Carlota, la mujer que conquistó a México. 

Cae la noche en el castillo Belga de Bouchout, por sus pasillos se pasea una mujer ya muy entrada en años, camina como apurada, como asustada, sin rumbo fijo ni motivo aparente. De pronto se detiene frente a uno de los muchos cuadros colgados en la pared. Por un momento su persona cambia, sus ojos desorbitados se centran fijamente en la imagen. Brevemente, un rayo de cordura inunda su cerebro. Frente a ella, imponente, se encuentra el retrato de Maximiliano de Habsburgo.

El Inicio

«Carlota de niña»

«Carlota de Niña» se titula el primer retrato realizado a la pequeña soberana.

María Carlota Amalia Victoria Clementina Leopoldina para ser más específicos, sería el nombre dado por sus padres; Leopoldo I de Bélgica y María Luisa de Orléans a la nueva princesa.

La condesa Reinach-Faussemagne la describiría como «una preciosa niña de apariencia despierta, de mirada asombrada e ingenua, la boca más pequeña que los ojos y de un dibujo muy puro».

De niña la princesa Carlota recibió un trato especial. Al ser la consentida de su padre fue educada de la misma manera que sus hermanos príncipes por lo que la princesa era una hábil conocedora de política, geografía, arte y el dominio de los idiomas, logrando hablar el francés, italiano, alemán, inglés y español.

Se podría decir que tuvo una infancia dorada de no ser por un hecho en específico, la muerte de su madre que ocurrió a sus escasos 10 años. La  princesa no tuvo tiempo para llorar su perdida, su actitud cambio de una alegre y vivaz niña a una mujer reservada y con un amplio sentido de responsabilidad, la muerte de su madre sería seguramente el primer golpe que afectaría el Psique de la emperatriz años más tarde.

De está forma la joven Carlota se refugio en los libros y la religión, pasando los años leyendo y educándose, hasta que un hecho, o más bien una persona cambiaría su vida.

El príncipe Azul

A sus 16 años Carlota se había convertido en lo que muchos llamarían una «joven mujer». Contrario a las costumbres de la época su padre Leopoldo no la obligó casarse, hecho que derivó en el rechazo de dos pretendientes: el rey Pedro V de Portugal y el príncipe Jorge de Sajonia. Parecía que no había en Europa un hombre digno del amor de Carlota hasta la llegada de un joven Austriaco a la corte Belga. Era el Archiduque Maximiliano de Habsburgo, el joven hermano del  Emperador Francisco José de Austria-Hungría, miembro de la poderosa familia de Habsburgo. El enamoramiento fue inmediato y los jóvenes soberanos contrajeron nupcias.

 

La aventura comienza.

Tras casarse la joven pareja tuvo varios cargos administrativos, siendo el de gobernadores de Lombardía y Venecia el cargo más significativo, no obstante, el dúo estaba inconforme con tener un cargo «menor» acentuándose esto tras la crisis Italiana de 1859, hecho que despojo a Austria de los territorios italianos y por consiguiente dejo a Maximiliano sin gobierno.

El matrimonio decidió retirarse a su famoso palacio de Miramar, lugar donde pasaron un corto periodo de paz, entre otras cosas, hasta la llegada de un curioso comité extranjero. Los «notables» como se hacían llamar, era una comisión de personajes mexicanos en contra del gobierno de Juárez, este comité buscaba solucionar la inestabilidad mexicana con la llegada de una nueva monarquía, el cargo fue ofrecido a Carlota y Maximiliano.

Los futuros emperadores quedaron asombrados desde un inicio, la idea de gobernar un país lejano, exótico y misterioso simplemente les maravillo. El Archiduque dio el primer paso. Carlota pronto acepto también el cargo. La suerte estaba echada, la aventura comenzaba.

La llegada al nuevo imperio.

Llegada a Veracruz

El 28 de mayo de 1864 los ahora emperadores tocaban tierra en el puerto de Veracruz, el recibimiento ciertamente no fue como esperaban.

Al ser la ciudad de Veracruz una ciudad típicamente liberal y al no haberse difundido entre la población la llegada de los nuevos emperadores la bienvenida fue realmente fría.

Tanto, que según se cuenta provocó en Carlota una profunda tristeza  por la cuál derramo lágrimas de frustración y  pena, sin embargo, el escenario cambiaría en otras ciudades dónde las recepciones fueron muy jubilosas y de gran algarabía, como podemos ver en Puebla ( en donde los emperadores fueron recibidos con el repique de las campanas y fuegos artificiales) y en la Ciudad de México. Además de esto comités de distintas partes de la nación (principalmente Indígenas) acudieron a los emperadores para solicitar audiencia y mostrar afecto y apoyo, el escenario como relata Carlota, cambio totalmente su perspectiva.

Los jóvenes Emperadores se dedicaron
a explorar el territorio de su nueva nación.  «un poblado interesante por sus monumentos, la pirámide antigua que ahí se encuentra es digna de ser vista … arriba del teocalli donde se llevaban a cabo los sacrificios humanos hay una capilla de la Virgen de los Remedios.» Escribiría Carlota sobre su visita a Cholula, lugar donde fueron recibidos con fiestas y coronas de flores por parte de la población indígena.

De hecho, se puede decir que fue especialmente este sector de la población quien mejor acepto a los Emperadores, en otras comunidades indígenas, como en la ciudad de San Juan del Río las autoridades y población demostraban un profundo cariño especialmente a la emperatriz, en 1864 las autoridades de San Juan del Río propusieron nombrar a la emperatriz Carlota como patrona y protectora de la ciudad.

Una parte de los honores rendidos a la emperatriz dictan:

«Señora, la ciudad de San Juan del Río nos ha dispensado el honor singular

de enviarnos ante la augusta presencia de V.M.I para ofrecerle este humilde
obsequio y juntamente los sentimientos que abundan los corazones que os
lo dedican»

A pesar de los pomposos honores la emperatriz rechazo el ofrecimiento, ya que en sus propias palabras «no se hacía merecedora de tantos honores por parte de la ciudad; acababa de llegar a suelo mexicano y no habría hecho nada para
merecerlo».

Carlota se esforzó ávidamente por encajar con las costumbres mexicanas, prueba de ello es el uso extendido que le dio al rebosó, prenda de uso común entre la población indígena, que ella adapto a su vestimenta.

Otro hecho remarcable es el de escribir México con X, a la usanza nacional, en vez de escribir «Méjico» como en Europa se acostumbraba, logrando así una mayor identificación con su pueblo.

El fin de un cuento.

A pesar de los esfuerzos realistas el Imperio mexicano parecía cada vez mas pérdido, el comité de conservadores, mismo que los había apoyado, retiró toda su ayuda al ver las medidas progresistas de Maximiliano.

Por otra parte las fuerzas republicanas cada vez amenazaban más la existencia del imperio, este riesgo solo incremento cuando ante el costoso precio que significaba para Napoleón mantener el ejército Imperial y la amenaza de una guerra con Alemania el ejército francés se retiró de México.

Fusilamiento de Maximiliano
Fusilamiento de Maximiliano

Las condiciones eran malas y Carlota lo sabía, no obstante, obligó a su esposo a no abandonar el cargo «pues desertar es para viejos e ineptos y no para un joven Emperador» diría la emperatriz. Carlota emprendió entonces un viaje a Europa para intentar que Napoleón lll devolviera el apoyo, sin éxito, la emperatriz empezó a tener problemas de locura, apenas era una señal de lo que vendría.

Larga vida a la emperatriz

Sin resultados ante el emperador Napoleón lll Carlota decidió visitar al Papa Pío lX, sin saber que en ese momento su esposo ya había sido capturado y condenado a muerte.

La visita ante el Papa fue catastrófica, en la reunión Carlota sufrió un ataque de nervios, negándose a comer alimento por miedo a ser envenenada y manteniéndose cerca del Papa pues solo así se sentía segura.

Su situación empeoró aún más, a tal punto que sus familiares tuvieron que llevársela. Para estos momentos Carlota ya no tenía razonamiento alguno.

Tras algunas semanas su situación física mejoro, pero mentalmente seguía igual. Los doctores le diagnosticaron locura, saber de la muerte de Maximiliano no ayudo.

Tras varios años la emperatriz sin reino fue internada en el palacio de Bouchout, en Bélgica, lugar donde pasaría sus últimos días hablando con fantasmas del pasado, escribiendo cartas a Napoleón lll y realizando fiestas con invitados inexistentes.

Fue el 19 de enero de 1927, a sus 87 años de edad cuando Carlota Amalia suspiró su último aliento, en su lecho de muerte. Tal vez con un pequeño momento de cordura, dedico sus palabras finales al amor de su vida.

«Recordadle al universo al hermoso extranjero de cabellos rubios. Dios quiera que se nos recuerde con tristeza pero sin odio».

La vida de Carlota hace mucho que se fue pero sus actos siempre serán recordados por aquellos que vieron en ella algo más que una emperatriz extranjera.

– Zarco

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¿Cuántos hombres se necesitan para defender a Francia? El mito de la cobardía francesa.

«La polemología y la historia, unidas por pacto de sangre»  

Tulipomanía la enfermedad Holandesa que infectó a México.

 

CUBA Y PUERTO RICO EN LA MIRA DE COLOMBIA, ESTADOS UNIDOS Y MÉXICO

Un suceso poco conocido

El 28 de septiembre de 1831, el gobierno mexicano se dio por satisfecho de la aclaración que el gobierno colombiano le había hecho, también el día 28 pero de enero de ese mismo año, con respecto a que no estaba en condiciones de ayudar a México en el proyecto de independizar a Cuba y a Puerto Rico que ambos gobiernos habían acordado y habían plasmado en un convenio el 17 de marzo de 1826, bajo el título de «Plan de Operaciones para la Escuadra Combinada de México y Colombia»

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Con dicho comunicado se ponía fin al sainete diplomático que, desde la independencia de los Estados Unidos, se empezó a armar  y que, pasando los años involucraría a España, México, Colombia y los Estados Unidos. “Sainete diplomático” es el mejor nombre ya que no llegó a materializarse para ninguno de los interesados, salvo, en cierta manera, para los estadounidenses quienes, momentáneamente, aseguraron sus ambiciones sobre estas islas caribeñas.

El plan tenía lógica. Después de las derrotas españolas en el continente americano, había un ejército considerable en Cuba,  y España no aceptaba la independencia de sus colonias. Así, La Gran Colombia y México se sentían amenazados de un intento de reconquista –lo que no estaba fuera de lugar, demostrándose posteriormente, en septiembre de 1829 con el frustrado intento del brigadier Isidro Barradas, en las costas de Tampico, quien fue derrotado por el general Antonio López de Santa Anna- que la Madre Patria manifestaba a los cuatro vientos. Si estas dos nuevas naciones lograban conquistar Cuba y Puerto Rico, se mandaría al ejército español  de regreso a la península ibérica, eliminando el riesgo. Por otra parte, dicha acción traería beneficios territoriales ya que las dos islas pudieran ser parte de cualquiera de los presuntos invasores. Si estos planes anexionistas no se lograban, quedaba el logro de tener dos nuevas naciones independizadas, seguramente amigas.

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A quien no le gustaba nada esa jugada era a los Estados Unidos. Recién independizados, sus líderes habían manifestado su interés en apropiarse de estas islas. Razones comerciales, como el mercado del azúcar  avalaban el interés,  pero también razones de tipo geopolítico. La ubicación de dichas islas  representa beneficios estratégicos obvios. El 27 de enero de 1786  Tomás Jefferson escribía una carta a su amigo y colega Archibald Stuart  en la que decía que el interés de esta nueva nación   debería centrarse en irse quedando con lo que España fuese perdiendo de sus colonias en América. El objetivo: Cuba y Texas.

La independencia de Cuba, implicaba la posibilidad de que como nación libre no pudiera ser absorbida por el nuevo imperio  y , al quedar como parte, ya fuera de México o de Colombia, dificultaría sus planes. El 30 de octubre de 1810, el presidente James Madison le escribía al ministro estadounidense ante Gran Bretaña, William Pinkney, que el interés sobre Cuba era de tal importancia que no podía permitirse que pasara a ninguna otra potencia.

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James Madison

Cuba comenzaba con su intranquilidad social. Entre 1810 y 1812, Román de la Luz y el negro liberto José Antonio Aponte llevarían a cabo unos primeros intentos de independencia muy mal organizados y que fracasaron.

Agustín de Iturbide, ya en el México independiente, le escribe una carta al Arzobispo de Guatemala, el 10 de octubre de 1821,  participándole del interés que su gobierno tenía sobre Cuba. Un año después el ministro de Relaciones Exteriores de Colombia  Pedro Gual, gira órdenes de que se firme un tratada de cooperación ofensiva entre México y Colombia contra España. Obviamente todo esto era del conocimiento tanto de las autoridades españolas en Madrid y en Cuba, al igual que las autoridades estadounidenses. En efecto,  el 20 de noviembre de 1822, John Forsyth ministro de Estados Unidos ante Gran Bretaña le informaba al presidente John Adams que era muy posible que Colombia y México trataran de invadir Cuba y Puerto Rico. Por si fuera poco, en la Gaceta -periódico mexicano- del 27 de Noviembre  de 1822, se decía que España había concluido un tratado, cediendo la isla de Cuba a Francia, por su apoyo en la empresa que la Santa Alianza se había echado a cuestas para regresar a la América Española a su vasallaje. En 1821 hubo otro intento fallido de independencia cubana bajo el liderazgo de Francisco Lemus. En 1822, Puerto Rico tuvo injerencias haitianas  que los motivaban a la independencia.

La preocupación en Estados Unidos fue creciendo. El 11 de Junio de 1823, Tomás Jefferson, quien no perdía de vista su objetivo, le escribe al Presidente James Monroe de  las ventajas que se lograrían si se consiguiese que Gran Bretaña, apoyara el mantenimiento de la dependencia de Cuba hacia España y solo hacia ella, oponiéndose a cualquier intento de independencia o anexión a otro país de la isla. Ese mismo año el 30 de junio, Monroe le contesta a Jefferson, diciéndole que el participaba de la idea de que Cuba perteneciera a la Unión Americana, pero que esperaba actuar, en el momento oportuno.

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James Monroe

Por su parte Lucas Alamán, ministro de Relaciones Exteriores de México y Miguel de Santa María, embajador de Colombia en nuestro país, firmaban el 3 de octubre  un tratado de confederación ofensiva y defensiva contra España.

Todo esto se mantuvo durante la presidencia de Guadalupe Victoria, quien el 28 de agosto de 1824 le escribió a Anastasio Torrens, ministro mexicano en Colombia, diciéndole  que el representante británico en México, Patrick Mackie, no veía con malos ojos el que Cuba se independizara, o que pasara a ser parte de México. Ya en 1825, el 27 de abril, el nuevo secretario de Estado estadounidense,  Henry Clay, instruyó a su embajador ante la corte española para que gestionara la paz entre la metrópoli y sus antiguas colonias, no fuera a ser que aquella perdiera Cuba y Puerto Rico como el resto del continente. Asimismo, Clay, el 10 de mayo, instruía a John Middleton,  ministro estadounidense en Rusia a que consiguiera que el Zar influyera en la corte española para lo mismo: lograr la paz entre España y sus antiguas colonias. Todo para no perder la posibilidad de quedarse, en el momento oportuno, con Cuba.

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Lucas Alamán

Estando todavía la fortaleza de San Juan de Ulúa en manos españolas, Pedro Gual y Anastasio Torrens firman, el 19 de agosto, en Colombia un convenio de acción conjunta para hostilizar a los españoles en ese reducto. Esto quedó sin efecto al recuperar México esa fortaleza el 18 de noviembre siguiente, con la rendición de la guarnición española.

El 20 de diciembre Henry Clay le escribió una nota, que no podemos calificar más que de amenaza al Ministro de Relaciones Exteriores mexicano, Sebastián Camacho, en la que le decía que no debería México de seguir adelante con los planes de invasión a Cuba porque le atraería graves consecuencias. No obstante todas estas acciones, inexplicablemente Simón Bolívar rescindió el 24 de noviembre de 1827 el convenio que se tenía con México de ayuda mutua contra España.

Se sabe que el 8 de diciembre de 1827,el gobierno mexicano, sin ayuda colombiana, dio la orden de salida a dicha expedición desde el puerto de Veracruz, misma que consistió en unos cuantos lanchones que realizaron algunas acciones de hostigamiento en la costa sur de Cuba y que, sin ningún resultado importante, regresaron el 10 de diciembre a territorio mexicano. Y ese es el fin de la cronología de los hechos.

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La realidad es que ni México ni Colombia tuvieron en ningún momento recursos para llevar a cabo dicha invasión. Claro, esto no lo sabía nadie; ni ellos mismos. México confiaba en realizarla con los recursos de Colombia y esta pensaba lo propio de México. Por otro lado mantuvieron objetivos diferentes;  Simón Bolívar usó esta expedición como un “bluff” para lograr el reconocimiento de parte de España, México, por su parte mantuvo dos visiones, la del presidente Victoria, quien de manera humanista buscaba contribuir con la independencia de Cuba y la visión de los anexionistas como Lucas Alamán, que consideraban que por ventajas geográficas y razones históricas, Cuba debía pertenecer a México. Los Estados Unidos estuvieron preocupados por una fantasía creada por sus vecinos del sur del continente quienes no pudieron materializar nunca esos sueños. Cuba y Puerto Rico permanecieron españolas hasta la guerra hispano-estadounidense de 1898 y, salvo el intento de Barradas, no hubo intentos serios de reconquista.

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Guerra EUA-España 1898

                                                                                             Dr. Mariano García Martínez

                                            descarga (4)                                                  13 de julio de 2020.

Este artículo está basado, con adecuaciones y correcciones recientes,  en la tesis de licenciatura del autor: García Martínez, Mariano. Intento de independencia del Caribe 1821-1831. México, Colombia y Estados Unidos confrontados por Cuba y Puerto Rico. México, ENAH, 1999.

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2 de julio de 1915. Muere el ex presidente de México, General Porfi­rio Díaz, en París, Francia.[1]

La Tumba de Don Porfirio Díaz

[2]

Un día como hoy, pero de 1915, el octogenario ex presidente de México, General Porfirio Díaz, exhalaba su último aliento en París, Francia, en un exilio no deseado, alejado de su patria y nostálgico por su tierra. [3]

Nacido un 15 de septiembre de 1830, fue sin duda un parteaguas para la Historia nacional, pues estuvo involucrado activamente en la defensa de la República liberal contra el Imperio de Maximiliano de Habsburgo. Su relevancia es tal, que una etapa completa de nuestro devenir histórico está definida por su figura.[4] El Porfiriato, sucedido de 1877 a 1880 y de 1884 a 1911, cambió totalmente el panorama de México, pues se ingresó al país a una auténtica etapa de desarrollo industrial, hubo superávit financiero, construcción de ferrocarriles, estabilidad, paz, orden y progreso, como lo profesaba el mandatario.

No obstante, no se debe minimizar lo que podría considerarse como una serie de graves atropellos a diversos sectores de la población, sobre todo de origen indígena y de bajos recursos, a quienes se les etiquetaba como “ladrones por cuestión genética”[5]; lo que resultó en una gran diferenciación social, pese a los esfuerzos de mejorar la instrucción pública.[6] De hecho, la cuestión de la criminalidad parecía, según la apreciación de la época, algo particular de las clases bajas de la sociedad. Menciona Elisa Speckman que “[…]gran parte de los criminales provenían de sectores que contaban con bajos recursos económicos, lo cual no resulta extraño si pensamos que ese sector constituía la mayoría de la población.”[7]

A pesar de ello, es menester señalar la apreciación que se tenía del titular del Ejecutivo en su época. Menciona Emilio Rabasa que “[…] la opinión pública apoyó vigorosamente al gran constructor de la nación, por más que el absolutismo la impacientara.”[8] La muestra más fehaciente de ello fue la defensa que hizo Francisco Bulnes de la reelección de Díaz, donde mencionó que “El buen dictador es un animal tan raro que la nación que posee uno debe prolongarle no sólo el poder, sino la vida”[9]

Empero, el pasado no se juzga y los sucesos se deben analizar en su contexto, Así, podemos enunciar el conocido apego –nominal- del dictador a la Constitución de 1857, la simulación democrática y el establecimiento de un Congreso a modo, como los principales factores de legalidad y legitimidad de su régimen, las cuales, imbricadamente, pocas veces se han conseguido en la convulsa historia de nuestro país. Tal vez la máxima expresión de esto, se mostró en el momento de presentar su renuncia ante los legisladores de la nación el 25 de mayo de 1911:

La renuncia contiene estas graves palabras: «Espero… que calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional un juicio correcto que me permita morir llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré a mis compatriotas».[10]

Su exilio inició a la brevedad. “La madrugada del 26 de mayo, la familia Díaz partió al exilio. El militar de confianza para acompañarla durante el trayecto en el tren a Veracruz fue el general Victoriano Huerta, lo que era un reconocimiento a su lealtad.”[11] El 31 del mismo mes, partió a bordo del barco Ypiranga desde el puerto de Veracruz con destino al Viejo Mundo. En 1915 empezó a desmejorar su salud, siendo detectada arterioesclerosis múltiple como el mal que le aquejaba. “Por otra parte, su lucidez mental se fue limitando a un hecho monotemático: la añoranza de México.”[12] Sus últimos días la pasó al lado de sus familiares.

De acuerdo con sus familiares, el día 29 de junio recibió la extremaunción y fue la tarde del 2 de julio que falleció. Fue sepultado en la Iglesia de Saint Honoré l’Eylau, con la intención de que su cadáver embalsamado fuera traído a México, pero dada la negativa, en 1921 sus restos fueron trasladados al cementerio parisino de Montparnasse, donde aún permanecen [13]

Aunque se ha intentado cumplir sus últimos deseos y traer sus restos de vuelta al país, esto no se ha concretado, no obstante el empuje de esta iniciativa en el contexto del Centenario luctuoso del personaje. Resulta necesario seguir analizando al personaje y su contexto, así como a los procesos históricos que giraron en torno a su figura, para comprender los diferentes matices de la realidad y el momento del sujeto histórico.


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Extraído de: https://bit.ly/2NhTMJT

[3] Tomás F. Arias Castro. Los últimos días de Don Porfirio. En Relatos e Historias en México. Año VIII. 84. septiembre de 2015. P. 78.

[4] Luis A. Salmerón. “Muere Porfirio Díaz. 2 de julio de 1915.” En Relatos e Historias en México. Año V. 59. Julio 2013. P. 89

[5] Elisa Speckman. Crimen y Castigo: legislación penal, interpretaciones de la criminalidad y administración de la justicia, Ciudad de México, 1872-1910. México: El Colegio de México. UNAM. 1992. P. 92. 357 p.

[6] Luis González y González. “El liberalismo triunfante” en Cosío Villegas, Daniel, et. Al. Historia General de México. Versión 2000. México: El colegio de México, 2008. P. 660. 1103 p.

[7] Ibídem, p. 93.

[8] Emilio Rabasa. La evolución histórica de México. 4° edición. México: Coordinación de Humanidades UNAM, Grupo Editorial Miguel Ángel Porrúa, 1986. P. 159. 361 p. Biblioteca Mexicana de escritos políticos.

[9] Enrique Krauze. Siglo de los caudillos. Biografía Política de México. (1810-1910). México: Tusquets editores. 2009, ´ p. 306. 347 p. Colección Maxi Tusquets.

[10] ­­­­­­­­­_____________. Vindicación de Porfirio Díaz en: Letras Libres. 7 de julio de 2015. [Consultado el 2 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2lP71VT ]

[11] Pedro Siller. Huerta en defensa del gobierno de Porfirio Díaz. En Relatos e Historias en México. Año VIII. 92. abril de 2016. P. 47.

[12] Arias Castro, Óp. Cit., p. 78.

[13] Leticia Sánchez Medel. “El viaje de Porfirio Díaz al exilio, cortesía del ‘Ypiranga’”. En Milenio. 30 de junio de 2015. [consultado el 2 de julio de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2KKNf8U ]

2 de junio de 1853. Muerte de Lucas Alamán.[1]

El baluarte conservador de los primeros años del México independiente.

Don Lucas Alamán, un personaje muy importante de México.
Don Lucas Alamán

[2]

Conservador, político, emprendedor, diputado, historiador, ministro de Estado, todo eso fue Lucas Alamán y Escalada. Nació el 18 de octubre de 1792 en Guanajuato, Guanajuato[3] , en una familia acomodada de la región, donde vivió sin mayores pormenores hasta el año de 1810; en este lugar, su familia fue afectada por el movimiento insurgente del cura Hidalgo[4], iniciando un éxodo y provocando, a posteriori, que al momento de escribir su relato acerca del proceso independentista, no lo hiciera con total imparcialidad.[5]

Su carrera política inició en 1821 como diputado a las Cortes en España por Guanajuato, recibiendo la noticia de la independencia del Imperio Mexicano en la Península y empezando a ocupar distintos puestos públicos para la naciente nación, que serían una constante a lo largo de su vida. Posteriormente y ya en México. ocupó el ministerio de Relaciones Exteriores en 1829 con el presidente Anastasio Bustamante, buscando una conciliación con el Vaticano y los distintos Estados de la Federación que apoyaban a Vicente Guerrero, sin atacar la organización estructural gubernamental ni la Constitución.[6]

Una de las visiones de Alamán era ordenar la hacienda pública, así como las milicias, pues “ […]se habían convertido en la ‘escala de las pasiones’ y fomentaban las discordias civiles.[7] A la par de estas acciones, fundó el Banco de El Avío en 1830[8], para financiar proyectos con fines industriales, pero no pudo lograr su objetivo y cerró sus puertas en 1842[9]. Durante la década de 1840 se dedicó a escribir textos históricos, tales como Disertaciones sobre la Historia de la República Mexicana[10] e Historia de México[11], donde se mostró duramente crítico a los movimientos de independencia. Pero como menciona Guillermina del Valle, no fue el único que lo hizo, pues sus coetáneos lo hicieron de igual modo. Incluso asevera que:

José María Luis Mora, considerado “el vocero liberal más sobresaliente de su generación» y cuyo mérito se reconoce hasta nuestros días, juzgó acremente a Miguel Hidalgo por la violencia y el saqueo provocado por Ia revuelta que encabezó. Mora aseguraba que el iniciador del movimiento de independencia obraba con » Iigereza», por lo que «no sabía ni lo que había de hacer al día siguiente, y mucho menos se ocupaba de la clase de gobierno que debería establecerse después del triunfo para regir la nueva nación».[12]

Tras sus disertaciones historiográficas, Lucas Alamán buscó restablecer en 1852 un gobierno con fuerza, del tipo dictatorial y que lo hizo saber en su texto Historia de México, pero tuvo que recurrir a la siempre polémica e impredecible figura de Antonio López de Santa Anna, pues era el único capaz de controlar al Ejército y con cierta capacidad de cohesión. En 1853, le escribió una carta exponiéndole el plan de gobierno conservador:

[…]contar con el clero y con la clase propietaria, ‘parte abreviada de la nación’ interesada en el orden y bienestar del país; afirmación exclusiva de la religión católica, único lazo de unión; desechar principios que habían traído la división, consecuentemente, nada de Federación ni de elecciones, así fueran las de los ayuntamientos. Excluía Congreso y cuerpos representativos; el orden político dependía del Poder Ejecutivo organizado en cinco secretarías y un Consejo de Estado.[13]

Aunque la idea original era que Alamán controlara al Caudillo, como titular de la Secretaría de Relaciones, , esto no se pudo llevar a cabo debido a la súbita muerte del ideólogo conservador el 2 de junio de 1853 por una afección respiratoria[14]

Si bien fue una figura contraria a lo que se nombra liberalismo en el aspecto político, esto no es motivo para que se cuestionen sus aportes no solo a la Historia de nuestro país, sino sus intenciones de sacar avante a una joven nación que tuvo graves conflictos en casi todos los aspectos durante sus primeros años. Empero, su persona se ha ido resarciendo en el panteón histórico nacional. Como señala la anteriormente mencionada Guillermina del Valle.

Las críticas a la figura histórica de Alamán tienen su origen en una concepción tradicionalista que concibe a la historia política de las primeras décadas de vida independiente como una lucha entre «liberales» y «conservadores». Tal esquema ideol6gico carece de objetividad y oculta los puntos de coincidencia entre quienes representaban ambas tendencias. Se ha negado reconocimiento a la obra de Lucas Alamán porque ha sido juzgada a la luz de los valores del liberalismo doctrinario y del nacionalismo revolucionario, enfoques que han distorsionado la interpretación del pasado con valores presentes y han hecho abstracción de la circunstancia hist6rica en que vivió Alamán


[1] Escrito por Ricardo Rodríguez.

[2] Extraído de: https://bit.ly/2AQ3d0F

[3] Presidencia de la República. “Lucas Alamán.” [Consultado el 31 de mayo de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2Jo6uaU ]

[4] González Navarro, Moisés. El pensamiento político de Lucas Alamán. México: FCE. 1952. P. 12

[5] Ibídem, p. 12.

[6] Aguilar, José Antonio. “Lucas Alamán y la Constitución.” En Isonomía. No. 33. Centro de Investigación y Docencias Económicas. P. 85

[7] Serrano, José Antonio y Zoraida, Josefina. “El nuevo orden. 1821-1848.” En Velásquez, Érick. Et. Al. Nueva Historia General de México. México: El Colegio de México. 2010. P. 418

[8] Potash, Robert A. “La fundación del Banco de Avío.” Historia Mexicana, [S.l.], v. 3, n. 2, p. 261-278, oct. 1953. [consultado el 31 de mayo de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2LQsuJS ]

[9] Murillo, Nohelia.” ¿Qué es el Banco del Avío? Características más importantes.” En Lifeder. [Consultado el 31 de mayo de 2018. Disponible en https://bit.ly/2kHB1m4 ]

[10] Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. [Consultado el 31 de mayo de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2szA16G ] Se puede consultar la obra en PDF

[11] Bicentenario. [Consultado el 31 de mayo de 2018. Disponible en: https://bit.ly/2LOHXd6 ] Se puede consultar la obra en Flash Player.

[12] Del Valle, Guillermina. Lucas Alamán. Un hombre en una época de transición. En Secuencia. 28. 1994. Instituto Mora. Pp. 31-32

[13] Lira, Andrés y Staples, Anne. “Del desastre a la reconstrucción republicana. 1848-1876” en Velásquez, Érik. Óp. Cit. P. 447

[14] Ibídem. P. 447