemente relacionado con “[…]su abierto ateísmo y sus ideas de izquierdas”,[10] fue obligado a renunciar en 1942 a su puesto y le fue negada la ciudadanía estadounidense, a pesar de sus constantes solicitudes para ello. Su traslado a México se concretó en 1946, donde hizo algunas películas menores, antes de consagrarse con Los Olvidados en 1950.

La cinta mencionada fue un duro golpe para el régimen mexicano, pues “[…] puso a una sociedad ensimismada frente al espejo de sus miserias.”[11] Con esta película, obtuvo el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes de 1951, logrando un reconocimiento internacional que no perdió desde ese momento y hasta nuestros días.[12] Sigue siendo una de las obras cumbres del cine tanto mexicano como mundial, pues sus escenas llenas de crudeza y su reflejo de una sociedad ajena a la del muy mencionado Milagro Mexicano[13], mostraron una cara que pocos querían ver, alejada además de los estereotipos del cine de oro nacional.[14]

Buñuel continuó filmando tanto en México, como Francia y España, como un director consagrado y logrando distintos reconocimientos a lo largo de su carrera, que se extendió hasta su muerte el 29 de julio de 1983 en la Ciudad de México.

Tras todo esto, cabe preguntarnos si merece una distinción más grande por su contribución al cine mexicano. Lo imperioso es recordar a este cineasta por haber producido una obra variada, que además muestra una realidad que preferimos ignorar. Asimismo, su original propuesta, nos conduce a reflexionar y cuestionar nuestro presente, pues a pesar de ser añeja, su mensaje sigue resonando.

“Si fuéramos capaces de volver nuestro destino al azar y aceptar sin desmayo el misterio de nuestra vida, podría hallarse próxima una cierta dicha, bastante semejante a la inocencia” Luis Buñuel


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Luis Buñuel (1900-1983). Internet Movie Data Base. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://imdb.to/2JNKdiV ]

[3] Generación cultural y política de España que cuestionó la organización de su país al perder los últimos resabios del Imperio ultramarítimo español. Se puede resumir de la siguiente manera: Reconstruyamos el pensamiento de la generación del 98 acerca de la historia de España mediante un sencillo esquema biográfico. Descubren estos jóvenes la vida española que rodea a su mocedad y la hallan profundamente insatisfactoria. Una parte de esa vida está constituida por los esfuerzos de quienes intentan convertir a España en un país liberal y democrático; dan cuerpo a la parte restante los que se dicen fieles al pasado de España, y en nombre de este pasado resisten a las tentativas de los innovadores. Además de conocer y juzgar la vida histórica circunstante, esos jóvenes han aprendido en los libros un relato de la historia de España. ¿Qué relación establece su mente entre la amargura de su experiencia personal y esa imagen libresca del pasado de España? Pedro Lanín Entralgo. “La generación del 98 y el problema de España.” En Cervantes Virtual. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2mBoxNu ]

[4]“Luis Buñuel.” España es Cultura. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en:  https://bit.ly/2LLKche ]

[5] Surrealismo. Término acuñado por André Bréton, para definir a una corriente artística que cuestiona la realidad. En palabras de Breton en su manifiesto de 1924, el Surrealismo es un puro automatismo psíquico por el cual se intenta expresar, verbalmente o de cualquier otra manera, el funcionamiento real del pensamiento en ausencia de cualquier control ejercido por la razón al margen de toda preocupación estética o moral. El Surrealismo propone una teoría de lo inconsciente y de lo irracional como medio para cambiar la vida, la sociedad, el arte y el hombre por medio de la revolución. No es un movimiento con unidad de estilo, sino una serie de investigaciones de artistas individuales, cada uno con un estilo propio. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2dpu9nC ]

[6] Jean Epstein. En Senses of Cinema. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/1kLf1hQ ]

[7] “Luis Buñuel” … Óp. Cit.

[8] Maestros del Cine. Luis Buñuel. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2Nyo6io ]

[9] Jan Martínez Ahrens. Luis Buñuel. El hombre que nunca dejó de reírse de Dios. En El País. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2OcvH7t ]

[10] Ibídem

[11] Ibídem

[12] “Luis Buñuel” … Óp. Cit.

[13] Misael Mora. “Milagro Mexicano. Historia y crecimiento económico.” En Rankia. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2p6PGqL ]

[14] Lucero Calderón. “Los olvidados. 65 años de un clásico.” En Excélsior. [Consultado el 23 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2uLH2mS ]

11 de julio de 1863. La Asamblea de Notables del grupo conservador vota a favor de establecer una monarquía en México.[1]

Maxi and friends-

[2]

La historia de la intervención francesa en México, que acaeció de 1862 a 1867, incluyó algunos intentos notables de legitimación; uno de ellos, fue la conformación de la Asamblea de Notables. Este cuerpo se erigió como una regencia que estaría a cargo del Poder Ejecutivo y sería ajeno a la organización republicana que estaba legalmente constituida.[3] Hay que mencionar que el gobierno conservador se empezó a constituir en el momento mismo en que entró el comandante Forey de las fuerzas francesas a la Ciudad de México, el 10 de junio de 1862.[4]

La Asamblea de Notables, de 235 personas, votó por la monarquía moderada, hereditaria, con un príncipe católico y la ofreció a Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria. Mientras, gobernaría la regencia formada por tres notables: el recién nombrado arzobispo de México, Antonio Pelagio Labastida y Dávalos, quien se encontraba en Roma y cuyo lugar ocupó el obispo de Tulancingo, Juan Bautista Omachea, y los generales Juan Nepomuceno Almonte y Mariano Salas.[5]

Este intento de organización política venía ideado por los conservadores de tiempo atrás, respaldados por las ideas imperiales de Napoleón III, entonces soberano de Francia y por un ambicioso plan respecto a México. Dicha información, se ve corroborada en una carta que se dirigió al general Forey el 3 de julio de 1862, donde expone lo siguiente:

He aquí la línea de conducta que debéis seguir: primero, dar a vuestra llegada una proclama cuyas principales ideas se os indicarán; segundo, acoger con la más grande benevolencia a todos los mexicanos que se os presenten; tercero, no prohijar las querellas de partido alguno, declarar que todo es provisional hasta que se pronuncie la nación mexicana […] Cuando lleguemos a México, será bueno que las personas notables de todos los matices que hayan abrazado nuestra causa, se entiendan con V. para organizar un gobierno provisional. Este gobierno someterá al pueblo mexicano la cuestión del sistema político que deberá establecerse definitivamente; en seguida se convocará una asamblea según las leyes mexicanas […] México nos procurará las materias indispensables a nuestra industria. México, regenerado así, nos será siempre favorable, no solamente por agradecimiento sino porque sus intereses estarán de acuerdo con los nuestros […][6]

El general Forey hizo lo que se le indicó al año siguiente, al entrar a la Ciudad de México, donde cabe resaltar una suerte de visión civilizadora en sus acciones.

Mexicanos: ¿Será necesario que os diga aún, con qué objeto el emperador ha enviado a México una parte de su ejército? Las proclamas que os he dirigido, a pesar de la política recelosa del gobierno caído, os son conocidas segundamente, y sabéis que nuestro magnánimo soberano, conmovido de vuestra triste situación, no ha querido haciendo atravesar los mares a sus soldados, sino mostraros que el noble pabellón de la Francia es el símbolo de la civilización […]

Después de la rendición de Pueblo, íbamos a marchar sobre la capital […] Pero Dios no ha permitido una nueva efusión de sangre, y el gobierno que sabía demasiado bien no podía contar con el pueblo de esta capital, no ha osado esperarnos detrás de sus murallas: ha huido vergonzosamente […] Si tenía aún alguna duda de la reprobación general de que era objeto, el día 10 de junio de 1863 […] debe quitarle ya todas las ilusiones, y hacerle comprender su importancia para conservar los restos de un poder del que ha hecho un uso tan deplorable. [7]

La Junta de Notables se reunió en la Ciudad de México, donde hubo incluso liberales moderados, quienes veían como algo fútil la resistencia ante las fuerzas armadas francesas.[8] Esta organización, llevó a cabo una elección para instalar en México una monarquía, donde además se le ofreció formalmente la corona a Maximiliano de Habsburgo. La Junta, publicó un documento que vale la pena citar para dilucidar la intencionalidad de sus autores:



Documento

[9]

Con ello, la facción conservadora buscó darle legitimidad a su propósito de establecer una monarquía en nuestro país. Más allá de su anacronismo o su inviabilidad, esto supuso en su momento una afrenta a la soberanía nacional, por la imposición de un régimen que no era apoyado por la mayoría y que violaba lo establecido desde la primera Carta Magna mexicana de 1824, pasando por la Constitución de 1857, donde se establece la república como forma de organización política. La lucha, se alargaría 4 años más hasta el triunfo definitivo del bando republicano.


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Extraído de:  https://bit.ly/2z83mfg

[3] Juan Brom y Dolores Duval. Esbozo de Historia de México. México. Grijalbo. 2014. P. 240. 472 p. 4° edición.

[4] Vicente Riva Palacio, et. Al. “La Reforma. La intervención y el Imperio.” En: México a través de los Siglos. V. III. Barcelona, Océano. 1999. P. 754. 815 p.

[5] Andrés Lira, Anne Staples. “Del desastre a la reconstrucción republicana, 1848-1876.” En Érick Velásquez, et. Al.  Nueva Historia General de México. México: El Colegio de México. 2010. P. 469. 818 p.

[6] “Napoleón expone sus ideas políticas respecto a México en carta a Forey (3 de julio de 1862).” En: Antología de Textos. La Reforma y el Segundo Imperio.  Introducción y Selección de Textos Silvestre Villegas Revueltas. México: UNAM/Coordinación de Humanidades/ Instituto de Investigaciones Históricas. 2010. Pp. 269-271.

[7] Manifiesto de Forey a la nación mexicana (12 de junio de 1862). En Ibídem. Pp. 273-275.

[8] Brom, Duval, Óp. Cit., p. 239.

[91] Asamblea de Notables. 10 de julio de 1863. En México en el Siglo XX. Antología de fuentes e interpretaciones históricas. Introducción, selección y notas Álvaro Matute. México: UNAM/Coordinación de Humanidades. 2013. Pp. 305-306. 573 p.

14 de junio de 1861. Muerte de Santos Degollado.[1]

EL GENERAL DERROTAS

Santos

[2]

José Santos Degollado fue uno de los personajes más emblemáticos y polémicos de la facción liberal durante la redacción de la Constitución de 1857 y la Guerra civil de Reforma de 1858-1861. Nacido en 1811 en Guanajuato, vivió los pormenores de la Guerra de Independencia con su madre y un tío, para posteriormente experimentar una vida álgida dentro del convulso México decimonónico.[3]

Menciona Javier Garcíadiego que: “En 1854 participó en la rebelión de Ayutla contra Santa Anna y tuvo una notable participación, hay que decirlo, no eran tantas derrotas como luego las tendría; y además le sirvieron sus estudios en el Colegio Militar.[4]

A propósito de sus tropiezos militares, se le reconoció como el “héroe de las derrotas”, mote auspiciado por las fuerzas conservadoras[5] por su constante incapacidad de obtener victorias frente a sus rivales, lo cual se volvió uno de sus principales estigmas, no obstante su capacidad de levantar ejércitos para la causa liberal.[6]

A pesar de esto, no tuvo reparo en seguir combatiendo por las causas que él defendía –recordando que él fue miembro del Congreso Constituyente de 1856-, incluso podría parecer que sus derrotas fueron hasta cierto punto planeadas:

El ejército de Degollado doblaba en número al de Miramón, sin embargo, fueron mayores los triunfos del segundo, precisamente, debido al poco adiestramiento y disciplina militar de los constitucionalistas. En batallas importantes, la inexperiencia y la falta de coordinación afloraban, por lo que los jefes militares de Degollado muchas veces no hacían lo adecuado y provocaban la derrota; el mismo Miramón daba cuenta de ello. Lo anterior, aunado a la superioridad táctica y a los conocimientos militares, llevó a Degollado a implementar una estrategia en suma particular: huir cuando no se tuvieran las condiciones para ganar. Curiosamente esto funcionó y pudo sobrevivir desesperando a Miramón, distrayéndolo lo suficiente como para dar tiempo a Juárez para obtener apoyo estadounidense y, algo más importante, promulgar las leyes de reforma.[7]

Degollado fue un actor principal en el plano político y militar dentro del bando liberal hasta septiembre de 1860[8], cuando cayó en desgracia debido a una acción que él consideraba correcta para resarcir el rompimiento que significó la Guerra civil de Reforma. Esto se llamó Plan de Pacificación, que implicaba un nuevo Congreso Constituyente y, por tanto, una nueva Constitución.[9] Hay que añadir que dicho plan contemplaba también que Juárez no fuera presidente, por lo que este último le abrió un proceso judicial por su traición.

Lo que cambió la fortuna y memoria a posteriori de Degollado fue el asesinado de Melchor Ocampo por las huestes conservadoras, el 3 de junio de 1861. Degollado, amigo personal del finado, pidió permiso para ir a combatir a Leonardo Márquez, el asesino del ideólogo del liberalismo. “Tenía entonces el proceso en contra por el asunto del plan de paz; aun así, le fue concedido el permiso, sólo que en la primera escaramuza de persecución murió de un balazo en la cabeza cerca de Toluca, el 14 de junio de 1861.”[10] No obstante el proceso que pesaba sobre él

“En 1906, el presidente Porfirio Díaz decretó que el nombre de Degollado se inscribiera con letras de oro en el Congreso de la Unión y que sus restos fuesen depositados en la Rotonda de los Hombres Ilustres. Pero eso se llevó a cabo hasta 55 años después, el 15 de junio de 1961”

Para ampliar la información acerca del documento que provocó la ruptura con Benito Juárez, se facilita a continuación un extracto para su consulta en línea.

Propuesta de Pacificación de Santos Degollado

[11]


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Extraído de https://bit.ly/2irzfXW

[3] Mercado Villalobos, Alejandro. “Santos Degollado. Estudio político de un liberal mexicano”. Tzintzun. Rev. estudios históricos no.63 Michoacán ene./jun. 2016. [Consultado el 11 de junio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2JxIPRY ]

[4]“148 años de la muerte de Santos Degollado”. Antena Radio (Matutino). Con Mario Campos y Javier Garcíadiego. Efemérides Histórica. IMER. 107.9. México: Jueves 18 de junio 2015.

[5] Mercado Villalobos, Alejandro. “Santos Degollado”. en Relatos e Historias en México. Año VIII. 74. (2014), p. 36

[6] García, Joaquín. “Santos Degollado. Héroe de las Derrotas.” En Net Noticias Mx. Ciudad Juárez. 28 de octubre de 2015. [Consultado el 11 de junio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2Juqfyi ]

[7] Mercado, Estudio político, Óp. Cit.

[8] Mercado, Santos Degollado, Óp. Cit., p. 35

[9] Garcíadiego, Óp. Cit.

[10] Mercado, Estudio político Óp. Cit.

[11] Mercado Villalobos, Alejandro. “Santos Degollado”. en Relatos e Historias en México. Año VIII. 74. (2014), p. 40

8 de junio de 1867. Llegan a San Luis Potosí, Mariano Riva Palacio y Rafael Martínez de la Torre, defensores de Maximiliano de Habsburgo, para entrevistarse con Benito Juárez. [1]

Los últimos días de la aventura imperial

[2]

Maximiliano y sus abogados.

Maximiliano de Habsburgo llegó a México en 1864 tras haber recibido a una representación de la facción conservadora de nuestro país. No sabía que sería el inicio de su última aventura.

Aunque el efímero segundo imperio mexicano se erigió a la llegada de Maximiliano, su gobierno nunca pudo consolidarse en la totalidad del territorio nacional. Empero, sus actividades legislativas buscaron dotar de legalidad a su administración, aunque esto no trascendió tras la captura el emperador el 15 de mayo de 1867 por el General Mariano Escobedo en Querétaro.[3]

Después del arresto del monarca europeo, empezó el proceso para condenarlo a él y a los que lo apoyaron. Las personas que se aprestaron para su defensa, lo hicieron de manera voluntaria. Menciona Agustín Rivera que:

Junio, 5. Conociendo los defensores de Maximiliano que según la ley de 25 de enero no tenían disponibles más que tres días para la defensa, convinieron en que Ortega y Vázquez quedarían en Querétaro y harían la defensa judicial del Emperador, y Riva Palacio y Martínez de la Torre marcharían al día siguiente a San Luis Potosí, como en efecto marcharon para agenciar eficazmente la concesión del indulto de la pena de muerte, cuya sentencia tenían por segura según la ley de 25 de enero. Poco después salió de Querétaro para San Luis Potosí el Barón de Magnus con el mismo objeto que los defensores.[4]

Esta información es corroborada por el secretario particular de Maximiliano, José Luis Blasio; en su texto, Maximiliano íntimo, comenta la llegada de las personas dispuestas a darle una defensa justa al derrotado monarca: “El día cinco de junio, habían llegado a Querétaro el barón de Magnus de Prusia, su secretario Shaller, el encargado de negocios de Bélgica M. Hoorrick, y los abogados nombrados por el Emperador para defenderlo y que eran los Sres. Don Mariano Riva Palacio y Don Rafael Martínez de la Torre.[5]

La citada ley de 25 de enero de 1862, fue expedida por Benito Juárez y en su artículo 1° enunciaba los supuestos en que procedía la pena capital:

I. La invasión armada, hecha al territorio de la República por extranjeros y mexicanos, o por los primeros solamente, sin que se haya precedido declaración de guerra por parte de la potencia a que pertenezca.

II. El servicio voluntario de mexicanos en las tropas extranjeras enemigas, sea cual fuere el carácter con que las acompañen.

III. La invasión hecha por mexicanos, o por extranjeros residentes en la República, a los súbditos de otras potencias, para invadir el territorio nacional, o cambiar la forma de Gobierno que se ha dado la República, cualquiera que sea el pretexto que se tome.

IV. Cualquiera especie de complicidad para excitar o preparar la invasión o para favorecer su realización y éxito.

V. En caso de verificarse la invasión contribuir de alguna manera a que en los puntos

ocupados por el invasor, se organice cualquier simulacro de gobierno, dando su voto, concurriendo a juntas, formando actas, aceptando empleo o comisión, sea del invasor mismo o de otras personas delegadas por éste.[6]

Los defensores de Maximiliano llegaron a San Luis Potosí, dejando a Maximiliano en Querétaro listo para enfrentar el Consejo de Guerra. Riva Palacio y Martínez de la Torre trataron de conseguir del gobierno la gracia del indulto el 8 de junio, sin éxito alguno.[7]


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez

[2] Extraído de: https://bit.ly/2njClwJ

[3] Tejeda Vallejo, Isaí Hideka. “El fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo” en Juárez, Benito. Manifiesto justificativo de los castigos nacionales en Querétaro. México: H. Cámara de Diputados, LXI Legislatura/Editores 4 A. 2010. P.18

[4] Rivera, Agustín. Anales mexicanos: La Reforma y el Segundo Imperio. 3° edición. Guadalajara: Escuela de Artes y Oficios, Taller de Tipografía. 1897. P. 361.

[5] Blasio, José Luis. La celda de Maximiliano. Mayo y junio de 1867. En relatos e Historia en México. Año VII. Núm. 75. Editorial Raíces. P. 74

[6] Ley contra los conspiradores dada por Don Benito Juárez. Enero 25, 1862. En  Museo de las Constituciones. [Consultado el 6 de junio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2sC8OkL ]

[7] Frías y Soto, Hilarión. “Rectificación a la obra del Conde E. de Kératry.” En: Del Llano Ibáñez, Ramón. Miradas sobre los últimos días de Maximiliano de Habsburgo en la afamada y levítica ciudad de Querétaro durante el sitio a las fuerzas del Imperio en el año de 1867. México: Universidad Autónoma del Estado de Querétaro /Miguel Ángel Porrúa Editores. 2009. P. 56

2 de junio de 1853. Muerte de Lucas Alamán.[1]

El baluarte conservador de los primeros años del México independiente.

Don Lucas Alamán, un personaje muy importante de México.
Don Lucas Alamán

[2]

Conservador, político, emprendedor, diputado, historiador, ministro de Estado, todo eso fue Lucas Alamán y Escalada. Nació el 18 de octubre de 1792 en Guanajuato, Guanajuato[3] , en una familia acomodada de la región, donde vivió sin mayores pormenores hasta el año de 1810; en este lugar, su familia fue afectada por el movimiento insurgente del cura Hidalgo[4], iniciando un éxodo y provocando, a posteriori, que al momento de escribir su relato acerca del proceso independentista, no lo hiciera con total imparcialidad.[5]

Su carrera política inició en 1821 como diputado a las Cortes en España por Guanajuato, recibiendo la noticia de la independencia del Imperio Mexicano en la Península y empezando a ocupar distintos puestos públicos para la naciente nación, que serían una constante a lo largo de su vida. Posteriormente y ya en México. ocupó el ministerio de Relaciones Exteriores en 1829 con el presidente Anastasio Bustamante, buscando una conciliación con el Vaticano y los distintos Estados de la Federación que apoyaban a Vicente Guerrero, sin atacar la organización estructural gubernamental ni la Constitución.[6]

Una de las visiones de Alamán era ordenar la hacienda pública, así como las milicias, pues “ […]se habían convertido en la ‘escala de las pasiones’ y fomentaban las discordias civiles.[7] A la par de estas acciones, fundó el Banco de El Avío en 1830[8], para financiar proyectos con fines industriales, pero no pudo lograr su objetivo y cerró sus puertas en 1842[9]. Durante la década de 1840 se dedicó a escribir textos históricos, tales como Disertaciones sobre la Historia de la República Mexicana[10] e Historia de México[11], donde se mostró duramente crítico a los movimientos de independencia. Pero como menciona Guillermina del Valle, no fue el único que lo hizo, pues sus coetáneos lo hicieron de igual modo. Incluso asevera que:

José María Luis Mora, considerado “el vocero liberal más sobresaliente de su generación» y cuyo mérito se reconoce hasta nuestros días, juzgó acremente a Miguel Hidalgo por la violencia y el saqueo provocado por Ia revuelta que encabezó. Mora aseguraba que el iniciador del movimiento de independencia obraba con » Iigereza», por lo que «no sabía ni lo que había de hacer al día siguiente, y mucho menos se ocupaba de la clase de gobierno que debería establecerse después del triunfo para regir la nueva nación».[12]

Tras sus disertaciones historiográficas, Lucas Alamán buscó restablecer en 1852 un gobierno con fuerza, del tipo dictatorial y que lo hizo saber en su texto Historia de México, pero tuvo que recurrir a la siempre polémica e impredecible figura de Antonio López de Santa Anna, pues era el único capaz de controlar al Ejército y con cierta capacidad de cohesión. En 1853, le escribió una carta exponiéndole el plan de gobierno conservador:

[…]contar con el clero y con la clase propietaria, ‘parte abreviada de la nación’ interesada en el orden y bienestar del país; afirmación exclusiva de la religión católica, único lazo de unión; desechar principios que habían traído la división, consecuentemente, nada de Federación ni de elecciones, así fueran las de los ayuntamientos. Excluía Congreso y cuerpos representativos; el orden político dependía del Poder Ejecutivo organizado en cinco secretarías y un Consejo de Estado.[13]

Aunque la idea original era que Alamán controlara al Caudillo, como titular de la Secretaría de Relaciones, , esto no se pudo llevar a cabo debido a la súbita muerte del ideólogo conservador el 2 de junio de 1853 por una afección respiratoria[14]

Si bien fue una figura contraria a lo que se nombra liberalismo en el aspecto político, esto no es motivo para que se cuestionen sus aportes no solo a la Historia de nuestro país, sino sus intenciones de sacar avante a una joven nación que tuvo graves conflictos en casi todos los aspectos durante sus primeros años. Empero, su persona se ha ido resarciendo en el panteón histórico nacional. Como señala la anteriormente mencionada Guillermina del Valle.

Las críticas a la figura histórica de Alamán tienen su origen en una concepción tradicionalista que concibe a la historia política de las primeras décadas de vida independiente como una lucha entre «liberales» y «conservadores». Tal esquema ideol6gico carece de objetividad y oculta los puntos de coincidencia entre quienes representaban ambas tendencias. Se ha negado reconocimiento a la obra de Lucas Alamán porque ha sido juzgada a la luz de los valores del liberalismo doctrinario y del nacionalismo revolucionario, enfoques que han distorsionado la interpretación del pasado con valores presentes y han hecho abstracción de la circunstancia hist6rica en que vivió Alamán


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Extraído de: https://bit.ly/2AQ3d0F

[3] Presidencia de la República. “Lucas Alamán.” [Consultado el 31 de mayo de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2Jo6uaU ]

[4] González Navarro, Moisés. El pensamiento político de Lucas Alamán. México: FCE. 1952. P. 12

[5] Ibídem, p. 12.

[6] Aguilar, José Antonio. “Lucas Alamán y la Constitución.” En Isonomía. No. 33. Centro de Investigación y Docencias Económicas. P. 85

[7] Serrano, José Antonio y Zoraida, Josefina. “El nuevo orden. 1821-1848.” En Velásquez, Érick. Et. Al. Nueva Historia General de México. México: El Colegio de México. 2010. P. 418

[8] Potash, Robert A. “La fundación del Banco de Avío.” Historia Mexicana, [S.l.], v. 3, n. 2, p. 261-278, oct. 1953. [consultado el 31 de mayo de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2LQsuJS ]

[9] Murillo, Nohelia.” ¿Qué es el Banco del Avío? Características más importantes.” En Lifeder. [Consultado el 31 de mayo de 2018. Disponible en https://bit.ly/2kHB1m4 ]

[10] Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. [Consultado el 31 de mayo de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2szA16G ] Se puede consultar la obra en PDF

[11] Bicentenario. [Consultado el 31 de mayo de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2LOHXd6 ] Se puede consultar la obra en Flash Player.

[12] Del Valle, Guillermina. Lucas Alamán. Un hombre en una época de transición. En Secuencia. 28. 1994. Instituto Mora. Pp. 31-32

[13] Lira, Andrés y Staples, Anne. “Del desastre a la reconstrucción republicana. 1848-1876” en Velásquez, Érik. Óp. Cit. P. 447

[14] Ibídem. P. 447