#Efemérides: 10 de enero de 1981 El grupo guerrillero FMLN de El Salvador inicia su «ofensiva general»

El FMLN se había fundado el 10 de octubre de 1980, y en diciembre se había integrado el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC). Por lo menos desde enero de ese mismo año se estaba preparando la plataforma para un Gobierno Democrático Revolucionario (GDR), que se instrumentaría tras la toma del poder. El GDR fue presentado el 24 de febrero de ese año por la Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM).

Mientras la Dirección Revolucionaria Unificada preparaba los aspectos militares, políticos y diplomáticos de la ofensiva, desde el 22 de enero, a través de la CRM, la izquierda comenzó un intenso trabajo de lucha de calle con una gigantesca manifestación (entre 200.000 y 350.000 personas), que fue reprimida por los cuerpos de seguridad del gobierno.

Desde el 30 de marzo, tras la matanza ocurrida durante los funerales del arzobispo Óscar Arnulfo Romero, asesinado el día 24 de ese mes, las organizaciones de masas comenzaron a replegarse de las calles, pero muchos de sus militantes y cuadros pasaron a engrosar las filas de las organizaciones político-militares, con miras a la «ofensiva final». Los sindicatos afiliados a la CRM también efectuaron diversos «ensayos» de huelga general, se activaron grupos de choque para proteger las manifestaciones y hubo un auge de los comandos urbanos. Por su parte, con la mayor parte de sus dirigentes exiliados, el Frente Democrático Revolucionario, en alianza con el FMLN, lanzó una campaña diplomática en Europa, América Latina, Estados Unidos y el norte de África destinada a lograr simpatía internacional hacia el movimiento revolucionario.

Además del asesinato de figuras políticas y morales de gran peso, como el arzobispo Romero, los llamados «escuadrones de la muerte» fueron activados al máximo, y buena parte del movimiento popular fue descabezado, sin contar con los asesinatos de militantes de base y de sus familias. Fue el año en que se lanzaron las mayores y más frecuentes ofensivas militares contra las zonas de influencia de la guerrilla y se crearon los primeros batallones de élite.

La culminación de esta campaña fue el asesinato, en noviembre de 1980, de seis de los principales dirigentes del FDR: Enrique Álvarez Córdova, presidente de la alianza; Juan Chacón, secretario general del Bloque Popular Revolucionario; Manuel de Jesús Franco, dirigente de la Unión Democrática Nacionalista; Enrique Escobar Barrera, del Movimiento Nacional Revolucionario; Humberto Mendoza, del Movimiento de Liberación Popular, y Doroteo Hernández, líder de la Unión de Pobladores de Tugurios, dependiente del BPR.

Aun así, el 20 de diciembre de 1980, en Managua, el presidente del FDR, Guillermo Manuel Ungo, declaró que pronto se daría a conocer la conformación del gobierno que tomaría el poder tras la ofensiva que se avecinaba, y diferentes comandantes guerrilleros aseguraron que la ofensiva culminaría con la toma del poder antes de la juramentación de Ronald Reagan.

El 10 de enero de 1981, el FMLN y el FDR dio a conocer un escueto comunicado por todo el mundo: «a las 5 de la tarde de hoy se inició la ofensiva general. El enemigo está perdido; lo tenemos rodeado; la justicia popular ha llegado.»

Los combates comenzaron con el ataque a varias de las guarniciones más importantes del país, como la de San Francisco Gotera, en Morazán, y las de San Miguel, Santa Ana, Zacatecoluca y varias de San Salvador. En ese momento quedó claro que, pese a todos los preparativos, las fuerzas del FMLN no estaban listas para el combate frontal contra el ejército y los cuerpos de seguridad, y lo que debía ser una rápida victoria se convirtió en un impasse que corría en contra de las fuerzas revolucionarias, pues el gobierno salvadoreño recibió un rápido y masivo apoyo militar del gobierno estadounidense, aún encabezado por James Carter.

El FMLN había confiado también en que los ataques contra el ejército provocarían insurrecciones locales por todo el país, pero éstas no se produjeron. En la capital se declaró la huelga general y hubo combates de calle entre las fuerzas de seguridad y comandos urbanos y milicias, pero la población tampoco se levantó, y para el 20 de enero, día de la toma de posesión de Reagan, la ofensiva había fracasado. Los combates continuarían durante algunos días más, en especial en las zonas rurales.

Según diferentes valoraciones, fueron varios los factores que determinaron el fracaso de la «ofensiva final» u «ofensiva general». La más importante fue la desarticulación de las dirigencias de los movimientos de masas y el traslado de sus cuadros más eficaces a las instancias militares. Luego, las organizaciones político-militares declararon dentro del FMLN una cantidad mucho mayor de sus fuerzas reales, y los planes se hicieron con base en esto; se confiaba en que la población insurreccionada compensaría la falta de efectivos guerrilleros. Además, por la desconfianza existente entre las propias organizaciones guerrilleras y de masas, no se estableció un mando común, un estado mayor general o mecanismos de coordinación sobre el terreno, y cada una actuó por su lado, sin mantener informadas a las demás. No se establecieron mecanismos de logística, y los incipientes comités de barrio no contaban con líderes, planes de acción concretos ni mecanismos de lucha prestablecidos.

El FMLN, en fin, jugó a la carta de la «ofensiva final» con toda la energía organizativa acumulada a lo largo de una década. La derrota llevó a un replanteamiento de los mecanismos de lucha, que quedaron prácticamente destruidos, y de la estrategia revolucionaria insurgente. Este replanteamiento llevó no solo a un reforzamiento militar del FMLN, con un énfasis menor en el movimiento popular y político, sino también a pugnas entre y dentro de las organizaciones político-militares. Una de las consecuencias extremas de las discusiones sería el asesinato en Managua, el 6 de abril de 1983, de la comandante Mélida Anaya Montes, «Ana María», y el posterior fallecimiento del comandante Salvador Cayetano Carpio, «Marcial», los principales dirigentes de la más poderosa organización del FMLN, las Fuerzas Populares de Liberación «Farabundo Martí».

 

Bibliografía

 

-Edri Alexander Crespo Jama

(Reseña) El gran delirio – Norman Ohler

Título: El gran delirio: Hitler, las drogas y el III Reich

Original: Der totale Rausch: Drogen im Dritten Reich

Autor: Norman Ohler

Editorial: Crítica

Año de publicación: 2015

Calificación: 4/5

Sinopsis: El resultado de cinco años de investigación en archivos alemanes y estadounidenses. Este es un libro fundamental para conocer mejor a Hitler, por un lado; pero también para entender los éxitos militares del nazismo. Como ha dicho el gran historiador Hans Mommsen: «Norman Ohler se ocupa de una dimensión hasta ahora insuficientemente conocida del régimen nazi: la importancia del uso creciente de drogas en la sociedad nacionalsocialista». Basándose en fuentes hasta ahora no utilizadas, Ohler no sólo profundiza en la drogadicción de Adolf Hitler, a quien su médico personal mantenía activo dándole hasta 74 estimulantes distintos, sino en la difusión del uso de metanfetamina entre la población alemana, y nos descubre que se administraron millones de dosis a las tropas que habían de resistir los tremendos esfuerzos que requería la realización de las campañas de la blitzkrieg.

La historiografía relativa a Hitler y el III Reich es vasta y todavía corren ríos de tinta y cualquiera que vea algo nuevo relacionado dirá que se ha escrito demasiado. Pero siempre hay estudios que van más allá y se descubren otros datos que no se sabía con certeza y que suponen otro enfoque de investigación y ahí ha ido a parar Norman Ohler, escritor alemán: el estudio de las drogas en el III Reich y cómo las usaba Hitler.

Theodor Morell

Quienes estudiamos el III Reich (yo aspiro a especializarme en eso) conocemos grosso modo la mala salud de Hitler, que le hacía seguir una dieta vegetariana, que aunque tuviera una actitud de superioridad moral, era un amante de la carne y los motivos de su dieta eran por motivos de salud y no por motivos éticos y siempre sufrió de flatulencias y problemas estomacales que mantenía a raya mediante el escaso consumo de carne y las diversas drogas (Pervitin, Eukodal, Vitamultin y demás sustancias de origen animal transformadas) que le suministraba su médico personal Theodor Morell, un médico que hoy en día se consideraría más bien un charlatán, pero que a base de jeringa ganó una base de clientes y vio su etapa dorada al convertirse en médico de Hitler. En este libro se habla a fondo de su historia con el Führer, su auge y su caída y cómo Hitler no sólo fue cayendo políticamente, sino también física y psíquicamente debido a su tratamiento a base de drogas.

También y no menos importante se habla del desarrollo del Pervitin, marca registrada de las metanfetaminas que se usaba tanto en la Wehrmacht como por civiles porque ofrecía un mayor aguante y resistencia en las diversas actividades y cómo un medicamento que podía adquirirse con gran facilidad se convirtió en una droga altamente adictiva y que no pocos podían prescindir, pese a sus altísimos efectos secundarios. Pese a que el III Reich castigaba a los drogadictos con penas severas y los enviaba a campos de concentración y su intención con el Pervitin era diferente, al final se puede decir que los mismos consumidores de una forma u otra se convirtieron en drogadictos.

En general el libro es de lectura ligera una vez se tiene nociones de III Reich y su historia y el tono del autor es ameno y fácil de entender y usa un tono más bien humorístico, pero con rigor histórico. Hay que decir que la parte de la historia del Pervitin y su vida y milagros puede ser un poco densa, pero por lo general es un libro que teniendo tiempo, se lee enseguida y gracias a él he descubierto más a fondo datos que hasta entonces no conocía del todo bien y me han ayudado a aclarar mejor la verdad sobre la salud de Hitler, sobre la que hay muchos mitos, principalmente la relacionada con su vegetarianismo.

Yo personalmente os recomiendo el libro, ya que aporta información relativamente nueva y muy interesante y es evidente que el autor se ha tomado sus cinco años investigando y ofreciendo buenos resultados y como dice Hans Mommsen en su epílogo, ofrece otra perspectiva en el estudio de la figura de Hitler. Eso sí, es una recomendación orientada a quienes conozcan la figura de Hitler y quieran ampliar información, si se sabe poco de él o del III Reich, la lectura, pese a su tono, puede que cueste entender ciertas partes.

-Alex De Large

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