La Policía Metropolitana de Londres. Los Bobbies. Historia y Origen

El 29 de septiembre de 1829,  Londres fue testigo de una novedad no vista antes en sus calles: secciones de hombres con uniformes azul oscuro desfilando por varias de sus manzanas. Se trataba del primer día de operaciones de la llamada “Policía Metropolitana”, cuya función sería la de evitar delitos y velar por la seguridad de los habitantes de la metrópolis. Había nacido la primera Policía Preventiva de la Historia. La mente detrás de su creación fue Sir Robert Peel, Ministro del Interior en ese entonces, y cuyo nombre serviría de base para el apodo con que se conocería desde muy pronto al personal de la institución: “Bobbies” o “Peelers”. Tal medida obedeció a la preocupación del ministro por los altos índices de delincuencia en una urbe que, fruto de la Revolución Industrial, sumaba más de un millón de habitantes y continuaba creciendo a gran rapidez.

Bienvenidos historiadores, a una entrega de Historia Oscura, donde hablaremos sobre los primeros años de la policía londinense, un cuerpo que actualmente forma parte indisoluble del paisaje urbano inglés, pero que tuvo unos orígenes algo difíciles. En este video hablaremos sobre cómo fueron las vivencias de los primeros “Bobbies”, qué problemas enfrentaron y cómo fue a grandes rasgos, la recepción que tuvo la población urbana hacia ellos. Sin nada más que añadir, comencemos.

El nacimiento de esta policía no fue visto con buenos ojos por varios sectores de la sociedad inglesa, incluidos algunos miembros de la élite gobernante: para ellos, la nueva institución constituía una intromisión por parte del Estado en sus vidas privadas. A fin de cuentas, los oficiales ejercerían de ahora en adelante, un grado de autoridad sobre la población. Pero realmente ésta se manifestaría especialmente en la facultad para clausurar negocios que no se ciñeran a los reglamentos vigentes, detener personas sospechosas de incurrir en delitos o que fueran sorprendidas in fraganti e intervenir en riñas. Anticipándose a estos recelos y deseoso de que con el tiempo se disiparan, Peel y sus colaboradores establecieron algunos lineamientos para el cuerpo policiaco.

En primer término, se decidió que los elementos de la nueva institución, conocidos también como “constables”, no portarían armas de fuego. Ello bajo la lógica de que su función principal sería la de servir y proteger a los habitantes de Londres, no reprimirlos ni coartar sus libertades. Consecuentemente, se equiparían únicamente con una porra, una sonaja de madera (más tarde reemplazada por un silbato) para solicitar refuerzos y una linterna para los rondines nocturnos. Solamente los guardias destacados en zonas particularmente inseguras, podrían emplear un espadín corto como arma estrictamente defensiva. Si bien desde el principio se planteó que la nueva institución debía poseer una férrea disciplina y jerarquía, Peel fue muy enfático en señalar que la Policía no tendría ninguna relación con el ámbito militar, sino que dependería directamente del Ministerio del Interior.

Con respecto a los uniformes, se buscó que fueran totalmente distintos a los de las fuerzas armadas: de ahí que fueran de color azul oscuro, en contraste con las vistosas casacas rojas empleadas por los soldados. Para facilitar su identificación, se confeccionaron números cosidos al cuello de los uniformes, lo cual representó un antecedente directo de las placas policiales.  En cuanto a las prendas de cabeza, si bien ha quedado grabado en la memoria colectiva el peculiar casco similar a un salacot, éste solo empezó a ser empleado hasta la década de 1860: en sus primeros años, los oficiales portaban altos sombreros de copa, diseñados no solo para protegerles de las inclemencias del tiempo, sino también contra ataques sorpresivos a la cabeza, de ahí que su estructura interna estuviera reforzada. Eran tan robustos, que podían ser empleados como “taburetes” para saltar bardas durante la persecución de algún delincuente.

La organización de la nueva institución corrió a cargo de dos hombres de confianza de Peel, que además fueron sus primeros comisionados o comandantes generales: Sir Charles Rowan y Richard Mayne.  Éstos dividieron Londres en una serie de distritos, con estaciones de policía en cada uno de ellos. En tales estaciones operarían varias secciones de policía de nueve hombres cada una y cuya función sería patrullar continuamente las demarcaciones; por su parte, un conjunto de secciones conformaba una división.  El corazón de la corporación fue establecido en una zona céntrica conocida como Whitehall Place, específicamente en un edificio denominado por razones todavía no poco claras, como “Scotland Yard”. En éste residirían los propios comisionados, a quienes responderían los jefes de las divisiones, conocidos como superintendentes. A su vez, las estaciones estaban comandadas por inspectores y las secciones por sargentos. La única zona que se mantuvo fuera de la jurisdicción de la Policía Metropolitana fue la llamada “City”: núcleo histórico de la ciudad y domicilio de los principales empresarios y comerciantes de Londres. Sin embargo, años después también dispuso de su propio cuerpo de policía, que colaboraba con el personal de Scotland Yard en caso de necesidad.

Para el establecimiento del personal de la corporación, tanto Peel como Rowan y Mayne fueron muy selectivos: se buscó que los aspirantes a la fuerza provinieran de las clases trabajadoras y que supieran leer y escribir. Asimismo, debían llevar un modo de vida recto y honrado, pues de ahora en adelante serían los primeros representantes de la autoridad en las calles londinenses. Para conseguir este resultado, los comisionados aplicaron una serie de exámenes, tanto de conocimiento como médicos a los solicitantes. Esto dio como resultado que solo una fracción de los muchos aspirantes fuera aceptada. Con todo y los filtros mencionados, para 1830 Scotland Yard sumaba poco más de 3 mil uniformados, cifra que fue aumentando paulatinamente con los años, merced de que nunca faltaron interesados en ingresar a la corporación.Peel

Una vez dentro de la fuerza, la vida era dura para los nuevos policías. En primer lugar, los horarios y ritmos de trabajo no eran nada generosos: debían patrullar continuamente su sector en turnos que duraban entre 12 y 16 horas, ya de día, ya de noche. Dado que su presencia no inspiraba mucha confianza en un principio, corrían riesgo de ser increpados o agredidos físicamente por algunos habitantes enardecidos. Asimismo, las rondas nocturnas les exponían al riesgo de contraer enfermedades respiratorias, aunque esto era compensado por una suerte de seguro médico primitivo. Si bien a diferencia de otros sectores obreros, tenían posibilidades de ascenso y poseían un sueldo regular, éste no era muy alto y muchas veces no les alcanzaba para dar sustento a sus familias: los precios de alquiler y los productos de la canasta básica eran muy onerosos. Así pues, no es de extrañar que muchos oficiales no superaran los dos años de permanencia en la fuerza. Ello sin contar a otros tantos que eran dados de baja por faltas disciplinarias, entre ellas acudir en estado de ebriedad al trabajo.

Como se ha mencionado, la relación con la población fue complicada en un principio: muchos roces entre habitantes y guardias se debieron al empeño de éstos últimos por desalojar de las calles a borrachos, personas sin hogar, prostitutas o vendedores ambulantes no autorizados. También les costó a los oficiales imponer su autoridad en casos de riñas, y hubo casos donde los amotinados golpearon de forma implacable a los constables que infructuosamente trataban de separarlos y arrestarlos para conducirlos a las estaciones. También, pese a los esfuerzos de Rowan y Mayne por mitigarlos, eran comunes los casos de abuso de autoridad y tratamiento agresivo por parte de los guardias hacia residentes desprevenidos. Asimismo, si bien se buscó por diversos medios prevenir la corrupción, no era raro que algunos constables recibieran sobornos de parte de comerciantes y dueños de burdeles, para que sus establecimientos no fueran clausurados.

Otro punto de fricción fue el tema del mantenimiento del orden público en las calles y plazas, sobre todo durante la ocurrencia de protestas públicas o disturbios, y es que las técnicas de manejo de multitudes eran todavía muy rudimentarias. De ahí que en muchas ocasiones los “bobbies” se propasasen en el uso de la fuerza, sobre todo con grupos obreros que exigían mejoras en sus condiciones laborales. Era tal la irritación y críticas que provocaba su actuar, que por un tiempo se apodó a la policía como “la pandilla del Sr. Peel”. Al igual que otras problemáticas, ésta perduró por varias décadas, quedando como ejemplo indeleble de la brutalidad policial, el llamado “Bloody Sunday” de 1887 en la Plaza Trafalgar. Evento donde muchos obreros fueron lesionados por los uniformados, y al menos dos resultaron muertos en medio del caos.

Pese a todo lo señalado, poco a poco los londinenses se fueron acostumbrando a la cotidiana presencia de los “Bobbies”. También sus labores para velar por la propiedad pública y privada, detener ladrones, borrachos agresivos e incluso asesinos, favoreció que la opinión hacia ellos se tornara más positiva. Por otro lado, si bien es cierto que los grados de delincuencia bajaron relativamente gracias a sus esfuerzos, es importante decir que hubo zonas que siguieron siendo muy inseguras. Y es que en una ciudad que para mediados del siglo XIX ya superaba los 3 millones, un cuerpo de policía cuyo número era de poco más de 7 mil en 1862 no era suficiente para cubrir todas las áreas y las necesidades.

Asimismo, había situaciones o tareas que simplemente superaban la capacidad de los oficiales y que requerían labores mucho más sofisticadas que los actos preventivos, hablamos sobre todo de los casos de homicidios culposos y dolosos. Fue así como en 1842 Scotland Yard estrenó una pequeña unidad de detectives cuya labor sería investigar y resolver estos crímenes más específicos. A diferencia de sus contrapartes uniformadas, los detectives vestirían ropas civiles y estarían facultados para portar pistolas o revólveres. Ahora, el hecho de que la criminalística y las ciencias forenses estuvieran dando apenas sus primeros pasos, implicó que al lado de algunos éxitos, hubiera otros casos que quedaran impunes, como los crímenes cometidos por Jack el Destripador en la década de 1880. Naturalmente esta clase de situaciones, hacían que el personal de Scotland Yard fuera duramente criticado por la prensa, sectores políticos y población en general.

Pese a estos descalabros, se continuó trabajando para mejorar el desempeño de la institución y su relación con los ciudadanos. Con el tiempo se aumentó el estipendio de los policías y en la década de 1870, se les dio el derecho a tener una pensión tras 25 años de servicio. En cuanto a la estructura general de la corporación, se mantuvo prácticamente inmutable exceptuando lo referente a los comisionados: a partir de los años 1850 dejaron de ser dos y el puesto fue ocupado por un solo funcionario. La Policía Metropolitana de Londres continúa operativa actualmente y, pese a no ser perfecta y seguir teniendo controversias, se ha vuelto un ícono de la Metrópolis del Támesis.

 

Bruno De Gante

Fuentes consultadas

  • Byam M. (1995). Biblioteca Visual Altea. Armas y Armaduras. Madrid: Santillana: Altea.
  • Czerni V. (2017). Peelers. Alias: “The Blue Devils”, “The Raw Lobsters”, “The Bludgeon Men”. Ragged Victorians. https://raggedvictorians.co.uk/gallery/Peelers%20by%20Val%20Czerny.pdf
  • Emsley, C. (1991). The English Police. A Political and Social History. Second Edition. Londres: Routledge/ Taylor & Francis.
  • Historia y Vida (9 de enero de 2018). 10 datos curiosos sobre Scotland Yard. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20180105/47313092969/10-datos-curiosos-sobre-scotland-yard.html
  • Miller W.R. (1977). Cops and Bobbies. Police Authority in New York and London, 1830-1870. Chicago: University Chicago Press.
  • Wilkes, J. (1984) The London Police in the Nineteenth Century. Cambridge: Cambridge University Press/Lerner Publications Company.
  • Kocak D. (2018). “The Historical Origins of Community Policing in 19th Century Britain and Imperial Japan”. en Rethinking Community Policing in International Police Reform. Examples from Asia (pp. 17-22). London: Ubiquity Press.

#Efeméride: 22 de julio de 1864: Batalla de Atlanta: Victoria de la Unión, a cargo del general William Sherman

22 de julio de 1864

Batalla de Atlanta: Victoria de la Unión, a cargo del general William Sherman

En el marco de la Guerra de Secesión o Guerra Civil Estadounidense, hoy recordamos una de sus batallas más relevantes, que tuvo lugar en Atlanta y que fue de las más importantes en el campo occidental de la guerra y, con el triunfo de los Estados de la Unión, ayudó a acelerar el proceso que le daría la victoria sobre los Estados Confederados.

De hecho, la Batalla de Atlanta forma parte de la Campaña de Atlanta, que abarco desde el 7 de mayo hasta el 2 de septiembre de 1864 y que enfrento en ese periodo de tiempo a cerca de 100 mil soldados de la Unión contra poco más de 65 mil confederados y que se estima resultó con alrededor de 35 mil bajas por cada bando.

Indudablemente el punto cumbre de esta campaña fue la Batalla de Atlanta, capital del Estado Confederado de Georgia, que tuvo lugar el 22 de julio de 1864 y en el que las tropas de la Unión comandadas por el general William Sherman derrotaron a la defensa confederada a mando del general John Bell Hood, allanando el camino para la derrota de Georgia y con ello sumar un importante bastión para la victoria de los Estados de la Unión, que se consumaría el año siguiente.

Como parte de la campaña y de la batalla de Atlanta, la ciudad fue atacada sin piedad y una gran parte de ella fue destruida e incendiada. De hecho, de la ciudad original sólo se conserva una calle, el resto debió ser reconstruido paulatinamente tras el fin de la guerra.

#Efemeride: 10 de junio de 1863: El ejército invasor francés ingresa a la Ciudad de México

10 de junio de 1863

El ejército invasor francés ingresa a la Ciudad de México

El 10 de junio de 1863, el ejército francés al mando del mariscal Frédéric Forey ingresó triunfal a la Cuidad de México y de inmediato estableció un gobierno provisional, lo que fue un paso definitivo para consumar la intervención francesa y dejar allanado el camino para la instauración del Segundo Imperio Mexicano, bajo el mando del austriaco Maximiliano I.

La llegada del Ejército francés se dio en el marco de la intervención de dicho país a México, que tuvo su origen en la cancelación del pago de la deuda externa por parte del presidente Benito Juárez en 1861 (a fin de recuperar el país económicamente luego de la difícil guerra civil que fue la Revolución de Ayutla) y que motivo el descontento de las potencias europeas a las que México dejó de pagarles: Reino Unido, España y Francia.

España y Reino Unido negociaron con México y retiraron sus tropas al poco de llegar al puerto de Veracruz en 1862, sin embargo, Francia continuó con sus reclamos gracias a sus intereses imperialistas y a considerar la oportunidad de ejercer un dominio sobre México importante en sus deseos de debilitar a la cada vez más poderosa nación estadounidense. Así, motivados por tales causas, Napoleón III ordenó mantener las tropas y avanzar sobre el territorio mexicano.

La guerra se desató y, pese al notable triunfo mexicano el 5 de mayo de 1863 en Puebla, y en otros escenarios, el ejército francés no pudo ser detenido y avanzó hasta ocupar la Capital de la República el 10 de junio de 1832, forzando al gobierno de Juárez a abandonar la ciudad y mantener su gobierno en la itinerancia. Por su parte, los franceses empezaron a establecer o diseñar el nuevo gobierno y, al mes siguiente, el 10 de julio, la Asamblea de Notables (órgano creado por el propio Forey tras tomar la ciudad), determino lo siguiente:

  1. La nación mexicana adoptaría la forma de Gobierno la Monarquía Moderada, hereditaria, con un príncipe católico,
  2. El soberano tomaría el título de emperador de México,
  3. La Corona Imperial se ofrecería al príncipe Fernando Maximiliano, Archiduque de Austria, para sí y sus descendientes,
  4. Que en el caso que por circunstancias de prever no llegase a tomar posesión del trono, la nación mexicana se remitiría a la benevolencia del emperador de los franceses para que le indicase otro príncipe católico.

Así, como hemos dicho, se allanó el camino para la formación del Segundo Imperio Mexicano, pues ese príncipe soberano católico lo encontraron en Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena, a la postre Maximiliano I de México.

#Efeméride: 15 de julio de 1799: Hallazgo de la Piedra Rosetta en Egipto

15 de julio de 1799

Hallazgo de la Piedra Rosetta en Egipto

El 15 de julio de 1799 recordamos un evento de la Historia Contemporánea que tuvo un impacto grandísimo en la comprensión del mundo antiguo, en específico de una de las culturas que más asombran hasta nuestros días: el Antiguo Egipto. Ese día, en la provincia egipcia de Rashid (conocida por los franceses como Rosetta), el cuerpo expedicionario francés conocido como la Comisión de las Ciencias y de las Artes, que acompañaba a la expedición napoleónica a Egipto, encontró la Piedra Rosetta.

La piedra Rosetta era un decreto escrito en las postrimerías del Antiguo Egipto y, aunque está incompleto, tiene un texto bastante largo que está escrito -y traducido- en 3 idiomas: egipcio antiguo (jeroglíficos), demótico y griego antiguo. Esto permitió poder comparar los tres idiomas y lograr por primera vez, la interpretación de los jeroglíficos griegos antiguos, lo que abrió el panorama de investigación de los egiptólogos como nunca antes.

Esta labor fue de hecho completada  en 1822 por el egiptólogo frances Jean-François Champollion, quien terminó de identificar los tres lenguajes presentes en la Piedra Rosetta y abrió el camino para que los lingüistas avanzaran en la interpretación de los tres, pero sobre todo de los jeroglíficos egipcios que eran un misterio pendiente.

El descubrimiento se da en el marco de la campaña napoleónica en Egipto, de 1798 a 1801, en donde se enfrentó a las fuerzas británicas y precisamente mientras el capitán francés Pierre-François Bouchard realizaba trabajos de excavación para reforzar la defensa, se descubrió la Piedra Rosetta. Napoléón de hecho era admirador del pasado egipcio y había instruido que su campaña la acompañaran egiptólogos y científicos destacados, que de inmediato identificaron la relevación del hallazgo.

Curiosamente, tras la derrota napoleónica en Alejandría en 1801, todos los hallazgos arqueológicos franceses fueron cedidos como parte de la rendición a los británicos, razón por la cual hoy la Piedra Rosetta es la principal pieza del Museo Británico.

 

Si quieres saber más de este relevante hallazgo, puedes consultar:

#Efeméride: 24 de junio de 1882: Natalicio de Juan Sarabia, escritor liberal y constitucionalista mexicano

24 de junio de 1882

Natalicio de Juan Sarabia, escritor liberal y constitucionalista mexicano

Hoy conmemoramos el natalicio de uno de los personajes más relevantes de la Revolución Mexicana, no tanto en su faceta militar o política, pero si en la ideológica, ya que sus ideas y escritos dieron forma a la oposición al régimen de Díaz y, finalmente, se tradujeron en muchos de los artículos de la Constitución de 1917 que recabaron las demandas sociales de la revolución.

Hablamos de Juan Sarabia Díaz de León, nacido el 24 de junio de 1882 en San Luis Potosí. Estudio derecho y muy joven encontró su vocación en el oficio de impresor, lo que le permitió acercarse a los periodistas liberales que empezaban a formar una oposición al régimen de Porfirio Díaz. Fue cercano colaborador desde entonces de los hermanos Flores Magón y participó junto a ellos en el Congreso Liberal de San Luis Potosí en 1901, así como en la creación de su periódico de combate Regeneración.

Desde entonces, tomo como propia la labor periodística: dirigió y publicó El Demócrata y en El Hijo del Ahuizote, y colaboró en El Porvenir, El Renacimiento y, por supuesto, Regeneración. Perseguido junto a los magonistas por su acción en contra del gobierno, huyó al exilio con ellos en 1904 y fue pieza fundamental en la creación del Partido Liberal Mexicano. De hecho, se considera a Sarabia el principal redactor del Programa del Partido Liberal Mexicano publicado en 1906 y que fue la base política e ideológica del movimiento liberal.

Sin embargo, durante su exilio, Sarabia se acercó a la postura moderada de Antonio Villarreal y con ello se distanció de la postura anarquista radical de Ricardo Flores Magón. Así, en 1911, junto a Villarreal, se sumó a la lucha maderista y de hecho fue diputado electo por San Luis Potosí hasta que en 1914, tras el golpe militar de Huerta y la disolución de la Cámara de Diputados, fue encarcelado y se exilió de nuevo en Estados Unidos.

Regreso en 1917 tras el triunfo carrancista y, aunque perdió las elecciones para ser gobernador de San Luis Potosí, pudo ser electo senador, cargo que ejerció brevemente hasta su muerte en 1920. Su legado, sin embargo, quedó plasmado además de en el Programa del Partido Liberal Mexicano y en muchos de sus escritos de combate, en los artículos con un contenido social más amplio de la Constitución de 1917.

#Efeméride: 17 de junio de 1789: Durante la Revolución Francesa, el Tercer Estado se proclama Asamblea Nacional

17 de junio de 1789

Durante la Revolución Francesa, el Tercer Estado se proclama Asamblea Nacional

Si bien la Toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789 se toma por consenso general como el inicio de la Revolución Francesa, por el gran simbolismo y violencia con que representa la caída del llamado Antiguo Régimen ante la lucha revolucionaria, no podemos pasar por alto el hecho que conmemoramos hoy y que sin lugar a dudas se considera el antecedente directo de la Toma de la Bastilla y, por tanto, de la Revolución Francesa o, más aún, de las llamadas revoluciones burguesas: la proclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional.

Para entender este suceso, expliquemos un poco los tres estados que componían la Francia de finales del siglo XVIII y muchos de los Estados Europeos. Como herencia de la Edad Media, existían tres estados que de alguna manera representaban a los sectores del pueblo francés: el clero o primer estado, la nobleza o segundo estado y el pueblo llano o tercer estado, a la sazón integrado mayormente por burgueses que ostentaban un gran poder económico pero estaban vetados del poder político por la prevalencia del primer y segundo estado.

Hacía 1789, Francia estaba sumida en una crisis económica insalvable, había hambre a niveles incontenibles y en contraste, una corona que ejercía su autoridad impositivamente y mantenía un nivel de vida suntuoso insostenible. Ante esto, y asesorado por sus ministros, el rey Luis XVI convoco la reunión de los Estados Generales, tal como se había hecho en 1614 y con el fin de que los tres sectores acordaran una solución a la grave situación.

Los tres estados (es decir, sus representantes) se reunieron el 5 de mayo de 1789 en Versalles y bien pronto empezaron las diferencias, sobre todo en el punto más relevante: como se harían las votaciones y que peso tendría cada voto. Ante el inicial desacuerdo entre los primeros dos estados, los diputados del tercer estado coordinados por Emmanuel-Joseph Sieyès lograron que una buena parte de los diputados de los otros estados se unieran a ellos, dando por resultado que el 17 de junio de 1789 ocuparan de facto los Estados Generales y se erigieran en Asamblea Nacional y representante directa del pueblo.

En respuesta, el rey ordenó cerrar la Asamblea y expulsar a los diputados del tercer estado, hecho que violentó la situación y desató la serie de acontecimientos que derivarìan en la Toma de la Bastilla y la Revolución Francesa, sólo un mes después.

Para saber más al respecto, te recomendamos leer:

#Efemerides: 15 de abril de 1865: Fallecimiento tras horas en coma de Abraham Lincoln

15 de abril de 1865

Fallecimiento tras horas en coma de Abraham Lincoln

El 15 de abril de 1865, después de poco más de 9 horas en estado de coma y pese a los esfuerzos de sus médicos por salvarle la vida, falleció Abraham Lincoln, a consecuencia del disparo en la cabeza que sufrió en un atentado el día anterior.

Lincoln era a la razón el decimosexto presidente de los Estados Unidos de América. Ocupaba el cargo desde el 4 de marzo de 1861, cuando ganó las elecciones por el Partido Republicano. De hecho, fue el segundo presidente que sufrió un atentado contra su vida (antes, en 1835, Andrew Jackson había sufrido uno) pero el primero que perdió la vida a raíz del mismo.

Abogado de profesión, Lincoln es quizá uno de los presidentes más famosos de la nación estadounidense, sobre todo por su papel durante el conflicto más delicado de su historia, la guerra civil conocida como Guerra de Secesión. De hecho, fue unas horas antes de su atentado que el ejército Confederado se rindió ante el ejército de la Unión, en lo que se considera la conclusión de la guerra en favor del bando de Lincoln.

Dicha victoria, entre otras cosas, permitió el fortalecimiento de la unión federal y la abolición de la esclavitud. Además, Lincoln es conocido por modernizar el país y fortalecer su economía a través de la expansión de los ferrocarriles y de la industria bancaria. Su gestión había sido exitosa y respaldada, al grado tal que ya había sido reelecto para un segundo periodo, lo que se vio frustrado por su asesinato en 1865.

El atentado fue perpetrado por John Wilkes Booth, miembro de una conspiración que simpatizaba con el ejército Confederado y que también buscaba asesinar al vicepresidente Andrew Johnson y con ello genera un caso político que favoreciera la causa. Sin embargo, el atentado contra Johnson se frustró y la conspiración no tuvo el impacto deseado y todos los partícipes (ocho en total) fueron condenados a la horca.

Booth tuvo éxito en asesinar al presidente Lincoln, al atacarle en el Teatro Ford en Washington, DC, al que el presidente había asistido con su esposa Mary Todd Lincoln, para presenciar la obra Our American Cousin. El conspirador le disparó por la espalda a Lincoln y huyo; el presidente fue asistido y trasladado, entrando en coma durante este proceso para finalmente morir horas después.

Para leer más sobre este hecho, te recomendamos visitar:

#Efemérides: 25 de marzo de 1807: El Parlamento Británico abole el tráfico de esclavos en su Imperio

25 de marzo de 1807

El Parlamento Británico abole el tráfico de esclavos en su Imperio

El día de hoy conmemoramos la abolición en el Reino Unido del tráfico de esclavos en los confines de su Imperio, un primer paso importante en la plena abolición de la esclavitud, que se dio tiempo después. Este primer avance en ese sentido se dio el 25 de marzo de 1807 cuando se promulgo el Acta del Comercio de Esclavos por parte del Parlamento del Reino Unido y que fue resultado de los trabajos del Comité para la Abolición del Comercio de Esclavos creado algunos años antes, concretamente en 1787.

Este comité, conformado mayormente por protestantes evangélicos que, influidos por las ideas de la ilustración y convencidos de que las leyes que permitían o protegían la esclavitud eran inmorales, encontró en William Wilberforce su principal promotor y quien se encargó de plantear ante el parlamento el proyecto abolicionista del comercio de esclavos en 1791 e insitió en él hasta que fue promulgado en 1807.

El Acta prohibia completamente el comercio de esclavos en los territorios posesión del Reino Unido, e imponía severas multas a los buques que empezaron con sanciones económicas hasta suspensiones y arrestos en virtud de que muchos de estos se negaban a acatar las nuevas disposiciones. Sin embargo, el gobierno británico fue sever en su imposición e incluso fue decisivo para influir en otras naciones europeas  y en Estados Unidos, para iniciar sus propias esfuerzos por regular o prohibir el esclavismo.

Si bien hay que decir que este primer hecho sólo abolía el comercio de esclavos y la esclavitud como tal seguía siendo legal, fue sólo una cuestion de tiempo para que ésta fuera tambien abolida, mediante el Acta de abolición de la esclavitud, promulgada en 1833.

Para leer más sobre este hecho y sor su principal promotor, William Wilberforce, puedes visitar:

#Efemérides: 13 de marzo de 1881: Asesinato del Zar Alejandro II en San Petersburgo

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En 1866 hubo un atentado contra la vida del zar en San Petersburgo, perpetrado por Dmitri Karakózov. El atentado se produjo en el Jardín de Verano, siendo salvado el zar por un hombre que apartó a tiempo el arma del terrorista, impidiendo así que el monarca recibiera herida alguna. Para conmemorar el haber salvado la vida, se construyeron un gran número de iglesias y capillas en muchas ciudades de Rusia.

En junio de 1867, durante la visita del Zar a Napoleón III en París, en el Bosque de Boulogne fue atacado con dos disparos fallidos por el obrero polaco Bergowski, nativo de Volhynia y refugiado en París debido al control del Zar en diversas regiones de Polonia.

En la mañana del 20 de abril de 1879, Alejandro II iba caminando hacia la Plaza de la Guardia Personal, cuando fue atacado por un estudiante llamado Aleksandr Soloviov. Tras ver un revólver en sus manos, el zar huyó. Soloviov disparó cinco veces, pero falló y fue condenado a muerte y ahorcado el 28 de mayo.

El estudiante actuó por su cuenta, pero otros revolucionarios estaban deseosos de asesinar a Alejandro. En diciembre de 1879, la Naródnaya Volia (en ruso Voluntad del pueblo), un grupo revolucionario radical que planeaba una revolución social, organizó una explosión en el ferrocarril de Livadia a Moscú, pero no alcanzaron al vagón del Zar. En la noche del 5 de febrero de 1880, el mismo conjunto revolucionario llevó a cabo un atentado en un salón del Palacio de Invierno, pero el zar volvió a salir ileso, aunque otras 67 personas resultaron muertas o heridas. El comedor también fue muy dañado.

Después del último intento de asesinato, Mijaíl Lorís-Mélikov fue nombrado jefe de la Suprema Comisión Ejecutiva y se le dieron poderes extraordinarios para luchar contra los revolucionarios. Las propuestas de Lorís-Mélikov reclamaban algún tipo de órgano parlamentario, y el emperador parecía estar de acuerdo, pero estos planes nunca fueron realizados, pues el 13 de marzo (1 de marzo según el antiguo calendario ruso) de 1881, Alejandro II fue víctima de un atentado.

Como había hecho cada domingo durante una veintena de años, el zar se dirigió al Cuartel de la Manege en San Petersburgo para revisar los regimientos de la Guardia de Infantería de Reserva y la Guardia Cazaminas. Viajaba en un carruaje cerrado acompañado de seis cosacos y con un séptimo a la izquierda del cochero. El transporte del zar era seguido por dos trineos que llevaban, entre otros, al jefe de la policía y al jefe de la guardia del zar. La ruta, como siempre, fue a través del Canal de Catalina y por el Puente Pévchesky, hacia la Catedral de San Isaac.

La calle estaba flanqueada por estrechas aceras a ambos lados. Un hombre joven de pequeña estatura, que llevaba un pesado abrigo negro, iba por la calle en dirección del transporte imperial. Llevaba un pequeño paquete blanco envuelto en un pañuelo. El joven era el revolucionario Nikolái Rysakov, quien arrojó una bomba al paso del carruaje.

La explosión mató a uno de los cosacos e hirió gravemente al conductor y a la gente que estaba en la acera, varios de gravedad, mientras que el carruaje sólo resultó dañado. El zar fue sacudido, pero resultó ileso. Rysakov fue capturado casi de inmediato. Dvorzhitsky, Jefe de la Policía, escuchó gritar a Rysakov a alguien de entre la multitud. Consciente de que había otro asesino cerca (incluso más de uno), instó al zar para que saliera de la zona. El zar Alejandro aceptó de inmediato, pero antes quería ver el lugar de la explosión. Completamente rodeado por los guardias y los cosacos, se acercó al agujero que había en la calle. Fue entonces cuando un hombre joven, Ignati Grinevitski, que estaba cerca del canal, levantó ambos brazos y tiró algo a los pies del zar. El jefe de policía Dvorzhitsky más tarde escribió:

Yo estaba ensordecido por la nueva explosión, quemado, herido y tirado al suelo. De repente, en medio del humo y la niebla, y cubierto de nieve, escuchaba la voz débil de Su Majestad que gritaba, «¡Ayuda!». Recopilé toda la fuerza que pude, me puse en pie y corrí hacia el zar. Su Majestad estaba medio de pie, medio sentado, apoyándose en su brazo derecho. Creyendo que estaba herido levemente, traté de levantarlo, pero sus piernas estaban destrozadas, y la sangre manaba de ellas. Veinte personas, con heridas de diverso grado, estaban sobre la acera y en la calle. Algunos estaban bien, otros se arrastraban, otros trataban de salir de debajo de cuerpos que habían caído sobre ellos. A través de la nieve, los cadáveres y la sangre se podían ver mezclados con las prendas de vestir, sables y sangrientos trozos de carne humana.

Más tarde se supo que había una tercera bomba entre la multitud. Un hombre llamado Iván Emelyánov estaba dispuesto a lanzar dicho explosivo, portando un maletín que contenía una bomba que sería utilizada en caso de que las otras dos bombas no lograsen el resultado esperado.

Alejandro fue llevado en trineo hasta el Palacio de Invierno, quedando un rastro de sangre entre el trayecto que va desde la escalera de mármol hasta su estudio, donde veinte años antes había firmado el Edicto de Emancipación de los siervos. El zar, con ambas piernas destrozadas, se estaba desangrando. Los miembros de la familia Románov se apresuraron a ir hasta la cama del moribundo. Uno de ellos fue el silencioso y sensible niño de trece años de edad, llamado Nicky, hijo mayor del zarévich Alejandro, quien sería Nicolás II de Rusia.

Antes de morir, el zar recibió la Comunión y la Extremaunción, pues ya estaba demasiado débil y entonces no era posible todavía realizar una transfusión de sangre. No había nada que se pudiera hacer, salvo esperar. Cuando se le preguntó cuánto tiempo se prolongaría la agonía del zar, el médico, Dr. S.P. Borkin, respondió, «unos quince minutos». A las 3:30 de ese día el zar Alejandro II dejó de respirar.

-Edri Alexander Crespo Jama

#Efemérides: 28 de enero de 1813: Publicación de Pride and Prejudice de Jane Austen, por T. Egerton en el Reino Unido

28 de enero de 1913

Publicación de Pride and Prejudice de Jane Austen, por T. Egerton en el Reino Unido

Este viernes conmemoramos una fecha hito en la literatura, cuyos impactos ciertamente llegan hasta nuestra época en más de un sentido: la publicación en el Reino Unido de la novela Pride and Prejudice (Orgullo y Prejuicio), la ópera prima de Jane Austen, una de las escrituras más destacadas de la literatura inglesa. Fue publicada en tres volúmenes por el editor Thomas Egerton, y fue escrita entre 1796 y 1797, y revisada por la autora entre 1810-1811 tras haber sido rechazada por un par de editores antes de Egerton.

Para sorpresa del padre de Jane, George Austen, quien vendió la novela incluso abaratándola tras su rechazo inicial, Orgullo y Prejuicio tuvo un impacto inmediato y en el mismo año en que se publicó tuvo dos ediciones más y su trascendencia no hizo más que aumentar con el paso de los años.

Dicen los que de literatura saben que en todo texto literario e imperativamente en el cuento y la novela, el primer capítulo y la primera frase deben ser contundentes. Pocas novelas cumplen esta condición tan bien como lo hace Orgullo y Prejuicio:

«Is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune must be in want of a wife»
(«Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero en posesión de una buena fortuna debe buscar esposa», en la traducción de Sergio Pitol)

Desde allí se resume el contexto y el argumento de la novela, y se asegura de atrapar al lector en como ha de resolverse. En efecto, Orgullo y Prejuicio es la historia de las Bennet, una familia rural de las afueras de Londres, integrada por 5 hijas «casaderas», es decir, en edad de desposarse y, por tanto, conforme a las costumbres de la época, de conseguir una posición social y económica a través del matrimonio. Más aún, porque sin herederos varones, sus propiedades se perderían por completo si ninguna de ellas se casaba con un hombre de buena posición.

La segunda hija de la familia Bennet, Elizabeth, es la protagonista, a través de una relación amorosa con Fitzwilliam Darcy, un hombre adinerado y de buena posición que se establece en el vecindario de la familia. Sin embargo, desde su primer encuentro ambos personajes se distancian, casi se aborrecen y la novela es la narración de como ese inicio amargo se transforma en lo que la primera línea anunciaba.

De hecho, la novela originalmente se llamaba First Impressions (Primeras Impresiones), sin embargo, Austen atinadamente cambió el nombre a Orgullo y Prejuicio, pues la novela resume como Darcy venció su orgullo inicial de no considerar a ninguna de las Bennet dignas de su posición hasta enamorarse perdidamente de una de ellas; y como Elizabeth venció su prejuicio hacía Darcy y los de su posición, tras una muy mala primera impresión que le dio Darcy al conocerse en un baile.

Con el paso de los años, la lectura ha dejado paso al análisis y nos ha permitido ver en Orgullo y Prejuicio, además de una prosa bien lograda que ha sumado lectores en todas las épocas y lugares, un retrato de la sociedad rural inglesa de entonces, una crítica a la ambición económica, los matrimonios arreglados y las clases sociales que prevalecían, y la creación de un personaje (Elizabeth Bennet) que ha cautivado a los lectores y ha sido un estandarte del feminismo hasta la fecha, tanto o incluso más que la autora, Jane Austen.

Si aún no lo has hecho, puedes leer Orgullo y Prejuicio, en línea, aquí:

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