Estamos tirando mitos históricos…para imponer otros nuevos


Hasta hace 30 o 40 años los académicos en las universidades debatían a puerta cerrada sobre algún tema de importancia, se discutían las novedades académicas y se refutaban otras más. Para el público en general esta información era casi inaccesible, solo unos pocos – los más informados- sabían qué revistas o periódicos comprar para leer sobre algún tema de interés. Todo lo que la gente sabía sobre materias como la Historia era gracias a la SEP, el gobierno y los medios de comunicación controlados por el anterior, si bien no podemos decir que la población vivía en la ignorancia total, sí había cierto rezago o marginación de conocimiento. 

Como es costumbre de políticos y gobiernos, lo que se le enseñaba a los jóvenes en las escuelas estaba ampliamente manipulado, recortado o ignorado en beneficio de los intereses del momento, esto propició la creación de los denominados «mitos históricos» ;leyendas impulsadas por la historia oficial que lejos de contar los hechos verídicos subrayaban o creaban nuevos discursos a favor de algún personaje o hecho histórico.

Los más evidentes son ampliamente conocidos, la aureola de misticismo que rodeó a figuras como Benito Juárez, Lázaro Cárdenas o Francisco Madero y que prácticamente los elevó a la categoría de semidioses alteró la forma de ver y percibir la Historia para el mexicano común.

La Historia oficial -evidentemente con fines políticos- se encargó de construir un discurso histórico novelesco con personajes buenos y malos, mientras que figuras como las antes mencionadas eran elevadas a héroes nacionales otros nombres menos afortunados fueron inscritos en el bando de los villanos; Santa Anna, Hernán Cortes y Porfirio Díaz son solo algunos de los desdichados individuos que hasta hace poco ostentaron la categoría de enemigos de la nación. 

Santa Anna el «villano»



Durante muchos años la situación se mantuvo prácticamente igual para la Historia popular, el discurso de héroes y villanos permaneció inamovible del imaginario común, sin embargo muy pronto esto empezó a cambiar. 

El año 2000 marcó una era de desajustes y reordenamiento político, el fin de la hegemonía política del PRI, la llegada de la globalización y las nuevas tecnologías dieron como resultado una libertad académica y de expresión sin precedentes, si bien el discurso oficial no cambio mucho, la llegada de las redes sociales y el internet a manos de la población significó un profundo cambio en la manera de percibir y difundir la Historia.


En los años posteriores este hecho aumento cada vez mas, primero las páginas Web y luego sitios como Facebook y YouTube se encargaron de estudiar, debatir y criticar la postura oficialista, es entonces cuando surge una nueva ola de estudio histórico que se caracteriza por el rechazo al discurso oficialista del gobierno y por consiguiente a todo lo que se enseñaba hasta el momento.

Sin embargo, este suceso trajo consigo consecuencias tanto positivas como negativas, por una parte «el bando de los villanos» fue rescatado, una nueva fascinación por el estudio de personajes como Porfirio Díaz y Maximiliano de Habsburgo destruyó la mayoría de los mitos existentes alrededor de estos personajes; no obstante, en vez de centrarse en un estudio objetivo y libre de extremos, los antiguos villanos fueron elevados a héroes casi o más intocables que los «héroes» anteriores.

La situación se revirtió, Juárez paso a ser un ser odiado, casi repudiado, mientras que Maximiliano fue enaltecido como un individuo inocente, con intereses puramente benéficos a favor de México que lo hacen ver cómo un «benefactor desinteresado» digno de protagonizar una película de Disney.

Este nuevo discurso pecó de radicalismos casi al nivel de la historia oficial, se crearon nuevos grupos que más que estudiosos y seguidores de un personaje histórico se asemejan a fanáticos sin razonamiento.

Discurso de «Héroe y Villano»



Una situación es en particular interesante: la de Maximiliano y Benito Juárez. La «nueva ola» de revisionismo histórico trajo consigo una marcada corriente de imperialismo, figuras como Iturbide y Maximiliano empezaron a sobresalir de gran manera, ganando mucha popularidad y seguidores.

Esta nueva ola marca en sus inicios la reversión y eliminación de los mitos populares anteriores, se centra en desarmar el discurso construido alrededor de Maximiliano, atacando puntos que lo pintan como «invasor» o «ingenuo», sin embargo la «reversión de discurso» no solo se nota en la figura de Maximiliano, Benito Juárez también sufre este revisionismo.

En primer lugar se desmienten ciertos mitos sobre él, por ejemplo sus supuestas buenas intenciones, su «desinterés» por el beneficio personal o el esconder ciertas cualidades como su evidente búsqueda de permanecer en el poder. En una segunda fase se subrayan las cualidades positivas de Maximiliano, se habla sobre su liberalismo, las reformas hechas en su gobierno o que intento hacer, en contra parte, se demuestran más puntos negativos sobre Juárez y se realizan comparaciones entre ambos personajes.

Finalmente llega una tercera etapa aún más radical, se aclama a Maximiliano como un héroe innegable, se hunde la figura de Juárez hasta la denominación de villano y finalmente se consigue un discurso parecido al original, en pocas palabras, se cae de un extremo al otro.

Este es el punto central del tema pues se elimina un mito para implantar uno nuevo, el conocimiento popular cambia, pero abandona el discurso oficialista para caer en uno nuevo igual de novelesco e imparcial, los papeles se alteran más en esencia sigue siendo la misma novela del «bueno y el malo».



Ciertamente un motivo de ello es que la gente está acostumbrada a percibir la Historia como un cuento de buenos y malos, por otra parte la sociedad en general también está involucrada pues tiende a observar bipolarmente al mundo.

Finalmente podemos decir desde un punto de vista general que es entendible el porqué muchas personas tienden a caer en extremos, es también comprensible el porqué debido a ello muchos mitos son sustituidos por otros tras su desaparición.

Como historiadores sabemos que si bien no es posible estudiar un tema con total objetividad si es nuestro deber intentar ser lo más neutral posible, sin caer en hipérboles o radicalismos. Al final sucesos como estos son muestra de una sociedad que evoluciona, que está cada vez mas interesada en conocer la Historia y su pasado por lo que es nuestro deber esforzarnos por desaparecer las leyendas, héroes y villanos de novela que por mucho tiempo han inundado al conocimiento popular.

Empecemos a ver la Historia como lo que es, un objeto de estudio que debe estar libre de prejuicios, fanatismos o partidismos para que finalmente podamos eliminar un mito… Sin crear otro nuevo.

-Zarco

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Historia de los Banquetes

Los mexicanos somos conocidos por armar fiestas por cualquier situación, circunstancia o acontecimiento imaginable. Sin embargo, no somos los únicos con alma de parrenderos o al menos esa característica ha prevalecido a lo largo de la historia y en todas las civilizaciones.  En este artículo veremos de manera general cuál ha sido la evolución de los banquetes, fiestas, guateques, mitotes, etc.

El primer banquete

Según estudios recientes por parte de los antropólogos, el banquete más antiguo de la historia data de 12,000 años a.C y se encuentra en una cueva llamada «Hilazon Tachtit» en la ciudad de Galilea, Israel. Según las investigaciones de la revista Proceedings of the National Academy of Science, el espacio servía como lugar de enterramiento y se hallaron caparazones de más de 60 tortugas y restos de ganado salvaje. Concluyeron que la cueva pertenecía a la comunidad Natufia, la cual contó con la particularidad de celebrar rituales especiales para conmemorar el entierro de sus muertos.

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Cueva Hilazon Tachtit

Antiguo Egipto

Como una civilización que basó sus conocimientos y cultura en la preparación para el otro mundo, la nobleza egipcia preparaba sus cámaras funerarias con todo lo que fuese a necesitar el difunto una vez que estuviera en el más allá. Eso incluye a la alimentación, de tal suerte que se tenía por costumbre llenar las tumbas con comestibles y utensilios de cocina, además de cubrir las paredes con registros de cómo cocinar ciertos platillos y presentarlos.

En este caso era una mujer, la anfitriona, la encargada de presidir y organizar los banquetes que se suscitaban entre la nobleza egipcia. Sus funciones consistían en elegir el menú, supervisar cada detalle y traer el entretenimiento como música y preciosas bailarinas.

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Comida en el Antiguo Egipto

Antigua Grecia

La antigua Grecia consideraba los banquetes más que un espacio para consumir alimentos, sino también para el estímulo filosófico. Así es como crearon el «Symposium» en el que después de comer pasteles, quesos, frutas y demás delicias para picar, se dedicaban a hablar de lo divino y lo humano.

En cuanto a la mesa, no se hacía alguna distinción de rango en la colocación de lugares aunque los invitados de honor podían disfrutar de una porción más grande que el resto de los convidados. Usualmente, antes de iniciar la comida, se realizaba una “libación”, la cual consiste en un derrame de vino caliente o aceite ritual en el altar del dios al cual la familia de la casa mostraba culto.

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Banquete griego

 

 

Imperio Romano

Muchos conocemos el derroche, esplendor y extravagancia que los banquetes romanos poseían en su época dorada. Las celebraciones más conocidas son las bacanales, fiestas religiosas en torno al dios del vino Baco (Dionisio para los cuates griegos) en la que por varios días se presentaban rituales, corría la bebida por doquier y cualquier cosa estaba permitida.

Existieron especialistas para la cocción de carnes y pescados, así como salseros y decoradores de alimentos. Se servían diversos platos presentando pequeñas porciones para probar de todo. Una particularidad de estos banquetes es que los invitados no se sentaban a comer, sino que se recostaban en un mueble conocido como «triclinium» y degustaban de esa forma los platillos, pues aseguraban que en esa posición la digestión era mejor.

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Para dar una idea más completa del exceso de los banquetes en el Imperio Romano, se cuenta con una frase del famoso filósofo Séneca que criticaba el comportamiento de sus contemporáneos:

«[…] se trae desde lo más alejado del océano lo que a duras penas admite un estómago desencajado por las exquisiteces. Vomitan para seguir comiendo, siguen comiendo para vomitar. Y no se dignan en digerir los manjares que andan buscando por todo el orbe»

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Bacanal

Europa Medieval

En la Europa Medieval, los banquetes se asociaban al bienestar político y moral por lo que éstos eran eventos excepcionales en donde se expresaban los ideales estéticos y sociales de la época.

En cuanto al lay out (distribución) del espacio para el banquete, se realizaba en el salón con la mesa principal en el fondo, dos a los lados y en el centro el buffet decorado con tapicería.  La mayoría de los convidados se sentaba en bancas corridas a excepción de la clase social más alta o los invitados de honor que ocupaban sillas individuales.

Para limpiarse existieron raras opciones. Primero, estaba el mantel que en este caso era ligero y pensado para este uso, posteriormente en el siglo XV se introdujo el uso de la servilleta aunque en algunas casas de la nobleza se tenía por costumbre atar conejos a los asientos de sus invitados para que éstos se pudieran limpiar en el lomo del animal.

En cuanto a los cubiertos, la mesa medieval se limitaba a cucharas y cuchillos, ya que el uso del tenedor se introdujo en pleno Renacimiento. No obstante, la realidad es que se comía con las manos con ciertas reglas de decoro; por ejemplo, en Castilla se estableció que los trozos de carne debían cogerse con dos o tres dedos.

Estados Unidos

Los primeros registros de banquetes en la unión americana pertenecen al encuentro de las antiguas civilizaciones con los peregrinos y migrantes; dicho encuentro se conoce bien como Día de Acción de Gracias. Posteriormente la cocina americana prerrevolucionaria tuvo sus raíces en las costumbres inglesas.

Durante 1800 a 1808, el presidente Thomas Jefferson impuso canon en el desarrollo de los banquetes en Estados Unidos. Implantó muchas tradiciones, comidas, y vinos traídos de Europa e instauró varios menús protagonizados por la cocina francesa.

Hasta el siglo XX, no existieron cambios sustanciales en esta forma de llevar los banquetes. De 1960 a 1964, la primera dama Jacqueline Kennedy fue la persona que llevó a cabo importantes modificaciones para el servicio de alimentos en la Casa Blanca. Una de esas divergencias, fue el formato del menú reduciendo a cinco platillos o tiempos como máximo, cuando antes se solían servir siete.

Mesoamérica

Durante la época de Moctezuma, éste elegía el mejor guisado, de los treinta diferentes platillos preparados. En la comida colocaban una tabla labrada con oro y figuras de ídolos la cual servía de mesa teniendo como característica ser muy baja.

Como preparación para la comida, cuatro mujeres le daban a Moctezuma agua en recipientes llamados xicales para que se lavara las manos. Después otras dos mujeres le traían tortillas y así comenzaban a comer. A la hora de la comida le colocaban delante una tabla de madera pintada de oro para que no lo observaran comer.

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Recreación de la mesa de Moctezuma

Nueva España

Después de quince años de la toma de Tenochtitlán, comenzaron a celebrarse grandes banquetes, sobretodo para celebrar la llegada del nuevo virrey. Se colocaban las mesas con dos cabeceras muy largas, en donde se sentaba el anfitrión y el virrey, esperando el servicio que se hacía con mucha solemnidad. Algunos de los alimentos que preparaban son: ensaladas, cabrito, pasteles de codornices y palomas, gallos de papada y empanadas. Entre cada platillo, se ofrecía fruta para quitarse el sabor de la comida previa y prepararse para la siguiente.

Porfiriato

En el período de 1823 hasta 1923, la mesa mexicana intentó ser una imitación de la mesa parisina. El comedor mexicano se engalanaba con mobiliario europeo y se reemplazaron las platerías coloniales por las de Odiot y de Christofle.

En el período del general Díaz, se reflejaron grandes cambios en la mesa mexicana. Se utilizaron vajillas de Limoges, plata victoriana o vermeil francés. Los cubiertos eran también franceses o ingleses, raras veces alemanes. Este aspecto europeizante en el servicio de la mesa persiste a pesar de la reacción nacionalista que trajo consigo la Revolución.

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Don Porfirio

Actualidad

La forma actual de la cultura gastronómica se dio en el siglo XIX con Alexandre Grimond de la Reyniere (conocido como el primer crítico de gastronomía). Quitó la costumbre de poner fuentes de comida para que se sirvieran los comensales, por el servicio plato a plato que en opinión de este crítico, tenía grandes ventajas como asegurar la temperatura de los platillos  y que el invitado pudiese centrar su atención en una sola preparación y la juzgara en función de ello.

 

Y esto es solo una probada -no literal- de los banquetes en México y el mundo. ¿Conocen otros, historiadores?

 

-Momo

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La Fortaleza de San Juan de Ulúa, el primer bastión mexicano

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San Juan de Ulúa. Vista aérea

El fuerte de San Juan de Ulúa es probablemente la fortaleza más emblemática de México y una de las más antiguas de América.

Desde épocas coloniales sus muros han sido testigos de la transformación política y social de México, desarrollando a menudo un papel clave que llegó a definir eventos y periodos cuya influencia en la historia nacional es totalmente innegable.

Sigue leyendo, pues a continuación exploraremos la historia, mitos y leyendas, de La Fortaleza de San Juan de Ulúa, el primer bastión mexicano.

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El Fuerte actualmente

 

El origen

Ubicado en la isla de San Juan de Ulúa frente a las costas Veracruzanas, se encuentra la antigua fortaleza del mismo nombre. Su construcción se registra en el año de 1519; no obstante, la historia de la isla data de muchos años atrás.

Kúlua era el nombre con el cual originalmente los indígenas de la región se referían al lugar. Empero no fue hasta 1518, cuando el explorador Juan de Grijalva llegó al lugar, que el lugar sería renombrado añadiéndole el nombre de «San Juan». Es así como la isla pasaría a conocerse como isla de San Juan de Ulúa.

 

Primeros asentamientos Españoles

Fue en 1519 cuando el explorador Hernán Cortes llegó a las costas de México desembarcando en la isla de San Juan de Ulúa. Ahí comerció con los lugareños y estableció contacto con el cacique Teudile, Calpixque de Cuextlan.

Al ver la posición estratégica de la Isla, Cortés planteó construir un fuerte y volver al lugar la primera fortaleza del futuro nuevo territorio español. Frente a la  se fundaría una ciudad que sería conocida primeramente como «la ciudad de las tablas» por los restos de naufragios que habían en el lugar.

A pesar de ser un lugar de difícil acceso por las tormentas y huracanes la Isla se volvió un muelle y abrigo para los galeones, en 1524 se empezó la construcción de un oratorio franciscano y hacia 1535 la Fortaleza de San Juan de Ulúa empezó a ser edificada.

Para su construcción se usaron piedras de coral, buscando proteger del fondo marino a las embarcaciones que llegaran al lugar. La isla rápidamente se volvió uno de los principales fuertes defensivos de la costa mexicana, junto con el sistema de murallas y baluartes de la ciudad de Veracruz.

Planos
Plano

 

San Juan de Ulúa, la primera línea defensiva.

La Isla rápidamente se volvió el centro defensivo de todo el puerto veracruzano, defendiendo la ciudad de piratas y filibusteros que buscaban tomarla por asalto. Con el tiempo la fortaleza se volvió en la más formidable de esta parte del hemisferio.

Memorables son las batallas como la de 1568 en la que las murallas del testigo fueron causantes y testigos de la derrota del corsario Francis Drake a manos del general español Francisco Luján. Así y hasta la independencia la fortaleza sirvió con honor a la defensa de la nueva España.

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Batalla de San Juan de Ulúa

 

Tras la independencia

Después de haberse consumado la independiente del país la fortaleza siguió sirviendo a la defensa nacional. Tras seguir batiendo corsarios y piratas, el recinto fue tomado por los franceses durante la guerra de los pasteles en 1838 y por las tropas americanas en 1847. Entonces  fue evidente que la fortaleza se estaba tornando anticuada frente a las nuevas tecnologías de guerra, por lo que después de la primera intervención americana fue transformada en una prisión política.

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Cañón en San Juan de Ulúa

San Juan de Ulúa, la prisión de México.

Durante su tiempo como prisión, San Juan de Ulúa se convirtió en uno de los lugares más temidos de su época en el país. Si bien ya se utilizaban algunas de sus instalaciones como penitenciaría en la época colonial, no fue sino hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando se destinó el inmueble a este uso.

Muchas icónicas figuras fueron encerradas tras las paredes de la ahora prisión de San Juan de Ulúa.

Entre los personajes más notables se pueden mencionar a Fray Servando Teresa de Mier, Benito Juárez y quizá al personaje más famoso que estuvo ahí, el bandido Jesús Arriaga, popularmente conocido como Chucho el Roto, afamado bribón durante el gobierno de Porfirio Díaz, el cual logró escapar más de una vez de sus muros.

 

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Interior de una celda

 

La leyenda de San Juan de Ulúa

Quizá la más famosa leyenda que se suscitó en las celdas de la fortaleza fue la de La mulata de Córdoba quien, según se cuenta, para escapar de la Inquisición pintó en los muros de su celda un barco que zarpaba hacia el horizonte, en el cual escapó. La leyenda rápidamente se volvió famosa nacionalmente.

Puerta
Puerta de celda

 

El fin de un fuerte y el nacimiento de un museo

Con los años y tras ganarse (no en vano) una pésima fama como el lugar más asqueroso de México en 1916 la prisión fue cerrada y fue durante breve tiempo, cuartel de marinos y militares.

Actualmente San Juan de Ulúa es una fortaleza/museo que los visitantes pueden recorrer acompañados de un guía que les explica la historia del lugar. Durante el trayecto se puede conocer el primer faro de México, atravesar el puente del último suspiro, entrar al mismo lugar donde estuvo “Chucho el roto” y conocer todo sobre “La Mulata de Córdoba”.

No cabe duda de que San Juan de Ulúa ha acompañado a México en tiempos y eventos de suma importancia, protegiendo al país y sirviendo a él a pesar de los conflictos nacionales.

Si se me permite, quisiera invitar al lector a conocer el lugar y palpar con sus propias manos las paredes de San Juan de Ulúa, la fortaleza que alguna vez fue el primer bastión mexicano.

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San Juan de Ulúa actualmente

-Zarco

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7 de noviembre de 1907. Muere en Sonora el “Héroe de Nacozari”. Se conmemora el día del Ferrocarrilero a partir de 1944.[1]

Fuente: https://bit.ly/2QUiNM9

Hay una calle que se encuentra a unos metros del Palacio Legislativo de San Lázaro en la Ciudad de México llamada “Héroe de Nacozari” y, para fines de información y cultura general, resulta menesteroso mencionar el origen de su denominación.

El 7 de noviembre de 1907, un maquinista llamado Jesús García Corona, que entonces tenía 25 años, suplió a su compañero Alberto Biel, quien se encontraba enfermo desde el día anterior. Aparentemente, la locomotora tenía un problema en la rejilla que contenía las chispas y no funcionaba apropiadamente. Esto no hubiera pasado de un incidente menor de no ser porque en el viaje ferroviario, se cargaron contenedores de dinamita de Nacozari a la mina de Pilares.

Al arrancar la máquina, las chispas volaron hacia la carga explosiva y, para infortunio del maquinista, se esparcieron con rapidez e incendiaron los explosivos. Al notar esto, decidió pasar de largo del pueblo de Nacozari y llevarlo al campo abierto, alentando a su tripulación que saltara del tren en movimiento. Minutos después, a las 14:20 horas, hubo una gran explosión que cimbró la población, muriendo al instante Jesús García Corona junto con otras trece personas del caserío llamado “El Seis”; en cambio, se salvaron cientos al evitar la detonación en la zona más poblada.

Tras este evento el sacrificio del “Héroe de Nacozari” empezó a ser reconocido. El congreso del Estado de Sonora cambió el nombre del asentamiento a Nacozari de García en 1909 y, 3 años después, se volvió la cabecera municipal del mismo nombre. Años más tarde, en honor a los maquinistas ferroviarios y a este héroe civil, desde el 7 de noviembre de 1944 se estableció la conmemoración del Día del Ferrocarrilero en nuestro país.

Fuentes:

  • Gutiérrez Ruelas, Ulises. “Hace cien años, Jesús García, el Héroe de Nacozari, salvó un pueblo a costa de su vida.” En La Jornada. [Consultado el 15 de octubre de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2IYIQPf ]
  • Hernández, Bertha. “El héroe de Nacozari: su vida por la de miles.” La Crónica. [Consultado el 15 de octubre de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2QUiNM9 ]
  • Virgen, Lucy. “7 de noviembre. Día del Ferrocarrilero.” Universidad de Guadalajara. [Consultado el 15 de octubre de 2018. Disponible en: https://bit.ly/10yk8gz ]

[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

2 de julio de 1915. Muere el ex presidente de México, General Porfi­rio Díaz, en París, Francia.[1]

La Tumba de Don Porfirio Díaz

[2]

Un día como hoy, pero de 1915, el octogenario ex presidente de México, General Porfirio Díaz, exhalaba su último aliento en París, Francia, en un exilio no deseado, alejado de su patria y nostálgico por su tierra. [3]

Nacido un 15 de septiembre de 1830, fue sin duda un parteaguas para la Historia nacional, pues estuvo involucrado activamente en la defensa de la República liberal contra el Imperio de Maximiliano de Habsburgo. Su relevancia es tal, que una etapa completa de nuestro devenir histórico está definida por su figura.[4] El Porfiriato, sucedido de 1877 a 1880 y de 1884 a 1911, cambió totalmente el panorama de México, pues se ingresó al país a una auténtica etapa de desarrollo industrial, hubo superávit financiero, construcción de ferrocarriles, estabilidad, paz, orden y progreso, como lo profesaba el mandatario.

No obstante, no se debe minimizar lo que podría considerarse como una serie de graves atropellos a diversos sectores de la población, sobre todo de origen indígena y de bajos recursos, a quienes se les etiquetaba como “ladrones por cuestión genética”[5]; lo que resultó en una gran diferenciación social, pese a los esfuerzos de mejorar la instrucción pública.[6] De hecho, la cuestión de la criminalidad parecía, según la apreciación de la época, algo particular de las clases bajas de la sociedad. Menciona Elisa Speckman que “[…]gran parte de los criminales provenían de sectores que contaban con bajos recursos económicos, lo cual no resulta extraño si pensamos que ese sector constituía la mayoría de la población.”[7]

A pesar de ello, es menester señalar la apreciación que se tenía del titular del Ejecutivo en su época. Menciona Emilio Rabasa que “[…] la opinión pública apoyó vigorosamente al gran constructor de la nación, por más que el absolutismo la impacientara.”[8] La muestra más fehaciente de ello fue la defensa que hizo Francisco Bulnes de la reelección de Díaz, donde mencionó que “El buen dictador es un animal tan raro que la nación que posee uno debe prolongarle no sólo el poder, sino la vida”[9]

Empero, el pasado no se juzga y los sucesos se deben analizar en su contexto, Así, podemos enunciar el conocido apego –nominal- del dictador a la Constitución de 1857, la simulación democrática y el establecimiento de un Congreso a modo, como los principales factores de legalidad y legitimidad de su régimen, las cuales, imbricadamente, pocas veces se han conseguido en la convulsa historia de nuestro país. Tal vez la máxima expresión de esto, se mostró en el momento de presentar su renuncia ante los legisladores de la nación el 25 de mayo de 1911:

La renuncia contiene estas graves palabras: «Espero… que calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional un juicio correcto que me permita morir llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré a mis compatriotas».[10]

Su exilio inició a la brevedad. “La madrugada del 26 de mayo, la familia Díaz partió al exilio. El militar de confianza para acompañarla durante el trayecto en el tren a Veracruz fue el general Victoriano Huerta, lo que era un reconocimiento a su lealtad.”[11] El 31 del mismo mes, partió a bordo del barco Ypiranga desde el puerto de Veracruz con destino al Viejo Mundo. En 1915 empezó a desmejorar su salud, siendo detectada arterioesclerosis múltiple como el mal que le aquejaba. “Por otra parte, su lucidez mental se fue limitando a un hecho monotemático: la añoranza de México.”[12] Sus últimos días la pasó al lado de sus familiares.

De acuerdo con sus familiares, el día 29 de junio recibió la extremaunción y fue la tarde del 2 de julio que falleció. Fue sepultado en la Iglesia de Saint Honoré l’Eylau, con la intención de que su cadáver embalsamado fuera traído a México, pero dada la negativa, en 1921 sus restos fueron trasladados al cementerio parisino de Montparnasse, donde aún permanecen [13]

Aunque se ha intentado cumplir sus últimos deseos y traer sus restos de vuelta al país, esto no se ha concretado, no obstante el empuje de esta iniciativa en el contexto del Centenario luctuoso del personaje. Resulta necesario seguir analizando al personaje y su contexto, así como a los procesos históricos que giraron en torno a su figura, para comprender los diferentes matices de la realidad y el momento del sujeto histórico.


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Extraído de: https://bit.ly/2NhTMJT

[3] Tomás F. Arias Castro. Los últimos días de Don Porfirio. En Relatos e Historias en México. Año VIII. 84. septiembre de 2015. P. 78.

[4] Luis A. Salmerón. “Muere Porfirio Díaz. 2 de julio de 1915.” En Relatos e Historias en México. Año V. 59. Julio 2013. P. 89

[5] Elisa Speckman. Crimen y Castigo: legislación penal, interpretaciones de la criminalidad y administración de la justicia, Ciudad de México, 1872-1910. México: El Colegio de México. UNAM. 1992. P. 92. 357 p.

[6] Luis González y González. “El liberalismo triunfante” en Cosío Villegas, Daniel, et. Al. Historia General de México. Versión 2000. México: El colegio de México, 2008. P. 660. 1103 p.

[7] Ibídem, p. 93.

[8] Emilio Rabasa. La evolución histórica de México. 4° edición. México: Coordinación de Humanidades UNAM, Grupo Editorial Miguel Ángel Porrúa, 1986. P. 159. 361 p. Biblioteca Mexicana de escritos políticos.

[9] Enrique Krauze. Siglo de los caudillos. Biografía Política de México. (1810-1910). México: Tusquets editores. 2009, ´ p. 306. 347 p. Colección Maxi Tusquets.

[10] ­­­­­­­­­_____________. Vindicación de Porfirio Díaz en: Letras Libres. 7 de julio de 2015. [Consultado el 2 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2lP71VT ]

[11] Pedro Siller. Huerta en defensa del gobierno de Porfirio Díaz. En Relatos e Historias en México. Año VIII. 92. abril de 2016. P. 47.

[12] Arias Castro, Óp. Cit., p. 78.

[13] Leticia Sánchez Medel. “El viaje de Porfirio Díaz al exilio, cortesía del ‘Ypiranga’”. En Milenio. 30 de junio de 2015. [consultado el 2 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2KKNf8U ]

5 de mayo de 1877. Porfirio Díaz toma posesión como presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.[1]

Porfirio Díaz
Porfirio Díaz

El General Don Porfirio Díaz Mori, destacado militar mexicano durante la Guerra de Reforma (1858-1861) y la Intervención Francesa (1862-1867), liberal y político, había encabezado una rebelión en 1871 contra el que fuera su profesor de derecho civil en Oaxaca, Benito Juárez[2], que se había reelecto para otro periodo presidencial en 1871.

Este alzamiento , conocido como el Plan de la Noria [3]resultó un fracaso por la falta de capacidad de convocatoria de Díaz y por la súbita muerte de Juárez el 18 de julio de 1872.[4] Ante ello, el movimiento golpista quedó suprimido y asumió la presidencia el entonces presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Sebastián Lerdo de Tejada, siendo ratificando posteriormente de manera constitucional.[5]

En 1876, Díaz volvió a rebelarse bajo el Plan de Tuxtepec el 10 de enero, donde es apoyado por una gran cantidad de simpatizantes, enarbolando la máxima de No reelección[6] Tras celebrarse elecciones y resultar ganador Lerdo de Tejada, la lucha se decide en el campo de batalla, obteniendo la victoria definitiva las fuerzas Tuxtepecanas el 16 de noviembre del mismo año y abandonando el puesto el entonces Presidente electo.[7]

Tras esto, se inició un proceso legal y militar, donde Díaz buscó legitimarse mediante elecciones, apego a la Constitución y, es menester mencionarlo, la derrota total de sus opositores. Con ello, logró asegurarse como jefe del Ejecutivo a partir de 1876 y, una vez reinstaurado el Congreso en 1877, consiguió el reconocimiento de Presidente Constitucional el 5 de mayo de 1877.[8]

El Presidente Díaz abandonó la Presidencia el 1 de diciembre de 1880, en medio de un ambiente pacífico y la entregó al Presidente Electo, Manuel González. Esto aumentó su caudal político y fomentó la visión democrática que se había generado tras la rebelión de Tuxtepec. [9] Regresó a tomar las riendas de la nación en 1884 y no lo abandonaría sino hasta 1911, tras el estallido de la Revolución Mexicana.


[1] Escrito por Ricardo S. Rodríguez G.

[2] Carlos Tello Díaz. Porfirio Díaz: su vida y su tiempo. La guerra 1830-1867. México: Debate. 2015. Posición. 1790.

[3] Alberto María Carreño (prólogo y notas) Archivo del general Porfirio Díaz Memorias y documentos. Tomo X. México Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Historia/Elede. 1951. Pp. 12-13 [Consultado el 27 de abril de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2HDh1un ]

[4] Luis Arturo Salmerón. Muerte del Presidente Juárez. Relatos e Historias en México. [Consultado el 30 de abril de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2vy7MoQ ]

[5] _________________. Nace Sebastián Lerdo de Tejada. Relatos e Historias en México. [consultado el 30 de abril de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2r924ds ]

[6] Román Iglesias González (Introducción y recopilación). Planes políticos, proclamas, manifiestos y otros documentos de la Independencia al México moderno, 1812-1940. Plan de Tuxtepec. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Serie C. Estudios Históricos, Núm. 74. [Consultado el 30 de abril de 2018. Disponible en: https://bit.ly/1UID4y6 ]

[7] Bicentenario. “Sebastián Lerdo de Tejada (1823-1889).” [Consultado el 30 de abril de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2HEMQHg ]

[8]Pablo Serrano Álvarez. Porfirio Díaz y el Porfiriato. Cronología. (1830-1915). México: INEHRM. 2012.  Pp. 48-60.

[9] Ibídem, pp. 103-132.